Las mujeres en el narcotráfico están invisibilizadas pero son la “columna vertebral” de muchas organizaciones

Tres investigadoras que han estudiado la presencia de mujeres en el crimen organizado comparten que la presencia de ellas es mucho más fuerte de lo que se piensa, pero que los policías hombres no logran verlas porque no le dan el valor que tienen

Compartir
Compartir articulo
María Dolores Estévez Zulueta, conocida como Lola la Chata, fue una narcotráficante mexicana de la década de 1930
María Dolores Estévez Zulueta, conocida como Lola la Chata, fue una narcotráficante mexicana de la década de 1930

(Washington, Estados Unidos) La idea de que las mujeres que trabajan en el crimen organizado y el tráfico de drogas son personas que han sido “arrastradas” hasta ese lugar por los líderes de la organización “subestimala capacidad que llegan a tener, aseguraron tres expertas que han investigado desde diferentes disciplinas el rol de las mujeres en el narcotráfico.

La historiadora Elaine Carey, la académica y politóloga Felia Allum y la periodista Deborah Bonello comparten el diagnóstico: las mujeres a lo largo de la historia han tenido un peso fundamental en muchísimas estructuras del crimen organizado, pero sin embargo han sabido pasar absolutamente desapercibidas. Muchas de ellas son la “columna vertebral” de fuertes organizaciones, pero a los hombres que investigan el narcotráfico les cuesta verlas, aseguran.

Bonello es editora en Vice y lleva casi 20 años como periodista informando sobre narcotráfico en América Latina y, según cuenta, siempre le sorprendió cómo las mujeres aparecen en las historias principalmente como parte de los intereses “románticos o sexuales” o como víctimas que están captadas por el jefe de la organización. Eso, según la periodista que recientemente escribió un libro titulado “Narcas”, es falso en muchísimos casos.

Bonello, junto Carey y Allum, todas especializadas en el área, debatieron sobre el rol de las mujeres en las organizaciones criminales organizado por Brooking Institute. “Si seguimos viendo a las mujeres simplemente a través del lente de ser víctimas o cooptadas o arrastradas a redes criminales organizadas con un arma en la cabeza, no solo es profundamente condescendiente, sino que en realidad ignora su importancia en términos de sus decisiones”, dijo Bonello.

La presencia de mujeres en el narcotráfico es histórica. En la foto se ven Sandra Ávila Beltrán, conocida como “La reina del Pacífico”, Leticia Rodríguez Lara, “La reina de la Riviera Maya”; Claudia Ochoa Félix, “La emperatriz de los Ántrax", Enedina Arellano Félix, “La narcomami” o “La jefa”; María Dolores Estévez Zuleta; Ana María Félix, “La doña” y Margarita Calderón Ojeda, “La china”, entre otras (Foto: Steve Allen)
La presencia de mujeres en el narcotráfico es histórica. En la foto se ven Sandra Ávila Beltrán, conocida como “La reina del Pacífico”, Leticia Rodríguez Lara, “La reina de la Riviera Maya”; Claudia Ochoa Félix, “La emperatriz de los Ántrax", Enedina Arellano Félix, “La narcomami” o “La jefa”; María Dolores Estévez Zuleta; Ana María Félix, “La doña” y Margarita Calderón Ojeda, “La china”, entre otras (Foto: Steve Allen)

Según la historiadora Carey, “las mujeres han estado involucradas activamente en el crimen organizado desde que estas actividades surgieron”. Ella comenzó a estudiar y a indagar en el tema luego de vivir mucho tiempo en México y ver cómo las mujeres dominan el mercado callejero de venta de todo tipo de cosas, pero le resultaba raro que en la venta de drogas no estuvieran presentes.

Según cuenta, simplemente con empezar a hacer las preguntas correctas empezó a darse cuenta de que la presencia de las mujeres estaba allí, “Están escondidas a plena vista. Hay mujeres involucradas en la realización de envíos, algo similar a lo que técnicamente serían franquicias, ya desde el final de la adolescencia y a sus 20 años. Han sido mulas, contrabandistas, distribuidoras, gerentes de logística, gerentes de distribución, genios financieros, blanqueadoras de dinero. Y también jefes. Su papel es tan complejo dentro de las organizaciones como las de cualquier hombre”, dijo la historiadora. Según Carey, “permanecen invisibles porque nadie pregunta por ellas”.

Para Allum, que ha estudiado el tema desde la sociología y la ciencia política, es necesario “formular nuevas preguntas para visibilizarlas”. Tradicionalmente se ha investigado el fenómeno sólo desde una “perspectiva masculina” que mantiene a las mujeres como “actrices secundarias”. Pero si se cambia la óptica, sostiene Allum, se las puede ver “en todas partes: como jefas, sicarias, lavadoras de dinero, tan capaces como cualquier hombre”.

Ejemplos concretos

Allum es británica pero como académica ganó una beca que le permitió estudiar durante mucho tiempo a organizaciones criminales en Francia, Reino Unido e Italia. Allí no solo pasó mucho tiempo analizando mafias italianas, carteles internos británicos y organizaciones nigerianas y albanesas que operan en esos territorios, sino también entrevistando a los integrantes de esas bandas para entender su funcionamiento.

“Lo que me llamó la atención de inmediato fue que en las narrativas que teníamos, ya fueran informes policiales o artículos periodísticos, es que las mujeres eran presentadas como víctimas y sin capacidad de acción propia. Estaban subordinadas a los hombres, no podían pensar por sí mismas y estaban completamente fuera de escena”, dijo Allum. Las mujeres, dijo, siempre aparecían como una “nota al pie” de las historias criminales. Así fue que empezó a entrevistar a mujeres y descubrió una realidad distinta. Por ejemplo, pudo hablar con seis mujeres que integran la mafia italiana Camorra y al hacerlo encontró una fuerte disociación entre todo el marco teórico que había estudiado, que estaba bajo esa idea de mujeres oprimidas o arrastradas al crimen.

“Quedé realmente perpleja hasta cierto punto, porque los datos que estaba mirando, las mujeres con las que estaba hablando, eran diferentes. En otras palabras, eran inteligentes, brillantes y sabían lo que hacían”, agregó la investigadora.

Aseguró que esa idea del “techo de cristal” no lo encontró para nada en las organizaciones que estudió y, al igual que sus colegas encontró mujeres en todos los ámbitos de la cadena.

"Lola la Chata" creó un imperio de drogas en México entre 1930 y 1950
"Lola la Chata" creó un imperio de drogas en México entre 1930 y 1950

Carey, por su parte, repasó varios casos históricos de mujeres muy influyentes en organizaciones criminales. Uno de ellos es el caso de la mexicana María Dolores Estévez Zuleta, conocida también como “Lola la Chata”.

“Operaba antes de la era moderna, comenzó a vender drogas cuando tenía poco más de 20 años. Era jefa”, dijo Carey. Estévez operó durante las décadas de 1930 y 1950. “Su madre era una vendedora ambulante que vendía chicarrones y café, pero luego ella se diversificó para vender morfina y marihuana”, contó la historiadora. Empezó como mula, luego terminó en el norte de México, cerca de la frontera estadounidense y junto a una ex pareja comienza a entender el tráfico transnacional. Luego regresó a la Ciudad de México y se instaló allí donde maneja tanto negocios legítimos como ilícitos. Su nueva pareja fue un ex policía, con quien mantuvo organizaciones paralelas, además de trabajar en conjunto.

Otro caso mexicano, citado por la historiadora, fue el de Ignacia Jasso, conocida como “La Nacha”. Ella “tenía una sociedad perfecta con su esposo Pablo González. A él lo matan, pero es ella la que había introducido y había expandido la producción de amapola. Estaba involucrada en la producción, procesamiento, transporte, distribución y venta”, dijo Carey sobre esta organización que empezó en los años 20, pero que luego a través de otros miembros de la familia -hijos y nietos- estuvo en funcionamiento hasta los años 80.

Ignacia Jasso, conocida como “La Nacha”
Ignacia Jasso, conocida como “La Nacha”

“Las mujeres se escondían a la vista”, enfatizó la historiadora. “H.J. Anslinger (el primer director de la Oficina Federal de Narcóticos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos) hablaba de ellas, pero nunca mencionaba que eran mujeres. ¿Por qué? Porque no pudo capturar a estas dos abuelas”, dijo la historiadora.

En su libro “Narcas: El ascenso secreto de las mujeres en los cárteles de América Latina”, Bonello también relata el caso de muchas mujeres en el crimen organizado de la región. Uno de los casos es el de Guadalupe Fernández Valencia, una mujer que trabajó durante muchísimo tiempo junto al ‘Chapo’ Guzmán. Fue la única mujer que cayó y declaró en el juicio al Chapo, pero su rol en la organización casi no fue contado, dijo Bonello, pese a que sí se habían contado una innumerable cantidad de historias del entorno de Guzmán.

La evolución de las narcotraficantes latinoamericanas según "Narcas" de Deborah Bonello (Portada de libro)
La evolución de las narcotraficantes latinoamericanas según "Narcas" de Deborah Bonello (Portada de libro)

“Nadie había escrito sobre su vida porque no existía el interés por esta tendencia a descartar la participación de las mujeres. Y ella estuvo involucrada en todo, desde la logística y la adquisición de armas hasta el transporte y el lavado de dinero. Gran parte de su trabajo era moviendo valor a partir de los contactos que había establecido en Los Ángeles a donde había llegado por primera vez como inmigrante indocumentada”, agregó la periodista.

La familia, la “revolución rosa” y la conversación difícil

Otro de los puntos analizado por las expertas en la charla organizada por el Brooking Institute fue cómo se da el surgimiento de las mujeres en las organizaciones.

Pero para Allum, lo que está claro es que nunca hubo una “revolución rosa” que hiciera que las mujeres aparecieran de la noche a la mañana en las organizaciones criminales, ni tampoco que ellas lleguen a la cima solo porque su pareja, el jefe criminal, está en prisión o es asesinado. Eso, dijo es “parte de la narrativa”, sobre todo en Italia.

Pero según ella, las mujeres siempre estuvieron allí, pero empiezan a aparecer en las investigaciones “porque la policía empieza a mirar mejor cuando los hombres están en prisión”, pero no miran lo que pasaba antes. “Para mí tenemos esta ideología de espacios separados, donde mantenemos a las mujeres en la esfera privada y no estamos realmente interesados en verlas en la esfera pública, que está dominada por hombres fuertes y masculinos que saben lo que hacen. Es un mundo dominado por los hombres y creo que si de repente empezamos a mirar la esfera privada y la familia, vemos la influencia de las mujeres”, dijo la politóloga británica.

“De repente entendemos realmente que en realidad el hogar es su poder, que luego puede filtrarse en la familia criminal y las organizaciones criminales”, agregó. Por ello la académica propone dejar de mirar e investigar de la misma manera, para observar mejor la influencia femenina en las organizaciones.

“Durante demasiado tiempo utilizamos categorías masculinas: liderazgo, violencia. Pero si le damos la vuelta y miramos cosas como la gobernanza o la coordinación, de repente vemos que las mujeres son hábiles, inteligentes y saben mucho más que los hombres”, dijo. Eso lo vio entre las personas que entrevistó. “La hija del jefe de una organización me lo dijo muy claro. ‘No necesito que mi papá me diga qué hacer. Soy mucho más inteligente que él. Haré lo que quiera cuando quiera porque estoy a cargo’”, relató Allum.

Esto, según la politóloga, lleva a tener una “conversación difícil” también. “Si empezás a concentrarte en lo que realmente está pasando, las mujeres están ahí. Obviamente significa que tengamos conversaciones incómodas, porque a veces mujeres que eran víctimas, también fueron perpetradoras”. Eso lo vio mucho al ver las mafias nigerianas.

La pregunta que dejó Allum y que comparten las otras dos investigadoras es: “¿Cómo se puede desentrañar esta imagen complicada de que las mujeres están ahí, pero simplemente no las vemos?”.