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"El pueblo cubano concibió grandes esperanzas con el anuncio. Y pensaban que el cambio era inminente. Pero, sin embargo, siguen sumidos en un estado de verdadera desesperación. El salario mínimo son 450 pesos cubanos, que equivalen a algo más de 20 dólares por mes. Es una miseria". Las palabras brotan de la boca del disidente cubano René Gómez Manzano, quien se desempeñó abogado de oficio del Tribunal Supremo (1985-1995) y sufrió varias detenciones arbitrarias. Las peores fueron aquellas en las que debió permanecer en prisión por años: entre 1997 y 2000, y entre 2005 y 2007.

Reconocido como "preso de conciencia" por Amnistía Internacional y ganador del Gran Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Gómez Manzano se encuentra en la Argentina y participó en una conferencia organizada por Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) junto a los politólogos Sérgio Fausto y Liliana de Riz.

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Pese a que considera positivo el acuerdo alcanzado hace un año entre Estados Unidos y Cuba, aseguró que lo determinante para el cambio en la isla es la situación interna y no los pactos con otros países. "Para anunciar lo que anunciaron hasta ahora, no hacía falta que enviados cubanos y norteamericanos se reunieran durante un año y medio en secreto. El gobierno no hizo un verdadero cambio", señaló.

"Los ciudadanos no están de acuerdo con la situación existente, pero todavía los opositores no encontramos las vías para materializar ese descontento y pedir cambios", se sinceró, al tiempo que agregó que "este sistema condujo a la ruina económica de Cuba: los profesionales están condenados a trabajar para el Estado o para empresas mixtas y las personas, como no tienen perspectivas, no quieren tener hijos".

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Ocurre que, según explica, la principal fuente de divisas es enviar profesionales de la salud al extranjero y que la respuesta del gobierno a las crisis consistió en una economía más centralizada. "Fue lo mismo que nos llevó al desastre", lamentó.

Para De Riz, doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de París, "hubo elementos de convergencia en Cuba y Estados Unidos para que se reanudaran las relaciones". De hecho, resaltó que "la oportunidad de negocios abrió a la sociedad de EEUU y Cuba, país que ya está cambiando".

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En ese sentido, destacó que el acuerdo "es un cambio muy importante para América Latina, que podría interesarse de otro modo en una Cuba que tiene un partido político único y en el cual no hay posibilidades de disentir", aunque indicó que la región tiene una obligación: "Bregar por el respeto de los derechos humanos y de una Cuba democrática. La cláusula democrática debería pedirse para Cuba en los procesos de transición en curso". En esa línea, Sérgio Fausto subrayó que América Latina "debe protestar contra la violación de derechos humanos".

A un año del histórico acuerdo anunciado en simultáneo por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, "hay temor en los disidentes de que una apertura sirva para legitimar al régimen, que mantiene el monopolio del poder económico y político concentrado", manifestó De Riz.

La conferencia estuvo en gran parte centrada, por un lado, en el papel de la región en una potencia "nueva Cuba", pero también en el desenlace incierto de un potencia proceso de transición en el cual, coincidieron los expositores, será clave el rol de la oposición democrática, Estados Unidos y América Latina.

"La igualdad social no se resuelve con autoritarismo. En Cuba hay una sociedad muy injusta y sin libertades. La isla no es ni justa ni libre para los que no forman parte de la elite del régimen", agregó De Riz.

"Cuba no es ni justa ni libre para los que no forman parte de la elite del régimen"

La biblioteca politológica enseña, sin embargo que ningún régimen se sostiene durante mucho tiempo sin algún tipo de consenso, explícito o tácito, que los gobernantes deben encontrar entre sus gobernados. Entonces, ¿cómo se mantuvo por tanto tiempo? La politóloga argentina consideró que el proceso en Cuba "ha sobrevivido gracias a una mezcla de nacionalismo con una izquierda anacrónica y chavista-castrista". Sin embargo, por cuestiones ideológicas y fisiológicas, algo está claro: "La izquierda anacrónica de América Latina corre el mismo destino que la gerontocracia cubana: van a desaparecer".

No obstante, los cambios no van a ser rápidos. La transición, de producirse, no será inmediata. Y tal vez ello no sea malo. Es que, según explicó Fausto, consiste en un proceso distinto al observado en muchos países latinoamericanos y de Europa del Este. "No se trata de reanudar una trayectoria democrática previa, hay que crear una tradición ausente, prácticas sociales e institucionales. Pero la novedad de los últimos 20 años es una oposición articulada", enfatizó.

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En segundo lugar, "hay que crear una economía de mercado donde nunca la hubo". Este tipo de cambio, que Fausto supone "necesario pero no suficiente", sería toda una novedad en una isla gobernada hace casi 57 años por los Castro.

El cambio sería tanto mayor en tanto actualmente "el Estado cubano está asentado sobre la base de la Iglesia y las Fuerzas Armadas, que tienen intereses económicos propios". Además, "el poder de veto de los militares en Cuba tiene una fuerza que nunca tuvo en América Latina", explicó.

"Será un proceso largo pero con un rumbo definido. Y eso no es malo porque va a dar tiempo para que madure una infraestructura política, económica y social. Los cuentapropistas, por ejemplo, son el embrión de una clase media cubana", precisó.

"La estrategia del régimen es flexibilizar en lo económico y político para retener el monopolio en lo civil y militar", aseveró el politólogo brasileño, quien fue asesor de los Ministerios de Finanzas y Planificación durante el los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, entre 1995 y 2002.

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Por qué el cambio en EEUU

¿Cuáles fueron las motivaciones del gobierno de Obama para lograr el acercamiento? Una de las respuestas plausibles, según Fausto, fue "la creciente importancia de China en la región, algo que resultó un factor importante para la actitud de Estados Unidos".

"Cuba afecta la seguridad interna de EEUU. El gran temor allí es que la isla se transforme en un Estado fallido", añadió el brasileño. Es que ese desenlace produciría, no sólo un desorden interno en Cuba, sino –probablemente- una radicalización y un caos migratorio.

De todos modos, "hay vientos de cambio en EEUU", expresó esperanzada De Riz.

Para el disidente cubano Gómez Manzano la situación en la isla es tan dramática que sostuvo: "Si en Cuba estuviéramos como en Venezuela, sería un avance de miles de kilómetros. Los mecanismos en Cuba están diseñados para la autoperpetuación del régimen".

"Un cambio democrático en Venezuela puede tener un gran impacto en Cuba", concluyó esperanzado.