¿Qué podemos esperar de la cumbre del clima en París?

Compartir
Compartir articulo

Líderes de todo el mundo se reunirán en París en diciembre para ultimar un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático el cual requiere que todos los países se comprometan más que nunca con respecto a la reducción de emisiones. El acuerdo también ayudará a fomentar mayores inversiones con el propósito de asistir a los países en vías de desarrollo para crear economías de menos carbono y resistentes al clima.

A los gobiernos nacionales se les unirán otros importantes participantes: comercios, inversionistas, estados/provincias, ciudades, instituciones financieras y otros que ya han prometido medidas que apoyarán a los países en su implementación del acuerdo – hasta los podrían ayudar a superar su compromiso. Todas estas contribuciones podrían hacer del acuerdo de París un punto de inflexión fundamental en la historia de los esfuerzos globales por hacerle frente al cambio climático, lo que nos acercaría mucho más a un futuro más seguro, más limpio y más sano. Para lograr esa meta, los gobiernos nacionales tendrán que asegurarse de que los compromisos que se hagan sean ambiciosos, pero realizables.

Los elementos principales del acuerdo climático de París

El acuerdo de París se basará en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés) y en los acuerdos de Copenhague y Cancún. Incluirá la obligación que tienen los países de hacerle frente al cambio climático para el periodo posterior al 2020, y reflejará los distintos niveles de desarrollo y las capacidades específicas de los países. Por ejemplo, Estados Unidos y la Unión Europea se han comprometido a lograr metas correspondientes a todos los sectores de la economía para reducir sus emisiones de manera absoluta (ej. reducciones por debajo de los niveles de 2005), mientras que los países en vías de desarrollo y las economías emergentes podrían comprometerse a lograr metas que reflejen su nivel de desarrollo y contribución histórica al cambio climático (ej. metas relacionadas con la intensidad de gases de efecto invernadero). Chile, por ejemplo, ha prometido reducir la intensidad de sus emisiones por unidad de PIB en un 30% para 2030.

El acuerdo también expondrá mecanismos para impulsar más medidas en países en vías de desarrollo, apoyar a los países más vulnerables a la hora de hacerles frente a los efectos del cambio climático, y exigirles a los países que cumplan sus compromisos. La ONU espera fortalecer el acuerdo con el tiempo, pero el documento que se ultimará en diciembre debe abordar estas preguntas clave:

¿Cuáles serán las nuevas metas para reducir emisiones que los países acordarán implementar? Los países ya han hecho sus propuestas "iniciales" con respecto a las reducciones de emisiones para el periodo posterior al 2020 – sus llamadas "contribuciones previstas determinadas a nivel nacional". Hasta ahora, más de 150 países, que representan aproximadamente un 90 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, han presentado sus contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (resumen de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional de Latinoamérica). Estos compromisos, o aun otros mayores, quedarán plasmados en el acuerdo final de París.

¿Cómo cataliza esto las medidas y su implementación con el tiempo? El acuerdo creará sistemas para que los países extiendan sus metas al futuro y establezcan un proceso para revaluar y fortalecer cada cinco años sus compromisos con respecto a la reducción de la contaminación. El acuerdo también fomentará la transparencia y la responsabilidad con frecuentes reportes nacionales, para garantizar que los países cumplan sus compromisos.

¿Cómo podrán los países desarrollados ayudar a los países en vías de desarrollo a reducir sus emisiones y adaptarse a los efectos del cambio climático? Durante la ronda de negociaciones climáticas de 2009 en Copenhague, los países acordaron establecer el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés), un nuevo fondo multilateral, para ayudar a fomentar inversiones en países en vías de desarrollo, con el propósito de reducir emisiones y que estos países se adapten a los efectos del cambio climático.

Liderazgo latinoamericano en acción: Hasta la fecha, 37 países, entre ellos México, Perú, Colombia, Panamá y Chile, le han prometido más de $10 mil millones al Fondo Verde para el Clima. Como países en vías de desarrollo, no se esperaba que estos países latinoamericanos contribuyeran al Fondo Verde para el Clima, pero al hacerlo reafirman la importancia de que todos los países tomen medidas. Además, los países acordaron ayudar a movilizar $100 mil millones al año a través de financiamiento público y privado, con el propósito de asistir a los países en vías de desarrollo para reducir sus emisiones y adaptarse a los efectos del cambio climático.

¿Se comprometerán otras entidades? En París, la ONU buscará que gobernadores, alcaldes, corporaciones, la sociedad civil, instituciones financieras y todo tipo de líderes tomen medidas ambiciosas con respecto al clima. La gran oleada de acción climática será un elemento esencial de lo que sucede en París, y debe ser una parte fundamental del esfuerzo en el cual todos pondrán su granito de arena para hacerle frente al cambio climático en las próximas décadas. Estas medidas podrían ayudar a los países a cumplir sus compromisos a nivel nacional, y a probarles a los gobiernos nacionales que pueden lograr reducciones de emisiones aún mayores en años venideros, activando un ciclo continuo de ambición en ascenso.

¿Se "resolverá" en París el problema del cambio climático?

Las reuniones de la Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) de la ONU en París no podrán, por sí solas, "resolver" el problema del cambio climático, pero sí nos pueden acercar a una trayectoria climática más segura y llevarnos por un camino más prometedor después de París. Antes del Acuerdo de Copenhague en 2009, existía la posibilidad de que nos dirigiéramos hacia un aumento en las temperaturas globales promedio de 5°C (9°F) por encima de los niveles preindustriales para 2100. Se estima que los compromisos que surgieron a raíz del Acuerdo de Copenhague redujeron el aumento en temperatura a 3.6°C (6.5°F). Los compromisos que hasta ahora se han presentado nos colocan en un camino que conlleva un aumento en temperatura de 2.7° C (4.9°F) para fin de siglo. Esto se acerca más a la meta de 2°C (3.6°F), necesaria para evitar los peores efectos del cambio climático, pero aún nos queda mucho por hacer.

París debe tener como resultado compromisos ambiciosos, pero realizables.

Los países cada vez se dan más cuenta de que las medidas climáticas producen beneficios concretos con respecto a la creación de empleos, la reducción de la pobreza y las vidas que se salvan. París debe ser el comienzo de la próxima oleada global de medidas climáticas necesarias.

Ya tenemos una visión más clara de cómo debe lucir el camino después de París. Tendremos que movilizar nuestros recursos para ayudar a los países a implementar reformas nacionales aún más estrictas que las que se han resumido actualmente. Tendremos que utilizar herramientas, como el Protocolo de Montreal, para impulsar más reducciones en sectores clave como los envíos internacionales, y la aviación. Las regiones que tienen muchos bosques, como Latinoamérica, tendrán que centrar sus esfuerzos en eliminar la relación entre la deforestación y los productos agrícolas y demás. Los países que cuentan con abundantes recursos de energía renovable, como Chile y México, tendrán que hacer la transición definitiva para alejarse de las fuentes de energía que resultan contaminantes en la electricidad y el transporte.

En París, la comunidad internacional tendrá que dar el primer paso para garantizar que se hagan compromisos climáticos más firmes que deben convertirse en políticas nacionales efectivas, para lograr sociedades más limpias, más sostenibles y resistentes al clima. Tenemos necesidad de lograr un acuerdo en París que garantice que las metas que han propuesto los países sean ambiciosas, pero realizables.

Adrianna Quintero es directora de La Onda Verde de NRDC. También, fundo y dirige Voces Verdes y el equipo de asociaciones para el Natural Resources Defense Council (Consejo para la Defensa de Recursos Naturales) el cual trabaja para incluir una gama diversa de personas y comunidades sobre temas ambientales. Adrianna comenzó como abogada con NRDC y lleva 16 años en el ámbito ambiental. Adrianna es experta en cuestiones de política ambiental, el cambio climático, agua potable, pesticidas y sustancias tóxicas en el aire.