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Una escuela secundaria adonde los varones concurren con riguroso saco y corbata. A la que las chicas asisten con vestidos largos, discretamente maquilladas. Todos correctamente peinados, ceremoniosos, silenciosos, muy atentos a las palabras de su docente. Esta es la imagen final de los estudiantes del Colegio Sarmiento en el documental Después de Sarmiento, la reciente película de Francisco Márquez (ver trailer al pie de la nota).

Pero es la única vez que se los ve así: es la ceremonia de graduación, último día para los alumnos del quinto año.

La habitualidad es otra: gorros de todo tipo y color; capuchas, buzos, aritos, remeras con las inscripciones más raras y sobre todo zapatillas: muchas zapatillas de todas clases, modelos, marcas y colores. Y algunas de las chicas con sus bebés en brazos y otros chicos con una mirada que parece haber dejado la adolescencia hace rato. Y sus muecas. Y sus sonrisas. Y sus enojos. Y acentos de todo tipo en esta babel pedagógica: desde lunfardo bien porteño al formoseño, el jujeño, el paraguayo. Las diferencias laten.

El Colegio Sarmiento es una institución escolar de nivel medio que supo ser referente de las clases acomodadas de Buenos Aires. Está ubicado en el corazón del barrio de La Recoleta, el sector de mayores ingresos por antonomasia de la Ciudad, donde habita la clase alta tradicional: las avenidas parecen promenades parisennes, las galerías de arte se reproducen y los turistas preguntan por la tumba de Evita.

Para llegar al Sarmiento, los chicos de la Villa 31 cruzan Libertador, esa frontera nada imaginaria

El "Nacional Sarmiento" era la escuela a la que concurrían los adolescentes de ese barrio y que poseía una fama contradictoria, allá en los setenta: por un lado, se decía que sus estudiantes se habían enfrentado en trifulcas heroicas contra los "conchetos" del Champa [Colegio Marista Champagnat], la escuela privada religiosa cercana; por otro lado, se afirmaba que era una escuela copada por pequeños nazis vernáculos, miembros de la agrupación Tacuara o de la Alianza Libertadora Nacionalista y de otros engendros locales. Es probable que ambas versiones sean verdaderas, o quizás alguna otra que no me hayan contado. Lo cierto es que toda esa tradición se terminó cuando la clase media y alta de la Argentina decidió que abandonaría las escuelas públicas y enviaría a sus hijos a escuelas privadas.

El vacío, ese lugar normal que cantaba Cerati, fue llenado por los pobres del barrio que viven en la villa 31 de Retiro y que ahora pueblan la escuela, quienes para llegar deben cruzar las vías del ferrocarril y la Avenida Libertador: una frontera nada imaginaria; un límite hiperreal que permite identificar, claramente, que hay dos lados y que no se tocan. Los mismos dos lados del inicio del documental: el Himno a Sarmiento interpretado en su versión clásica por Kevin Johansen irrumpido violentamente por la versión cumbiera de Pablito Lescano de Damas Gratis condensan los dos lados de Libertador.

La película retrata en forma precisa la vida cotidiana de una escuela: momentos divertidos, aburridos, conflictivos. Allí acontece lo que en cualquier escuela: las profesoras tradicionales, las modernas, los recreos, el aburrimiento o la organización del centro de estudiantes. Pero todo esto aparece articulado por el deseo de una educadora, Rosana Levinsky y los profes del Sarmiento, de cambiar la realidad educativa, de incluir a los más pobres sin perder el interés por el conocimiento y la exigencia del pensamiento.

Este proyecto reconoce una grieta: los de la mañana (los "blanquitos"), los de la tarde ("los de Retiro")

Este proyecto reconoce una historia diversa y una grieta que divide a los alumnos: los de la mañana (los "blanquitos") y los de la tarde ("los de Retiro"), una división que, por ejemplo, impide armar un único centro de estudiantes: los de la tarde temen ser manipulados por los de la mañana, que no se los tenga en cuenta, que se los margine. Ahí todo es sospecha y hasta la rectora es victimaria: "Roxana te psicologea", dice uno de los de la tarde, advirtiendo sobre sus argucias argumentativas para convencer a los chicos.

Pero Roxana sigue, imbatible. Habla con los chicos, enseña literatura, estimula la reflexividad y la innovación. Debate las identidades de los estudiantes: la villa, el barrio, la capital, la provincia, el extranjero. Conversa con los preceptores, arenga a los profesores. Organiza equipos docentes. Crea talleres tutoriales y ayudantes para los chicos con más problemas escolares y emprende reuniones con ex alumnos: quiere que la tradición le juegue a favor pero no hay caso, ella misma le explica a un ex alumno: "Antes eran pobres, ahora viene el excluido que no es lo mismo que el pobre".

¿Cómo incluir y que los chicos aprendan? La respuesta es pedagógica: es la forma, el modo, la técnica y la pasión por enseñar lo que incluye y educa al mismo tiempo.

"Sólo llamaron a las escuelas que aceptan lo que el Ministerio propuso"

Por eso Roxana se ilusiona con la implementación de la denominada "Nueva Escuela Secundaria de la Ciudad" que propone "el Ministerio": quiere que la "nueva escuela" sea realmente nueva y se entusiasma estableciendo redes con otras instituciones, presentando proyectos, demostrando la banalidad del sistema de aprobación vigente desde hace un siglo y anunciando que varias escuelas de la Capital quieren imitar el proyecto del Sarmiento. Pero "el Ministerio" responde negativamente: "Sólo llamaron a las escuelas que aceptan lo que el Ministerio propuso" dice Roxana. Intentaban convencer a los de la tarde para que confíen en los de la mañana sin darse cuenta que todos son del turno tarde.

No soy crítico de cine, ya se habrá notado. Pero

sé distinguir un proyecto escolar de un revoltijo burocrático (o tecnocrático) de palabras huecas (progres o conservadoras)

que destilan deterioro educacional. Y es evidente que El Sarmiento es un gran proyecto educativo y que merece verse y debatirse

Después de Sarmiento, la película documental

que retrata ese gesto, a veces cotidiano, a veces heroico, pero siempre perseverante, imbatible, terco, que expresa la posibilidad de educar a todos, a pesar de todo.


Profesor de la Universidad Di Tella