El consenso que existe sobre la necesidad de profundizar el rumbo del desarrollo industrial iniciado hace doce años es un hecho que no debería minimizarse. Ese complejo y continuo proceso de transformación estructural que llamamos desarrollo es, sin lugar a dudas, el principal desafío que tenemos como sociedad, y requiere de una férrea decisión política, y una planificación estatal consciente que se materializa en un entramado de políticas a diferentes niveles. En ese marco el rol de las empresas estatales y muy especialmente el de las vinculadas a ciertas industrias estratégicas es central. La recuperación de la industria para la Defensa tiene un valor que excede a esa área específica y comprender su evolución implica no sólo hacerlo desde una perspectiva acotada, como empresas industriales, sino también como instrumentos de desarrollo económico en general.

La recuperación de Fabricaciones Militares tras su proceso de liquidación, la reestatización de TANDANOR luego de su privatización fraudulenta, la reestatización de la Fábrica Argentina de Aviones y la incorporación de la empresa estatal de Río Negro INVAP como actor estratégico en la industria para la Defensa permitieron alcanzar objetivos que eran casi impensados al inicio de esta etapa. Tomando a estas empresas en conjunto, desde 2003 a esta parte la inversión acumulada fue de $2200 millones; mientras que la facturación se incrementó más de 22 veces, de $167 millones en 2003 a $3900 millones en 2015. En relación al empleo, se crearon en conjunto más de 3000 nuevos puestos de trabajo directos en ese lapso.

En cuanto a los logros tecnológicos y productivos hay ejemplos que confirman el acierto de esta fuerte apuesta política: recientemente Argentina se convirtió en uno de los pocos países a nivel mundial que dominan la tecnología radar, y se desarrollaron, fabricaron e instalaron 22 Radares Secundarios, 4 Radares Primarios y 2 Radares Meteorológicos de desarrollo y producción nacional, algo fundamental entre otras cosas para proteger las fronteras y controlar el tránsito aéreo. Esa tarea se verá potenciada y complementada con el Proyecto SARA, que implica una inversión de $2000 millones en investigación y desarrollo en el campo de los vehículos aéreos no tripulados.

En lo referido a la industria aeroespacial se inició la fabricación de 40 aeronaves PAMPA III para la Fuerza Aérea Argentina, proyecto que incluyó la reconstrucción de la cadena logística de 42000 piezas, sustituyendo importaciones y desarrollando PyMEs tecnológicas. Otro hito destacable en este ámbito es la primera exportación en más de dos décadas por parte de FAdeA y su inserción en una cadena global de clase mundial, a través de la participación en el Proyecto KC-390 de EMBRAER, el que permitió también incorporar capacidades únicas en el país en tecnologías de materiales compuestos.

En la industria naval se destacan la recuperación de capacidades metalmecánicas de altísima complejidad para la exitosa reparación de media vida y modernización del submarino ARA San Juan, así como la reconstrucción y modernización del rompehielos Almirante Irizar con mano de obra 100% nacional. Este buque multipropósito será, gracias a su transformación, un medio clave para investigación científica, logística, rescate antártico y como hospital de última generación.

En cuanto a nuevos productos y capacidades en Fabricaciones Militares, sobresalen los Chalecos Multiamenaza para las Fuerzas de Seguridad; la construcción de una nueva planta, única en la región, que ya produce vagones de carga de diseño propio; las nuevas capacidades en cohetería y proyectiles de gruesos calibres; y la apertura en la provincia de San Juan de la quinta fábrica de la empresa, la primera inaugurada en más de seis décadas.

La recuperación de estas industrias implica la configuración de cadenas de valor que motorizan el crecimiento de miles de PyMEs argentinas: las empresas nacionales proveedoras de insumos y componentes críticos son actualmente más de 500, mientras que las proveedoras de insumos y servicios anexos suman más de 2000 adicionales. Por otro lado permite el resurgimiento de saberes técnicos y oficios, lo que se manifiesta en la recuperación de diversas ramas de la ingeniería como la ferroviaria, la naval y la aeronáutica; la creación de nuevas carreras como la ingeniería aeroespacial o la creación de centros de formación técnicos y profesionales.

Estos hechos y estos resultados son la evidencia palpable de que el camino del desarrollo es complejo, progresivo y de largo plazo; y sobre todo de que los enormes esfuerzos que viene haciendo nuestro país para avanzar definitivamente en su industrialización no merecen ser objeto de improvisaciones o cambios de rumbo, sino que por el contrario, más que nunca es preciso que sean continuados e intensificados.

El autor es Secretario de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa.