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Argentina forma parte de un "selecto" grupo de países que tienen un tipo de cambio dual o múltiple. La lista es corta: en total, unos 22 países sobre los 188 países que figuran en el informe 2014 del FMI sobre regímenes y restricciones cambiarias.

De América Latina sólo figura Venezuela. El resto de los países con más de un precio para su divisa o son muy pequeños o están en conflicto armado interno o externo. En este grupo no hay ningún país desarrollado, ni emergente, ni ningún país de los que a la mayoría de los argentinos les gustaría parecerse. Países que no están en la lista -como Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay, Perú, Corea, India, Israel, Turquía, Indonesia o Tailandia- no sólo no tienen más de un tipo de cambio sino que además sus monedas flotan.

Sin embargo, el miedo a unificar el tipo de cambio se ha apoderado de no pocos analistas económicos y candidatos a ser ministros de Economía del próximo gobierno. Y no sólo se escuchan todo tipo de argumentos en contra de la unificación cambiaria, también se escuchan reparos a la flotación y hasta hay quienes niegan la necesidad de corregir el atraso cambiario.

Incluso hay quienes ni siquiera aceptan el hecho que el peso ya es más débil de lo que dice el tipo de cambio oficial (y bastante, tal como lo muestra una brecha superior al 60%) y alertan a la opinión pública sobre próximas devaluaciones.

Es muy difícil pensar que Argentina pueda volver a crecer con el actual régimen cambiario o con uno parecido. También es difícil que pueda hacerlo si no se corrige el atraso cambiario y las distorsiones de precios relativos.

Algunos creen que una "lluvia de dólares" permitiría crecer incluso bajo un esquema de corrección gradual de los desequilibrios. Pero ¿por qué ingresarían capitales en forma masiva cuando todavía la corrección cambiaria es incompleta? Después de todo, nadie regala nada. Más aún cuando el cambio de escenario global de los últimos meses (el superdólar, la caída del precio de las commodities y la fuerte depreciación del real) hacen aún más necesaria la unificación y flotación cambiaria.