La autora es presidente del Centro de Estudios FUNDARA (www.fundara.org.ar), de la Provincia de Salta

Muchos hablan de los derechos de los niños, pero hoy lejos de celebrar, en Argentina, y en Salta en particular, vemos con tristeza una creciente infantilización de la pobreza. La emergencia que atraviesa el sistema de salud en la provincia de Salta afecta sobre todo a los niños. Hay ministerios, hay discursos, hay recursos, pero lo que se ve entre los funcionarios de turno es un tremendo desprecio por la vida de los otros. Sobran las justificaciones y respuestas increíbles, ministros y secretarios diciendo que "se mueren por deshidratación, no por desnutrición...", que "algunos casos se les escapan...", que "los chiquitos a veces mueren...", etcétera. Gobiernos que muestran un gran relato y manejo de la propaganda, pero una falta evidente de políticas reales, que garanticen las necesidades más elementales.

Los números hablan por sí solos. Según el cuarto informe del Barómetro de la Deuda Social de la UCA, el 38,8% de los niños en todo el país viven en situación de pobreza. De acuerdo al informe Las Inequidades de las Infancias Salteñas, presentado recientemente por la misma institución, en Fundara, el 28% de los niños tienen necesidades básicas insatisfechas, mientras que el promedio nacional ronda el 24%. Además, el 46% de los niños en la ciudad de Salta está por debajo de la línea de pobreza, número que se hace más duro y alto en el interior donde la pobreza afecta hasta el 65% de los niños en los departamentos del norte de la provincia Rivadavia, Orán, San Martín, Anta, Iruya.

La falta de equidad que se vive hoy en Salta se traduce también en el hecho de que 4 de cada 10 niños necesitan ayuda para poder comer algo diariamente. La situación es más grave y profunda en el interior, donde en los últimos años ha habido una incapacidad de los estados de articular políticas integrales que garanticen el cumplimiento de los derechos de los niños. Toda esta realidad está muy lejos del país de las maravillas del que nos hablan desde el oficialismo. Ese país lleno de familias pujantes que vacacionan en la costa, que viajan, que consumen, no coincide en lo más mínimo con la realidad.

La crisis sanitaria que sufre la provincia, sigue cobrándose la vida de inocentes. En octubre del 2014 en el departamento de Rivadavia, una niña wichi, llamada Liliana, de un año y cuatro meses, falleció por desnutrición. Dos casos más en Pichanal que salen a la luz meses después. Son miles las familias del Chaco salteño que ven violado su derecho a una salud de calidad. Recién comienza el 2015, y en Salta a todos nos golpea la muerte de Marcos Solís de casi 2 años y la del bebe de 9 meses, caso que salió a la luz hoy gracias a que el médico de Colonia Santa Rosa se animó a firmar el certificado de defunción contando la verdad, y violando así con la prohibición que ha bajado el gobierno del Dr. Juan Manuel Urtubey a todos los directores de los nosocomios: no dar a conocer las muertes por desnutrición, bajo amenaza de sufrir juicios por mala praxis.

Esta fotografía se traslada también a los principales centros urbanos del país en el que el 12% de los hogares sufrieron inseguridad alimentaria durante 2013. Es evidente que el gran tema pendiente de la Argentina de hoy es acabar con la desnutrición de nuestros niños.

Para saldar esta paradoja perversa de vivir en un país rico en recursos naturales y humanos, con niños pobres, los estados, tanto nacionales, provinciales como municipales, deben asegurar el cuidado y la protección de nuestros chicos, aplicando políticas públicas para lograr su bienestar. En todo el país se necesitan fuertes inversiones para garantizar el derecho a la salud, la nutrición y la educación básica de sus habitantes. Así se podrá quebrar el ciclo de pobreza en Argentina. Pero también la resolución de la problemática requiere que tanto la sociedad civil como cada familia argentina nos involucremos en el tema.

Todos juntos, cada uno desde su lugar, uniendo esfuerzos para fortalecer los derechos y el bienestar de la infancia, podremos revertir la pobreza, la marginalidad, la muerte que acecha a los más pequeños. Siendo fundamental la implementación de políticas públicas serias y que se mantengan en el tiempo como políticas de Estado, gobierne quien gobierne. Solo tenemos que centrarnos en la realidad, dejar de lado la mentira, la propaganda y los anuncios vacíos.