"Bergoglio es un personaje que siempre me interesó"

Lo dice Evangelina Himitian, la autora, en tiempo récord, de una biografía de quien se convirtió en Papa, ante la sorpresa de muchos que debieron "verlo de lejos" para apreciarlo. Quarracino lo llamaba “el Santito"

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Un sacerdote, el padre Angel Strada, le contó a la periodista Evangelina Himitian, autora de Francisco, el Papa de la gente (de editorial Aguilar, el libro será presentado este lunes 29 de abril a las 18 horas en la Sala Lugones de la Feria del Libro), que, tres días antes de viajar a Roma para el cónclave que lo eligió, Bergoglio trazó un perfil de cómo creía que debía ser el próximo pontífice: "Primero, tiene que ser un hombre de oración, profundamente vinculado a Dios. Segundo, (un hombre que crea) que Jesucristo es el Señor de la historia. Tercero, un buen obispo (que) sepa cuidar, acoger, tierno con las personas, que sepa crear comunión. Y cuarto, tiene que ser capaz de limpiar la Curia romana". La conclusión de Strada, y también la de la autora, es que Bergoglio es el hombre indicado.

El libro de Himitian reconstruye la vida, formación, obra y pensamiento del Papa, pero también compila testimonios de quienes lo conocieron, describe el derrotero hacia su elección y reflexiones sobre los efectos que su pontificado podría tener.

      

Himitian pudo hacer esta síntesis apretada y a la vez bastante completa porque conocía de antemano al personaje y sus temáticas, en particular la acción de Bergoglio como promotor de encuentros entre católicos y evangélicos, en los que el entonces Cardenal se involucraba personalmente.

"Pese a que yo ya tenía background, es decir, material y muchos contactos con gente que lo conocía y me podía hablar de él, y lo había entrevistado en distintos momentos, la verdad es que el libro lo empecé a preparar después del nombramiento, contó Himitián a Infobae. Pero fue ese material previo lo que hizo posible un armado en tres semanas".

      

Pese a la celeridad, el libro es exhaustivo y hasta recorre algunos documentos clave, tanto de los años al frente de la orden jesuita, como de sus célebres homilías como Arzobispo de Buenos Aires y el documento de Aparecida, que, ya como Papa Francisco, Bergoglio le obsequió a la presidente Cristina Kirchner para "que vaya pescando" lo que piensa la Iglesia.

En 1973, con sólo 36 años, y apenas 4 como sacerdote de la orden, (Bergoglio) lograba posicionarse como la máxima autoridad de la Compañía de Jesús en la región. Ya en ese momento, proponía en un documento que los "compañeros de Jesús" adquiriesen "una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres", señala el libro.

      

El hombre al que Néstor Kirchner calificó como "jefe de la oposición" no votaba. La última vez que Bergoglio fue a las urnas, fue en una legislativa de 1960, en tiempos de Frondizi. "Tal vez esté cometiendo un pecado contra la ciudadanía", revela Himitan que dijo Bergoglio. "Al fin y al cabo soy padre de todos y no debo embanderarme políticamente", explicó.

Su compromiso con la gente no pasaba por lo partidario, evidentemente, pero eso no le impidió involucrarse profundamente. Quizá el momento en que eso se volvió más público fue durante la conformación de la Mesa de Diálogo, en tiempos de la crisis del 2001.

      

Fue entonces que los argentinos empezaron a acostumbrarse a las duras homilías de Bergoglio que en 1997, se había convertido en sucesor de Monseñor Antonio Quarracino, al frente del Arzobispado de Buenos Aires. "En los años siguientes, las homilías de los Tedeum pondrían en jaque a más de un presidente", recuerda Himitian, que reconstruye esa etapa, con sus advertencias en los meses previos a la crisis del 2001 (año en el que fue hecho cardenal por Juan Pablo II), luego el armado de la Mesa del diálogo, y la denuncia de la desigualdad, la corrupción y la desidia, hasta el momento en que Néstor Kirchner se pone el sayo y opta por buscar "un obispo más amigable" (Juan Carlos Maccarone).

Quarracino, el gran elector

El "exilio" tanto exterior como interior, a partir de 1979, tras dejar la conducción de la Compañía, con estadías en Alemania, Córdoba y San Miguel, su estilo de trabajo pastoral, su devoción por la Virgen Desatanudos, su obra en la Vicaría de Flores, el armado de la pastoral villera: son otros de los momentos incluidos en el libro.

Himitian subraya el mérito del "descubridor" de Bergoglio. Fue en Córdoba donde, a fines de los 80, lo conoció el Cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires y Cardenal primado de la Argentina. "Quarracino quedó impactado por su persona, por la autoridad con la que hablaba y, a la vez, por el trato sencillo que tenía con la gente, escribe Himitian. Cayó en la cuenta de que él era la persona que desde hacía tiempo estaba buscando para ser su asistente, para trabajar en la zona sur de la ciudad, donde están los barrios más carenciados".

      

Según las fuentes consultadas por Himitian, las trabas para que Quarracino nombrara a Bergoglio, provenían en buena medida del accionar de Esteban Caselli, por entonces embajador ante la Santa Sede. Para sortear las resistencias, el arzobispo de Buenos Aires viajó a Roma para solicitar personalmente a Juan Pablo II la designación de Bergoglio. El 13 de mayo de 1992, el nuncio apostólico, Ubaldo Calabresi, visitó al futuro Papa en Córdoba y le comunicó que había sido designado obispo auxiliar de Buenos Aires.

"Así, 'el santito', tal como lo llamaba Quarracino, salió de la esfera de obediencia a la Compañía de Jesús y se convirtió en obispo, dice Himitian. Ese fue el primero de los pasos en el camino que veintiún años más tarde lo llevaría a Roma".

"¿Qué es lo que vio, qué le atrajo? Es difícil saberlo porque eran extremos opuestos. El entorno de Bergoglio lo toma como que fue la acción soberana de Dios, respondió Himitian a nuestra consulta. ¿Por qué se quedó prendado de él? No buscó un sucesor igual a sí mismo".

¿Era Quarracino tan opuesto a Bergoglio? Tal vez pese también sobre él cierta caracterización injusta, como pasó con el propio Bergoglio, a quien muchos argentinos tuvieron que ver "de lejos" para valorarlo.

      

"Cuando yo hablo de la parte interreligiosa explico que Quarracino fue pionero en muchas de las líneas que luego siguió y profundizó Bergoglio", dice Himitian, citando por ejemplo la inauguración de "un mural que rinde homenaje a las víctimas de la Shoah en la Catedral metropolitana", por el fallecido arzobispo.

Y concluye: "Hoy, a quince años de su muerte, muchos le reconocen a Antonio Quarracino el mayor logro de su tarea al frente de la Iglesia: su perspicacia y el haber sido el primero en dar su voto por el futuro papa".

Rivalidades

Aunque Himitián toma abiertamente partido a favor de Bergoglio, no elude los temas álgidos, en particular el de las denuncias por una supuesta responsabilidad en el secuestro de dos sacerdotes jesuitas –Orlando Yorio y Ricardo Jalics- cuando él era provincial de la Orden, episodio al que el libro dedica varias páginas y un anexo con extractos del expediente judicial

"Es un tema que nunca había abordado con él ni con su entorno pero me parecía que era importante que el libro echara luz sobre eso, dice. Quise dar los elementos al lector para que saque sus propias conclusiones. Contar lo que pasó, incluir documentación, la declaración de Bergoglio ante la justicia, el testimonio del hermano de Yorio, el del propio Yorio ante la justicia poco antes de morir, y lo que dijo la justicia, que concluyó que lo que Bergoglio había hecho era advertirles del peligro que corrían por su trabajo en las villas, pero no por algo que estuvieran haciendo sino por cómo veía el gobierno militar su tarea."

      

"Es posible que en el caso particular de Yorio haya habido también un elemento de rivalidad, dice Evangelina Himitian. Surge de su propia declaración. El cuenta que en esos años el provincial anterior a Bergoglio, O'Farrell, había recibido instrucciones del superior de la orden, Pedro Arrupe, de designar a una persona que avanzara en el tema de la Teología de la Liberación y éste eligió a Yorio, quien sentía que había recibido una suerte de legado a través de aquel encargo, además de que él se inclinaba hacia esa teología. Pero llega Bergoglio a la conducción de la orden y para él esa Teología, que implicaba un compromiso social y político más activo, incluso la toma de las armas en algunas interpretaciones, era incompatible con el Evangelio, entonces él se va enfrentar a esa tendencia. Para él había una diferencia entre la Doctrina Social de la Iglesia y la Teología de la Liberación. Se genera entonces una fractura en la orden en torno a quienes querían seguir siendo una orden de educadores y quienes querían enrolarse en formas de lucha más activa".

"En cuanto a los sacerdotes, agrega Himitian, lo que Bergoglio hizo fue advertirles cómo veía el gobierno de entonces- la dictadura- a un "blanquito" en las villas. Temió que les pasara algo. Los quiso proteger reubicándolos en otros lugares. Ellos se negaron. Por eso, en virtud del voto de obediencia, no podían seguir en la orden. Ellos lo sabían. Desobedecer la orden del provincial no era algo sencillo. Entonces ellos tienen que pasar al clero secular. Es en ese momento cuando se produce su secuestro y de allí la interpretación que algunos hicieron de que hubo 'desprotección'".

El hombre de todas las religiones

"Bergoglio suele decir que para ser un buen católico antes hay que ser un buen judío, escribe Himitian (en el capítulo titulado Un hombre de todas las religiones). Es capaz de finalizar una misa (anunciando) que va a orar como los evangélicos. Una vez dijo que le gustaría que muchos cristianos tuvieran el compromiso y la integridad de un amigo suyo ateo. Todas las semanas se reunía a orar durante una hora con el jardinero del Arzobispado, que es pentecostal. Y hace pocos días les pidió a los católicos que se reconciliaran con los musulmanes. ¿Quién es Francisco? Ciertamente, un hombre de todas las religiones".

Himitian describe al Papa como "conservador en lo dogmático pero progresista en lo social", y arriesga que Bergoglio puede llegar a introducir algunos cambios en el tema del celibato, no así en lo que hace a la posición de la Iglesia sobre el aborto y el matrimonio homosexual. De todos modos, aclara que Bergoglio diferenció siempre el pecado de los pecadores, otorgando a estos últimos toda su indulgencia, dándoles el sacramento de la eucaristía y criticando a los sacerdotes que se negaban a ello.

      

Su conclusión: "¿No ha estado clamando el mundo entero por un líder semejante para la iglesia católica, y anhelándolo? ¿No se ha hablado hasta el cansancio del lujo, del derroche, de los claroscuros, del manejo del poder y hasta de las corrupciones de la institución? Pues bien, Francisco es una antítesis de todo eso. Ahí lo tienen. Ya está. Ya ha llegado. ¿Podrá él solo con el legado que le dejan? No está solo. La gente cree que él podrá".