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Pero a los 40, ese efecto había desaparecido, informaron los autores en la revista Pediatrics. Los resultados, sostuvieron los autores, indican que la aptitud física en la niñez influiría en la salud futura, pero que los adultos deben mantenerla a medida que envejecen.

Al entrar en la mediana edad, otros factores intervienen en la salud, de modo que la aptitud física en la juventud pasa a ser cada vez menos relevante. "Eso indica la importancia de mantener los buenos hábitos, como hacer actividad física, también en la mediana edad", dijo a Reuters Health la autora principal del estudio, la doctora Elisabeth Kvaavik, de la Universidad de Oslo.

El equipo dirigido por Kvaavik estudió a 1.016 hombres y mujeres que habían sido controlados desde 1979, cuando tenían alrededor de 13 años. En ese momento, se les había realizado una entrevista sobre los hábitos físicos y se les había medido el rendimiento físico en una bicicleta fija.

En general, el equipo halló que cuanto más aptos físicamente estaban los participantes a los 13 años, menos propensos eran a engordar o tener presión alta a los 20 y a los 30. Los autores no observaron una relación clara entre los niveles de ejercicio y los indicadores de salud en la edad adulta.

Pero Kvaavik dijo que eso no sorprende porque los métodos utilizados para medir los niveles de actividad física, principalmente cuestionarios, son mucho menos precisos que las pruebas objetivas de aptitud cardiovascular real.

La aptitud física no depende sólo de los hábitos de ejercicio; los genes, por ejemplo, tienen una parte de la responsabilidad. Con todo, dado que la aptitud física es por lo menos en parte un reflejo del nivel de actividad física, Kvaavik dijo que los niños que hacen actividad regular se estarían protegiendo de la obesidad y la presión alta en los primeros años de la edad adulta.