El desafío de pasar de ser un padre de fin de semana a un padre full time (iStock)
El desafío de pasar de ser un padre de fin de semana a un padre full time (iStock)

Llega el Día del Padre y las vivencias y recuerdos más lindos de ser papá están a flor de piel. Las historias se multiplican y dan paso al recuerdo de los momentos más divertidos vividos con los hijos.

Como le pasó al licenciado Alexander Güvenel, que narró en forma de diario cronológico las peripecias de haberse quedado solo durante nueve días en su casa junto a sus tres hijos varones (dos mellizos de 8 años y el más grande de 11), mientras la mamá emprendía un viaje al exterior.

Si bien los padres actuales han aprendido a hacer muchas cosas hogareñas que les permiten manejarse con independencia cuando están solos con sus hijos, no todos los casos son iguales. Lo primero que pensó Alexander cuando llevó a su esposa a Ezeiza fue: "¿ahora qué hago yo solo con estos tres?". A continuación las mejores vivencias alocadas y divertidas de esos días en familia.

– Día 1: "Arrancó con un campamento de los dos más chicos (mellizos), la mamá me había dejado todo listo y nada podía fallar, salvo porque salimos con los bolsos pero nos olvidamos las bolsas de dormir. Menos mal que vivo cerca del lugar del campamento. No obstante eso, uno de los mellis ya estaba listo y había subido al micro. Pero el otro estaba algo angustiado esperando mi regreso con lo faltante, lo que finalmente llegó, con el micro en marcha: #arranquémal".

Un padre y tres hijos -todos menores de once años- conviviendo durante nueve días

– Día 2: "Arrastrándome, pude ordenar la casa con una rodilla hinchada por fútbol y un casamiento del día anterior. Busqué afanosamente el botón autoordenante pero el departamento me vino fallado, no lo tiene. Me di cuenta que, o lavaba o tenía que agrandar la pileta: los platos se reproducen solos en mi cocina. Me duermo pensando en el objetivo del día siguiente: llegar al colegio antes de que toque el primer recreo y que vayan con el uniforme que corresponde a ese día".

– Día 3: "Sigo aprendiendo: me di cuenta que los lavarropas son automáticos pero no se buscan solos la ropa sucia del canasto. Mal ahí los tecnólogos. También me di cuenta que cuando te olvidaste de preparar el jugo podes ponerles una bebida isotónica a los chicos para el cole. De paso, recuperan sales después de la clase de Lengua (?)".

– Día 4: "Le estoy tomando la mano a la tarea. Pude preparar la cena (bah, calenté en el microondas lo que me mandó mi mamá) pero al momento del postre tuve la dignidad de no obligar a mi hijo mayor a comerse un postrecito de chocolate que no le gusta, solo porque es fácil sacarle la tapita plástica. Por lo que me dispuse a pelarle y cortarle la manzana que quería. Obviamente que de dos manzanas pude hacer una y cuando las miraba me daba la sensación de que me preguntaban por qué semejante mutilación si sólo tenía que sacarles la cáscara".

– Día 5: "Jornada intensa con reunión de padres en el colegio incluida, y la reafirmación de lo bien que hice en pedirle a la mamá que cualquier cosa me la transmita ella. Y que, bajo ningún punto de vista, me agregue a los chats de las madres, donde suele haber más internas que en el famoso vestuario/cabaret de la época de Latorre en Boca (aclaro que la nota original fue escrita antes del famoso affaire). A la noche hice filet de pescado (puse al horno el pescado que me trajo mi mamá, hay que decir la verdad) y me di cuenta lo útil que sería una espátula especial para darlos vuelta sin que se te desarmen en mil pedazos y parezca que estás comiendo un puré con gusto a pescado".

Panchos: una comida fácil para hacer (iStock)
Panchos: una comida fácil para hacer (iStock)

– Día 6: "Me había propuesto que se acostaran a las 22 horas, horario habitual cuando la madre está presente. Y tenía todo calculado para eso. Hago salchichas. Rápido y fácil, nada puede fallar. No tuve en cuenta la hornalla eléctrica, habituales en los edificios nuevos. ¡Lo que tardan en calentar, por favor! Encima, no me acordaba que las salchichas se ponen recién cuando el agua hierve. Las pobres estuvieron en agua más tiempo que Meolans. Yo las miraba, las cortaba al medio, estaba más atento que si estuviera preparando cocina molecular. Y se comieron doce salchichas entre los tres (¡háganlas más grandes!). En fin, 22:30 y con la comida en la boca: a dormir. No está tan mal".

– Día 7: "Ideal de cada mañana para ir al colegio: levantarme media hora antes que ellos, bañarme, prepararles el desayuno y despertarlos para ayudarlos también a cambiarse. La realidad: me levanto a la misma hora que los tengo que despertar, los levanto, los veo sentarse en el sillón, les digo que se agarren lo que quieran comer y que se cambien solos (la ropa sí se les dejo preparada) y que estén listos para cuando yo salga de bañarme. El resultado: lo hacen al pie de la letra, son cómodos mis hijos pero no tontos, saben que sino no llegamos a tiempo al colegio, va a haber lío".

– Días 8 y 9: "El fin de semana es mi hábitat natural, cuando siempre estoy con ellos. Vamos al club, se come afuera o se pide comida y encima la madre está por venir. Son los días más tranquilos, que me sirvieron para tomar coraje y a su regreso decirle: 'andate cuando quieras'".

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