En el “Esquema Ponzi” la renta de una inversión depende del ingreso de nuevos depósitos.
En el “Esquema Ponzi” la renta de una inversión depende del ingreso de nuevos depósitos.

Para cualquier individuo que desee aumentar su consumo futuro siempre será recomendable diseñar una estrategia financiera. Partiendo de la premisa básica que el gasto presente (consumo) o su traslado en el tiempo (vía ahorro), dependen del ingreso y de una adecuada administración de las finanzas personales, las recomendaciones serán hacer depósitos a plazo fijo, comprar LEBACs y/o acciones, ingresar en fondos comunes de inversión, mantener liquidez o participar en toda otra ingeniería alineada con su "apetito por el riesgo".

La decisión. Si se quisiera consumir hoy, se deberá utilizar la tarjeta de crédito, la de débito o entregar dinero a cambio (nada raro). La acción de ahorrar consistentemente (para que aumente el consumo futuro) requerirá, en cambio, delinear planes financieros que impliquen adquirir pasivos u obligaciones del Estado, el Banco Central, empresas o bancos comerciales. En paralelo, se supone que los emisores de deuda (quienes ofrecen esos títulos que luego compra y vende el individuo para consumir) se endeudarán para obtener rendimientos que le permitirán devolver dinero y mejorar su situación. Simulemos de manera sencilla cómo hace negocios un hipotético banco comercial. En la noción más básica de la actividad bancaria, las entidades reciben depósitos, pagan tasa de interés (pasiva) a los depositantes, cumplen con las regulaciones impuestas por el Banco Central, prestan dinero y cobran una tasa de interés (activa) más elevada. La diferencia de tasas de interés (activa menos pasiva), conocida comúnmente como spread, hará posible que la operatoria sea rentable, sustentable en escenarios estables y, al mismo tiempo, especulativa porque un banco nunca podrá devolver todos los fondos si los depositantes se agolparan para retirarlos.

Hubo conocidos episodios en el que el individuo ahorrador tuvo la posibilidad de acceder a entramados financieros más riesgosos que el especulativo de los bancos. La posibilidad de conseguir "dinero fácil" provisto por la promesa de pago de una tasas de interés más elevada que la de mercado, atrajo la atención de quienes confiaron su dinero a un intermediario reputado. Este diseño no poseía una inversión concreta generadora de rentas, sino que se nutría de los ingresos provenientes de nuevos depósitos. Diseñado de este modo, el programa no sólo no podía devolver el capital invertido (tal como sucede con los bancos), sino que tampoco retribuía rentas originadas en ganancias (a diferencia de los bancos). Si las tasas de interés no embelesaban voluntades para que se sumen al "proyecto", la sobrevida de esa estructura piramidal tenía los días contados. Estos perfiles financieros se conocen como "Esquema Ponzi" que, como señala Kindleberger, "a menudo implican que los ingresos de comisiones por la venta de valores o de cosméticos o suplementos alimenticios son compartidos por los que realmente hacen las ventas con aquellos que los han reclutado (Kindleberger, 2005)".

Ponzi y su esquema. La historia recuerda que el inmigrante italiano Carlo Ponzi, sentado en la puerta de su casa en Boston y sin ningún interés de transformarse en un asalariado por USD 16 a la semana, necesitaba encontrar algún mecanismo que mejorara sus finanzas personales. Se dice que le propuso a su amigo Tony que le preste USD 20 con la promesa de pagarle USD 30 en los siguientes 90 días. Cuando Ponzi cumplió con su palabra, "el codicioso Tony" no sólo "renovó sus votos con Carlo", sino que además le confió todos sus ahorros. Al percatarse del negocio que se estaba perdiendo, Giuseppe también transfirió sus ahorros a Carlo pero no sabía que, en realidad, estaba pagando "los rendimientos de la inversión" de Tony. Como el esquema no se financiaba con rentas provenientes de un negocio real (no había rentas de 50% a tres meses), sino con fondos aportados por ahorristas enceguecidos, su subsistencia dependía de "pedir prestado o bien vender activos para obtener dinero para pagar intereses (Minsky, 1982)". Cuando una auditoría descubrió que no había ningún negocio en Europa como el que Ponzi describía cada vez que se le preguntaba (vinculado al uso de monedas depreciadas para comprar cupones postales que se venderían a valor nominal en Estados Unidos), todos "corrieron" a buscar sus ahorros. En agosto de 1920, Securities Exchange, la compañía que Carlo había fundado en Boston, informó que ya no podía devolver depósitos.

El esquema Ponzi no se financia con rentas originadas en un negocio real, sino con fondos de ahorristas enceguecidos

Ponzi y el financiamiento macroeconómico. Construir "capital real" o "capital financiero" representa todo un dilema para el Gobierno, cuando debe enfrentar los desafíos impuestos por la producción de crecimiento económico y empleo. La construcción de capital real "significa usar los préstamos del exterior para invertir en proyectos que aseguren la participación de las exportaciones netas en el crecimiento del Producto Interno Bruto -PIB- (Kregel, 2006)", mientras que la "construcción de capital financiero" consiste en recrear ambientes de confianza para que la calificación positiva del país en el mercado financiero internacional capte el interés de los ahorristas globales. ¿Cuál es la diferencia entre ambos diseños? En la apuesta por la formación de capital real, las autoridades deberán convencer al mercado de que sus inversiones están aseguradas por exportaciones de bienes y servicios que repagarán los servicios futuros de deuda; en tanto que cuando se opta por la vía del "capital financiero" siempre será necesario persuadir a "Tonys y Giuseppes" acerca de que se seguirán recibiendo préstamos (deuda) para financiar los futuros vencimientos y que nunca habrá incumplimiento de compromisos (default). ¿En qué deberían focalizarse estas autoridades? En demostrar la intención de ser implacables contra la inflación y el déficit fiscal y mostrar que el costo laboral no será un lastre (y que siempre se estará a favor de la flexibilización laboral). El objetivo: mantener bajo el spread de riesgo soberano (riesgo país).

Si se evitaran los "delirios místicos" de algunos políticos, "la construcción de capital real" es especulativa, pero recomendable y sustentable; en cambio, "la construcción de capital financiero" es un "Esquema Ponzi" porque los servicios de la deuda se pagan con más deuda. La existencia de perfiles financieros "especulativo" y "Ponzi", depende de la naturaleza del modelo económico establecido para resolver problemas coyunturales y/o estructurales. Se podría estar temporalmente en "modo Ponzi", pero sería necesario reconocer la exposición al riesgo de una "corrida" contra los bancos o el Banco Central (similar a la que desenmascaró a Ponzi en 1920). Todo endeudamiento sin un modelo capaz de repagar deuda (o con uno que implique reducciones salariales, pérdidas en la distribución del ingreso y conflicto social), dificultará la capacidad de eludir las amenazas lógicas del "Esquema Ponzi". En este aspecto, la experiencia argentina de 1991-2001 debería ser aleccionadora.

¿El endeudamiento actual de la Argentina posee un "perfil Ponzi"? En la medida en que la deuda sea utilizada para estabilizar la economía y no se diseñen actividades generadoras de divisas que al menos repaguen intereses de esos compromisos con el exterior, más allá de que el Banco Central acumule reservas, el perfil es Ponzi. Lo describe el modo en que aumentaron los pasivos del Gobierno Central entre 2016 y 2017, la relativa debilidad de las exportaciones, el fanatismo asociado al culto de la confianza, el entorno "excesivamente amigable" hacia los ingresos financieros de cartera y el destino que se le asignó internamente a esos fondos. ¿La Argentina podría salir del esquema Ponzi? Serán necesarias mejoras productivas y competitivas (sin sacrificios salariales y/o de empleo) que impacten en exportaciones (diversificadas y con valor agregado) y sean gravitantes en la actividad económica, los sectores económicos y las regiones productivas de país. Avanzar en esa dirección requerirá repensar aspectos estructurales claves tales como la reforma tributaria, la distribución del gasto público y los derechos y las obligaciones del empresario como sujeto social.

 

(*) Gustavo Perilli es economista y profesor de la UBA

Twitter: @gperilli