
Tanto su aspecto como su funcionamiento parecen de fantasía tecnológica: una gorra con electrodos que se adhieren a la cabeza, que emite campos eléctricos alternos. Pero es un nuevo tratamiento para el tumor cerebral que mejoró más de dos veces la baja tasa de supervivencia de los pacientes: el 13% de quienes lo usaron junto con la quimioterapia estaba vivo a los cinco años, contra el 5% del grupo que no lo usó.
Aunque muchos médicos se manifestaban escépticos, el método resultó ser el primero que da resultados positivos en más de una década de investigación sobre glioblastomas, una forma muy agresiva de cáncer que tiene un pronóstico malo. No es, sin embargo, una cura.
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El aparato se llama Optune y lo produce la compañía Novocure, que lo comercializa en el Reino Unido, Alemania, Suiza, Japón y los Estados Unidos. Los pacientes cubren su cabeza, que debe estar rasurada, con una serie de electrodos conectados a un pequeño generador que se carga en una bolsa. Se utiliza un mínimo de 18 horas por día y sólo se siente porque emite un calor medio.

Optune no emite corriente eléctrica ni radiación: crea campos eléctricos alternos de baja intensidad que obstruyen la división celular al confundir el modo en que los cromosomas se alinean. Dado que las células cancerosas se dividen con frecuencia, y las cerebrales, no, se supone que el tratamiento ataca a la enfermedad y no al paciente.
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La contraindicación principal es el costo, muy alto: USD 21.000 por mes. Entre los efectos secundarios, que fueron de incidencia mínima, se contaron problemas en el recuento sanguíneo, debilidad, fatiga e irritación de la piel por los electrodos.
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó el uso de este tratamiento contra el glioblastoma en dos ocasiones: en 2011 para pacientes con recurrencias, y en 2014, para los diagnosticados con un primer tumor.
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El nuevo estudio, encabezado por el oncólogo Roger Stupp, del Hospital Northwestern Memorial de Chicago, mostró que la supervivencia promedio de aquellos que recibieron quimioterapia junto con los campos eléctricos fue de 21 meses, contra 16 meses para aquellos que sólo recibieron quimioterapia. A los dos años, las tasas de sobrevida fueron de 43% y 31%; a los tres, de 26% y 16% y a los cinco —máxima esperanza para el glioblastoma—, de 13% y 5% respectivamente.
Actualmente se lo estudia para tratar otras formas de cáncer: de páncreas, de ovario y de pulmón.
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