(The Washington Post)
(The Washington Post)

La entrevista llevaba una hora cuando Taim, un niño delgado y de ojos oscuros, comenzó a inquietarse. Pidió un papel y dibujó lo que se acordaba.

El niño de 8 años dibujó una escena que ocurrió en un parque cercano a su casa. Un lugar en el que jugaba antes de que los hombres barbados con armas tomaran el control de su ciudad. El público en la plaza se había reunido alrededor de dos figuras. Taim las recuerda perfectamente: un hombre con un solo ojo y otro pelado que estaba muy enojado por algo.

"Se lo veía muy enojado", explica mientras dibuja al hombre pelado.  "Tiene agarrado al otro hombre y tiene algo en la otra mano".

"Al hombre le falta un ojo. Ya se lo han quitado, ¿ves?", señala. "Y entonces el otro hombre se para detrás suyo y la cabeza del hombre con un ojo se cae", relata, mientras señala la cabeza que dibuja abajo en su hoja.

"Su cabeza simplemente se cae", repite.

El niño cierra los ojos como tratando de que la imagen se vaya: "No. No quiero recordarlo".

En los últimos dos años, desde la creación del autodenominado califato en Irak y Siria, alrededor de seis millones de personas han vivido bajo el régimen del Estado Islámico. Al menos un tercio de ellos, unos dos millones, son niños menores de 15 años: son los niños del califato.

Se trata de una población profundamente traumatizada: cerebros jóvenes expuestos no sólo a las atrocidades de la guerra, sino a incontables actos de crueldad: desde azotes públicos y amputaciones a ejecuciones en forma de crucifixiones y decapitaciones con las que el Estado islámico ganó notoriedad globalmente.

Hay una docena de campos de entrenamiento para niños del Estado Islámico (The Washington Post)
Hay una docena de campos de entrenamiento para niños del Estado Islámico (The Washington Post)

The Washington Post entrevistó a cinco niños cuyas familias lograron escapar del territorio controlado por el Estado Islámico, incluyendo a Taim, un refugiado sirio entrevistado cerca de su casa temporaria en Europa. El diario también tuvo acceso a videos, reportes y transcripciones con las historias de docenas de chicos con experiencias similares.

Algunos, como Taim, terminaron en las escuelas y campos de entrenamiento del grupo terrorista, donde son alimentados con una dieta ideológica del Estado Islámico y videos sanguinarios. Aislados de sus familias, se les enseña a disparar con rifles y lanzar granadas y son animados a enrolarse como terroristas suicidas, un rol exaltado por los instructores como el llamado más alto para un joven musulmán. Varios de los niños describieron haber sido testigos, e incluso participado, de las ejecuciones de prisioneros.

Los equipos de ayuda humanitaria que trabajan con estos jóvenes describen que las profundas heridas psicológicas en estos niños pueden ser el legado más duradero del Estado Islámico, preparando el escenario para nuevos ciclos de violencia y extremismo muchos años después de que ISIS sea derrotado y borrado del mapa.

"Todos están traumatizados", cuenta Chris Seiple, presidente del Institute for Global Engagement, una organización que trabaja con familias que huyen del Estado Islámico. "Vemos niños que dibujan a integrantes de ISIS rebanando cabezas. ¿Qué puedes hacer ante eso aparte de llorar?".

El dibujo de Taim de una decapitación de la que fue testigo (The Washington Post)
El dibujo de Taim de una decapitación de la que fue testigo (The Washington Post)

Taim tenía seis años cuando militantes de ISIS con sus banderas negras entraron en Raqqa, una ciudad en el norte de Siria. Las calles de la ciudad que se convertiría en la capital del Estado Islámico ya habían visto combates esporádicos desde el comienzo de la guerra civil en 2011. Ahora, con los terroristas a cargo, los combates mermarían, pero el baño de sangre sería cada vez mayor.

"Yo amaba la escuela", recuerda Taim, que tenía la matemática, el arte y deportes como sus asignaturas favoritas. Cuando las fuerzas de ISIS tomaron la ciudad, las clases se suspendieron por algunos meses. Cuando volvieron, todo había cambiado. Los militares estaban presentes en las aulas y controlaban una enseñanza estricta del islam.

Taim recuerda que los maestros dictaban con especial énfasis una historia de la vida del profeta Mahoma en la que el fundador del islam castigaba a un grupo de ladrones de camellos sacándoles los ojos y amputándoles los miembros. La historía parecía ser la advertencia de los castigos crueles que comenzaba a imponer ISIS a quienes cometían diversas faltas como fumar cigarrillos o ser sospechados de ser espías.

Con el tiempo, ISIS remplazó los libros de texto con otros nuevos, escritos y publicados por los terroristas y plagados de propaganda. En ellos, las lecciones de aritmética y y escritura están ilustradas con armas, bombas y tanques. Para los alumnos más grandes, los libros de ciencia e historia glorifican el martirio y describen la creación del Estado Islámico como el logro máximo de la humanidad.

Los libros de texto con los que el Estado Islámico educa a los niños (The Washington Post)
Los libros de texto con los que el Estado Islámico educa a los niños (The Washington Post)

"Están tratando de crear una generación de yihadistas. No sólo tratan de  transmitirles el credo, sino que sean capaces de pelear por él. Se trata de transmitirles a los niños que sólo su perspectiva del mundo es la correcta y todas los demás están equivocadas", explica Jacob Olidort, un analista de esos textos del Instituto de Políticas del Cercano Oriente, con sede en Washington.

Para Taim, una de las lecciones más memorables no estuvo en ningún libro. Era usual que los maestros advirtieran a los niños que debían actuar como informantes y reportarles cualquier comportamiento de sus padres que violase las leyes religiosas o se opusiera al gobierno de ISIS.

Un día, cuenta, los maestros los llevaron a un parque cercano y los pararon frente a un hoyo en la tierra. "Nos advirtieron que si no contábamos cualquier conducta inadecuadas de nuestros padres nos tirarían en ese hoyo".

Los niños aprenden a  manipular bombas (The Washington Post)
Los niños aprenden a  manipular bombas (The Washington Post)

Pero un impacto mayor fue el día que Taim llegó a su casa, empezó a empacar sus cosas y anunció que había sido seleccionado para un campamento de entrenamiento especial para niños. Aunque sus padres tenían dudas, Taim dijo que su deseo era ir y acusó a ellos de "fallarles en su educación religiosa". La madre intentó convencerlo de que podía "rezar en casa", pero no hubo forma. Taim ya estaba convencido de que quería ir al campamento del ISIS.

Se trataba de uno de la docena de campos establecidos en el califato para educar a niños a partir de los 6 años. Algunos llevan el nombre de los líderes y héroes de la organización, incluido Abu Musab alZarqawi, el jordano que fundó el grupo terrorista iraquí que más tarde se llamaría Estado Islámico.

En todos se difunde una gran cantidad de propaganda, que incluye videos de jóvenes en uniformes camuflados, disparando armas, asistiendo a ejecuciones y misiones suicidas.

En los campamentos de ISIS, los niños son adiestrados en el manejo de armas (The Washington Post)
En los campamentos de ISIS, los niños son adiestrados en el manejo de armas (The Washington Post)

"El Estado Islámico seduce a los jóvenes en sus campos de entrenamiento y pone enormes recursos en entrenarlos para la lealtad absoluta y la obediencia", explica Anne Spechhard, experta en violencia extremista y profesara adjunta de psiquiatría en el Georgetown Univeristy Medical Center. "Los campos son la más efectiva línea de producción de terroristas suicidas, porque los niños son los más fáciles de manipular".

"Te enseñan del auto que ya está preparado con bombas y que te tienes que acercar y apretar el botón y explota", recuerda Ibn Omar, que tenía 13 cuando se sumó a un campo de entrenamiento del ISIS en Siria. "Te enseñan que cuando te acercas al auto y presionas el botón, te vas al paraíso".

Taim, de sólo 6 años, no llegó a ese nivel. Pero sí recuerda los videos con los que lo instruían. "Nos mostraban cómo Daesh (ISIS) estaba peleando y decapitando a todos los que se oponían al califato".

Los niños participan de las ejecuciones
Los niños participan de las ejecuciones

A su regreso a Raqqa, la presión para huir del califato fue mayor. El padre de Taim comenzó a ser perseguido, porque sospechaban que había pertenecido antes a una milicia rival del ISIS. La familia juntó el dinero que pudo y huyó de Raqqa sobornando a los distintos controles con los que se toparon en la ruta. Se sumaron al torrente de refugiados que logró pasar a Turquía y seguir camino al norte de Europa.

El miedo a ISIS no los abandona. Su familia pide evitar mayores precisiones de su apellido y residencia actual por temor a represalias.

Aunque Taim trata de adaprtarse a su nueva vida y a sus nuevos compañeros de escuela en Europa, hay momentos en que su madre lo nota solitario, callado, como resignado. Cuando ella le pregunta qué le ocurre, las respuesta es desoladora: "Yo pertenezco a la gente de ISIS ahora".

(Por Souad Mekhennet y Joby Warrick , para The Washington Post.)