La ardilla se acercó con cautela a la GoPro, que estaba tirada en el suelo, encendida. Tras algunos segundos de duda, la tomó y se trepó al árbol más cercano.

Entonces comenzó a grabar la película de su electrizante recorrido por las ramas. Para el espectador es casi como viajar en una montaña rusa, por la velocidad de los movimientos, que por momentos marean.

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Tras dos minutos de filmación, el dueño de la GoPro se dio cuenta de que la ardilla se la había robado. Sin mucho esfuerzo, se la sacó, saludó a la cámara y dio por terminada el filme.