Mike Kentrianakis en 1994. (The Washington Post / Mike Kentrianakis)
Mike Kentrianakis en 1994. (The Washington Post / Mike Kentrianakis)

Nueva York – Se acerca al primer desconocido que encuentra y, con una sonrisa expectante, le pregunta: "¿Sabes acerca del eclipse solar?".

El hombre sacude la cabeza. Mike Kentrianakis está en el Planetario de Hayden ejerciendo la función de emisario de la Sociedad Astronómica Americana y su misión es la de difundir el siguiente mensaje: El 21 de agosto, la Luna pasará entre el Sol y la Tierra proyectando una sombra a través de una franja de los Estados Unidos. El espectáculo será algo que la mayoría de la gente no ha visto.

Carmen Irizarry, profesora de ciencias de Staten Island, camina con sus dos nietas. Ha estado pensando en llevarlas a un lugar donde la Luna bloqueará completamente el Sol durante unos fascinantes minutos. "Les animo completamente a que lo hagan. Es un fenómeno completamente diferente, ni siquiera debería llamarse eclipse, sino algo más", dice Kentrianakis.

Sabe de lo que habla. El hombre ha presenciado 20 eclipses solares en sus 52 años, a base de faltar al trabajo, sacrificar relaciones y gastando la mayor parte de los ahorros de su vida para perseguir la sombra de la Luna a través del globo terráqueo. Su persecución lo ha llevado a una montaña en Argentina, a una selva en Gabón, a un campo de hielo al norte del Círculo Polar Ártico. Ha visto todo los tipos de eclipses que hay que ver y en todos los continentes salvo en la Antártida. El año pasado vio uno desde un avión a más de 10,000 metros de altura sobre el Océano Pacífico. El video de su reacción se volvió viral consolidando el apodo de "loco por los eclipses". "¡Oh, Dios mío!", repite una y otra vez, hasta 21 veces, en el video de unos tres minutos y medio de duración. "¡Es total, es total! ¡Sí!", se le escucha decir.

El eclipse del 21 de agosto será el primero del siglo en cruzar todo el territorio continental de Estados Unidos y es el momento que Kentrianakis ha estado esperando durante toda la vida. Mientras la luna esté recorriendo su órbita alrededor de la Tierra, pasará justo entre nuestro planeta y el Sol, bloqueando completamente la luz del Sol para las personas que se encuentren en la sombra de 112 kilómetros de ancho. En el transcurso de una hora y media, esa sombra seguirá el camino de la luna a través del continente, comenzando en la costa de Oregón y barriendo hasta Carolina del Sur.

Finalmente toda América va a ver lo que ese hombre ha visto durante toda su vida. Después de todo "van a entender" su pasión por los eclipses.

"Si te impacta lo suficiente nunca serás el mismo", afirma Kenrianakis.

El primero que vio fue el 26 de febrero de 1979 en medio de un campo agrícola nevado de Manitoba. Tenía 14 años y se había quedado atrapado por las descripciones de los eclipses que estaban en los libros de astronomía que había tomado prestados de la biblioteca. Así que cuando se enteró de que un equipo de científicos de Nueva York tenía un espacio libre en la expedición para ver el evento desde Canadá, rogó a sus padres que le prestaran USD 400 para el viaje.

"Te devolveré el dinero", les prometió, aunque nunca lo hizo.

Cuando el cielo empezó a oscurecerse, "era algo que no me imaginaba", relata. Los científicos empezaron a gritar entusiasmados como si se tratara de un partido de fútbol de tres minutos. Mientras tanto, Kentrianakis miró enmudecido el lugar donde debía estar el Sol y que, en ese momento, se había convertido en un agujero negro.

"No se veía como en las imágenes de los libros de texto. Era más que eso, estaba la sombra de la luna y no podía comprenderlo todo", cuenta.

Mike Kentrianakis en 2008 en Siberia. (The Washington Post / Mike Kentrianakis)
Mike Kentrianakis en 2008 en Siberia. (The Washington Post / Mike Kentrianakis)

Cuando regresó a Long Island, Kentrianakis estaba obsesionado con eso. Se suscribió a las circulares anuales de la NASA. Compró enorme hojas de pantallas solares para colocar en los telescopios y en las lentes de la cámara para tomar fotos del Sol. Aunque él acabó siendo un productor de noticias después de estudiar en la universidad, y no en un astrónomo como hubiéramos pensado, sí que se convirtió en un elemento clave en la comunidad de cazadores de eclipses que rastrean los movimientos del Sol y la Luna con un fervor casi religioso.

Cada 18 meses, más o menos, las órbitas del Sol, la Luna y la Tierra se alinean formando un eclipse solar total. La Luna, 400 veces más pequeña que el Sol, pero también 400 veces más cerca, bloquea perfectamente la luz de esa estrella y proyecta parte de su sombra en la Tierra. Entre esos eventos están los eclipses anulares, que ocurren cuando la órbita de la Luna lo lleva un poco más lejos de la Tierra, por lo que ya no puede cubrir completamente el sol. En cambio, un débil anillo de luz alrededor de la luna permanece visible en un cielo violeta. Un eclipse lunar sucede cuando la Tierra pasa entre el sol y la luna, bloqueando la luz solar que solemos ver reflejada en la superficie rocosa de la luna (el efecto es menos impresionante que un eclipse de sol, por lo que Kentrianakis no lo persigue).

Toda la información sobre esos eclipses está disponible en línea, pero el hombre aún conserva la copia que compró en 1987. Y el próximo 21 de agosto no se perderá este espectáculo.