A pesar de lo extravagante que puede parecer en el siglo XXI, la construcción de pueblos artificiales para arrojar una bomba nuclear sobre ellos era algo relativamente habitual en los años 50. En el contexto de la Guerra Fría, la posibilidad de sufrir un ataque de estas características estaba a la orden del día y era necesario prevenir.
Los Estados Unidos crearon en 1951 el Nevada Test Site para hacer este tipo de pruebas. El objetivo era tener una medida precisa del impacto que podía causar una bomba atómica en su territorio.
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El costo total de la construcción del falso pueblo que se ve en las imágenes ascendió a un millón de dólares. Con los maniquíes, lo que se buscaba era ver quiénes podrían sobrevivir y quiénes no, dependiendo de la distancia a la que se encontraran del estallido.
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Una bomba interrumpió a un periodista en medio de un informe en Siria https://t.co/i7bMMPVZF5 pic.twitter.com/Zim4jTzBvW
— Infobae América (@InfobaeAmerica) August 5, 2016
Lo mismo ocurría con las casas. La intención era ver qué materiales podían resistir mejor. Las latas de comida, por ejemplo, eran luego examinadas para medir el grado de contaminación.
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