
No hay profesores. Ni personal administrativo. Los estudiantes tomaron el control en cientos de escuelas en todo el país, en un acto de rebelión contra los recortes presupuestarios del Gobierno.
Las tomas empezaron a comienzos de octubre y se expandieron a 19 estados, en una ola de resistencia juvenil a las políticas de austeridad del nuevo presidente, Michel Temer, quien enfrenta la titánica tarea de sacar a la economía más grande de América Latina de una profunda recesión marcada por un enorme déficit.

En la escuela secundaria el Colegio Pedro II – Humaita II de Río de Janeiro, unos 50 estudiantes duermen en sus instalaciones todas las noches y otros 100 se suman durante el día para asistir a clases de yoga y de baile, disertaciones y obras teatrales que ellos mismos montan.
Un día reciente, un disertador les dio una clase de atracción gravitacional. Otros estudiantes deambulaban por los pasillos o se reunían en la cafetería para pelar papas para el almuerzo.

Los estudiantes armaron su propia biblioteca en una mesa llena de traducciones al portugués de libros de Harry Potter y volúmenes de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
Sus quejas se enfocan en la reforma educativa que plantea Temer y en la posible reducción del presupuesto educativo como parte de sus esfuerzos por controlar el gasto.
"La educación pública ya de por sí es muy mala", afirmó Julia Couto, de 16 años y quien se propone estudiar Literatura en la universidad. "¿Cómo es posible que el Gobierno reduzca más el presupuesto?", preguntó.

Temer asegura que esa no es su intención, que los recortes los hará en otras áreas. Pero criticó a los estudiantes, diciendo que sus tácticas equivalen a "tirar un neumático viejo en la ruta para detener el tráfico".
La reforma educativa haría que fuesen opcionales materias que antes eran un requisito, como arte y educación física. También alargaría la jornada escolar, algo que según los estudiantes no hará nada por mejorar la calidad de la educación.
La creciente movilización de un sector que rara vez se mezcla en la política plantea "una primera prueba grande para el gobierno de Temer", de acuerdo con Mónica de Bolle, del Peterson Institute for International Economics.

La Unión de Estudiantes Secundarios dice que se han ocupado unas 1.000 escuelas.
Uno de los rostros del movimiento es Ana Julia Pires Ribeiro, de 16 años, que el mes pasado habló ante la Legislatura del estado de Paraná y acusó a los legisladores de abdicar sus responsabilidades hacia los jóvenes.
El video de los legisladores gritándole cosas y del presidente de la Asamblea amenazando con silenciar su micrófono ha circulado profusamente en las redes sociales.

En una entrevista con The Associated Press, Ribeiro dijo que el que se logre frustrar la reforma o no es secundario. Lo importante, sostuvo, es la concientización que se ha generado entre los estudiantes con miras a futuras batallas.
"Si no presionas, nunca vas a conseguir nada", afirmó. "Nuestras escuelas tienen demasiados estudiantes, no funcionan bien. No están a la altura de los desafíos y las realidades de nuestro país".
Se espera que el Senado apruebe un límite para el gasto el 29 de noviembre y mande el proyecto a la Cámara baja. Los estudiantes prometen realizar manifestaciones en la capital ese día.

Leandro Beguoci, jefe de redacción de la revista educativa Nova Escola, dijo que los estudiantes ya consiguieron muchas cosas. "Por primera vez en mi vida, veo que la educación es una parte central del debate nacional en Brasil", manifestó.
Esto parece ser parte de una participación en la política más generalizada, según de Bolle, quien también enseña en la Johns Hopkins' School of Advanced International Studies.
La destitución de la presidente Dilma Rousseff y un creciente escándalo de corrupción gubernamental se combinaron para "hacer que el nivel de escrutinio de lo que haga este gobierno sea mucho más alto que hace cinco años, por dar un ejemplo", dijo de Bolle.
Se espera que Temer, que fue vicepresidente de Rousseff y la reeamplazó en la presidencia, no tenga problemas para hacer aprobar los proyectos educativo y de gastos. Pero es previsible que le cueste más sacar adelante otros planes importantes, como la reforma jubilatoria.

Los estudiantes han dejado en claro que van a estar atentos y vigilantes.
"Aprendes más de política en una semana de ocupación de la escuela que en cinco años de clases", declaró Degvison Sousa, de 19 años y quien participó en la toma de una escuela en Río. "Ahora los jóvenes saben que pueden forzar cambios".
Peter Pregaman y Sarah DiLorenzo para Associated Press
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