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Tras su rotunda victoria en las elecciones del pasado 27 de mayo, el ex jefe del ejército egipcio Abdel Fatah al Sisi prestó este domingo juramento como nuevo presidente de ese país, en una ceremonia que no contó con la presencia de líderes occidentales. La asunción se celebró a menos de un año de la destitución de su predecesor, el islamista Mohamed Mursi.

"Juro en nombre de Dios todopoderoso preservar el sistema republicano, proteger la ley y la constitución para velar por los intereses de la población, y preservar la independencia de la nación y su integridad territorial", recitó Al Sisi ante los jueces de la Corte Constitucional, en una ceremonia retransmitida por televisión.

Tras jurar su cargo, el nuevo presidente de Egipto abandonó muy custodiado la corte, donde decenas de seguidores reunidos agitaban banderas en el exterior.

La jornada continuará con una recepción en el palacio presidencial con pocos dignatarios extranjeros y la presencia de varios representantes de las monarquías árabes del Golfo Pérsico, como el rey de Jordania y tres presidentes africanos.

Al Sisi ya ejercía "de facto" como jefe de Estado, después de derrocar y detener el pasado 3 de julio a Mursi, primer presidente elegido democráticamente en el país.

Estados Unidos no envió a ningún responsable de alto nivel a las ceremonias para mostrar su descontento con la evolución del proceso democrático en Egipto. El encargado de encabezar la delegación estadounidense es Thomas Shannon, actual asesor del secretario de Estado John Kerry.

La Unión Europea (UE) envió por su parte a sus embajadores acreditados en El Cairo. La mayoría de los países, en tanto, se limitaron a felicitar al nuevo presidente tras la elección.

Las autoridades egipcias declararon este domingo día festivo para los funcionarios públicos para que puedan participar en las celebraciones.

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Elecciones tras la brutal represión

El mariscal, quien se retiró del ejército para participar en los comicios de finales de mayo, ganó sin sorpresas con el 96.9% de los votos frente a su único rival, el líder de izquierda Hamden Sabahi.

Al Sisi tomó el poder después de que millones de egipcios salieran a las calles para reclamar la partida de Mursi, quien llevaba un año en el poder.

Desde la destitución y detención del presidente islamista, las autoridades reprimen con mano dura las voces disidentes y con el apoyo de gran parte de la sociedad.

Varias ONG de defensa de derechos humanos denunciaron que el régimen liderado por el flamante presidente egipcio es "aún más autoritario" que el del presidente derrocado en 2011, Hosni Mubarak, quien gobernó con mano férrea el país durante casi tres décadas.

Los partidarios de Mursi han sido las principales víctimas de la implacable represión lanzada por el nuevo hombre fuerte de Egipto, que ha dejado más de 1.400 muertos y cerca de 15.000 detenidos, cientos de ellos condenados a muerte tras la celebración de juicios colectivos.

El gobierno, para justificar la brutal represión, ha invocado la "guerra contra el terrorismo", al destacar las decenas de atentados contra las fuerzas de seguridad desde la destitución de Mursi.

Tanto los Hermanos Musulmanes -el movimiento del ex presidente islamista- como otros grupos opositores habían llamado al boicot de estos comicios, en los que el régimen aspiraba a ganar legitimidad movilizando masivamente a la población, algo que no consiguió.