Buscar en Infobae

Política domingo 02 de febrero 2014

Correa, el presidente socialista que tiene al dólar como moneda

Dario Mizrahi

Por: Dario Mizrahi dmizrahi@infobae.com

Desde que llegó al poder en 2007, el mandatario siguió en Ecuador los pasos de Hugo Chávez en Venezuela, pero con una dolarización que le puso límites a su "revolución"

domingo 02 de febrero 201413:33
Crédito: AFP

Poco tiempo después de asumir la presidencia del país, el 15 de enero de 2007, el hasta entonces reconocido economista Rafael Correa empezó a hacer muchas de las cosas que ya había hecho Chávez al llegar al poder, en 1999.

Desde un primer momento, inscribió su "revolución ciudadana" en el marco del "socialismo del siglo XXI" pregonado por el líder venezolano.

Como primera medida de fondo, convocó a una Asamblea Constituyente y sancionó una nueva constitución. Entre otras cosas, la nueva carta magna disolvió el Congreso de la Nación y creó -igual que en Venezuela- un parlamento unicameral, la Asamblea Nacional.

Como le ocurrió a Chávez, a medida que avanzaba su mandato iban recrudeciendo sus ataques a la prensa opositora. Hasta que, siguiendo los pasos de otros países de la región, sancionó una nueva Ley de Comunicación, que establece peligrosas restricciones a la libertad de prensa. Por citar un caso, esta semana fueron sancionados el caricaturista Xavier Bonilla y su medio, El Universo, por publicar un dibujo en el que denunciaba el encubrimiento de la corrupción por parte del poder político.

Ninguna de estas prácticas fueron inventadas por Correa ni por Chávez. Son las versiones contemporáneas de los populismos clásicos, que en todos los casos tienen características muy similares. Gobiernos que se asumen como emanaciones del pueblo, que por eso consideran enemigos de la patria a todos los que se oponen a sus políticas, y que se proponen refundar completamente sus países.

Como para hacer realidad esas grandes gestas necesitan dinero, suelen aumentar el gasto público y acelerar el ritmo de emisión monetaria hasta niveles insostenibles en el tiempo.

Por eso muchos de estos gobiernos terminan con una inflación galopante. Las inversiones externas disminuyen y las empresas fugan capitales.

¿La solución a todos esos problemas? Controles de precios, de importanciones y de cambios, que lo único que consiguen es agravar más el problema: aumentar la inflación, la salida de dólares y el desabastecimiento.

La Venezuela de Chávez y Maduro, y en menor medida la Argentina de Néstor y Cristina Kirchner, siguieron caminos similares y hoy atraviesan serias crisis cambiarias. Pero el Ecuador de Correa, a pesar de todos los parecidos en el plano político, por el momento está exento de esos problemas. ¿Por qué?


La política económica de Rafael Correa

"Correa recibió una economía con abundante cantidad de recursos derivados del petróleo, que representa cerca del 60% de las exportaciones, y que subió de 57 dólares por barril en 2007, a un techo de 140 dólares en 2008, promediando por encima de los 80 dólares. Junto con una importante liquidez internacional, pudo destinar recursos hacia la inversión pública y obtener buenos resultados económicos en 2008 y en 2011, creciendo por encima de 7%", explica a Infobae el economista Fausto Ortiz, que fue el segundo ministro de Economía y Finanzas de Correa, pero que renunció en 2008 por diferencias.

La gran cantidad de recursos con los que contó no estuvo acompañada de un manejo ordenado de las cuentas. "El peso del gasto público estaba alrededor del 21% en 2007, luego subió al 27% y actualmente está en 47 por ciento. Ha duplicado el gasto en relación al tamaño de la economía y ha incrementado los subsidios, que ya representan el 7% del PIB. Eso compromete las finanzas públicas", dice el economista Mauricio Pozo, ex ministro de Economía y Finanzas entre 2003 y 2004, en diálogo con Infobae.

"Durante los dos primeros años de gobierno se acostumbró a los precios altos y crecientes del petróleo. Pero a pesar de que luego se estabilizó el valor del barril, los gastos siguieron aumentando. Entonces inició un proceso de endeudamiento para compensar", agrega.

Al igual que sus aliados regionales, renunció a pedir prestado a los organismos multilaterales de crédito para no tener que rendir cuentas de sus actos. En cambio, acudió a China, que ofrece un financiamiento sin tantas condiciones, pero mucho más caro.

"El riesgo es la no acumulación de ahorro en dólares, lo que deja al país vulnerable frente a la amenaza de un choque externo, como el de 2008, cuando las reservas descendieron a 4 mil millones de dólares", explica Ortiz.

Otro efecto del gasto público desordenado fue la profundización del déficit comercial. "No ha atacado el problema de raíz -dice Pozo-, que es la cuestión fiscal, y comenzó con el control de las importaciones y el impulso a un modelo de sustitución que nunca dio resultado en la región".

Como consecuencia de muchas de estas medidas, las inversiones extranjeras, que siempre fueron marginales en Ecuador, pero que en los últimos años crecieron exponencialmente en América Latina, se mantuvieron en niveles muy bajos. No superan los 600 millones de dólares anuales, mientras que en países como Perú y Colombia son de 15.000 y hasta 18.000 millones de dólares.

"Además -continúa Pozo-, hay una presencia del Estado en casi todas las actividades productivas, y los espacios que va dejando al sector privado se han visto cada vez más cerrados. Si bien se generó empleo, en gran medida ha sido por el crecimiento de la burocracia estatal".

Hasta aquí, bastante parecido al camino trazado por Chávez en Venezuela y Kirchner en la Argentina. Pero hay una diferencia sustancial.


El límite de la dolarización

A pesar de su discurso socialista y contrario a los Estados Unidos, Correa no ha modificado una de las herencias del "neoliberalismo": la dolarización.

En medio de una crisis económica sin precedentes, el gobierno de Jamil Mahua decidió poner fin a los 116 años de vigencia del sucre el 9 de enero de 2000, y establecer como moneda oficial al dólar estadounidense.

"Correa no ha cambiado nada en términos monetarios ni cambiarios -dice Ortiz-. Cuando analizaba la dolarización como académico señalaba que fue un grave error, pero que abandonarla sería más grave aún, y aunque no esté de acuerdo, sabe que no lo puede cambiar. Entonces, uno encuentra a un presidente que se dice socialista, apalancando un sistema dolarizado que le ha permitido tener estabilidad económica".

La principal razón por la que parece imposible que alguien se anime a poner fin a la dolarización es que el 95% de los ecuatorianos está a favor de ella, porque por primera vez tienen confianza en su moneda y saben que en un año va a tener el mismo valor que hoy. El problema es que le establece serios límites a los deseos de control de un Gobierno como el de Correa.

Ese freno es, junto a su formación académica, la principal diferencia con la Venezuela de Chávez y Maduro. "En lo político, el discurso es muy similar al de Venezuela -continúa Ortiz-, pero en lo económico hay muchas diferencias. Principalmente porque hay menos decisiones que tomar, ya que las políticas monetaria y cambiaria están limitadas al no tener moneda propia ni un banco central activo. Ecuador está más acotado que sus vecinos, que como deben tomar más decisiones, tienen más probabilidades de equivocarse".

"La dolarización ha salvado a la economía de las crisis políticas que hemos tenido en Ecuador. Entre 2000 y 2006 el país tuvo cinco presidentes, lo que en otro tiempo hubiera generado inflación, devaluación y otros problemas. Pero el dólar ha actuado como una suerte de blindaje para la economía de los vaivenes políticos, y ha puesto un freno a los gobiernos al impedirles financiar sus desequilibrios vía impresión o devaluación. Eso permitió a Ecuador mantener tasas de inflación bajas", explica Pozo.

El interrogante es qué pasaría si la situación se complicara y empeorase el panorama internacional o bajara el precio del petróleo. "En el último tiempo el dólar se ha apreciado, lo que le quita competitividad a la economía ecuatoriana. Si esto se acentuara, el Gobierno podría verse impulsado a cambiar el sistema cambiario, pero no lo veo posible en el corto plazo y, en cualquier caso, sería muy complicado", dice Pozo.

"Si el precio del petróleo no crece, pero tampoco se derrumba, y Ecuador tiene acceso a financiamiento internacional, aunque sea caro, no veo riesgos para el próximo año. Pero como se vienen acumulando desequilibrios, en un plazo más largo de dos o tres años pueden presentarse problemas", concluye.

Comentarios