Una diferencia mínima en cómo se abre una clase de educación ambiental —si la naturaleza se presenta como fuente de beneficios para las personas o como un sistema valioso en sí mismo— produce resultados de aprendizaje distintos y medibles en alumnos de primaria, según un estudio publicado en la revista Ecological Economics por investigadores de la Universidad de Kyushu, en Fukuoka, Japón. Es la primera investigación que demuestra empíricamente que el encuadre ético en la educación ambiental influye en los resultados de los estudiantes.
El experimento fue diseñado como un ensayo controlado aleatorio en las 21 escuelas primarias públicas de la ciudad de Kushiro, en la isla de Hokkaido, sede del humedal más grande de Japón y su primer sitio Ramsar. El equipo, liderado por Akinori Kitsuki, profesor asociado de la Facultad de Artes y Ciencias de Kyushu, sometió a prueba dos versiones de una misma clase de 45 minutos sobre conservación local. El contenido era idéntico en ambos casos, salvo la introducción, que planteaba una sola pregunta: ¿por qué proteger el humedal de Kushiro?
En la versión antropocéntrica, los estudiantes discutían qué beneficios brinda el humedal a las personas: agua potable, protección contra inundaciones, oportunidades recreativas. En la versión ecocéntrica, la discusión giraba en torno a las interconexiones entre las criaturas que habitan el humedal (desde salamandras siberianas hasta grullas) y por qué esa red de vida tiene valor en sí misma, independientemente de su utilidad para los humanos.
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El resto de la clase, incluyendo una sección sobre la amenaza que representa la expansión de paneles solares en los alrededores del humedal, era exactamente igual en ambos grupos.
Una semana después de la clase, los investigadores realizaron una encuesta de seguimiento con 407 estudiantes (163 del grupo antropocéntrico y 244 del ecocéntrico) y 355 padres. Solo los alumnos que recibieron la versión antropocéntrica mostraron una mejora estadísticamente significativa en su interés por el medio ambiente; los del grupo ecocéntrico no registraron ningún cambio.
El estudio también midió el sentido de responsabilidad y el locus de control —la percepción de la propia capacidad de influir en el entorno— y encontró que el grupo antropocéntrico mejoró en su sentido de responsabilidad, aunque ninguno de los dos grupos mostró cambios en sus orientaciones de valor hacia la naturaleza, medidas con la escala 2-MEV.
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“Sinceramente, no esperaba que una diferencia tan pequeña en la forma de contar historias pudiera generar una brecha tan clara y cuantificable”, admitió Kitsuki en declaraciones recogidas por la Universidad de Kyushu. “Una posible explicación es que una historia centrada en el ser humano conecta con algo cercano a la vida de los niños, reduciendo la distancia psicológica entre ellos y su entorno”, añadió.
El mecanismo que los investigadores proponen para explicar el resultado es precisamente esa distancia psicológica: cuando la naturaleza se presenta en términos de beneficios concretos y familiares para el alumno, el problema ambiental se vuelve más cercano y, por tanto, más relevante. El encuadre ecocéntrico, que apela al valor intrínseco de ecosistemas y especies, exige un nivel de abstracción mayor que puede resultar más difícil de conectar con la experiencia cotidiana de niños de entre 9 y 12 años.
El estudio también analizó si los efectos de la clase se extendían a los padres de los alumnos. El encuadre ético no produjo diferencias entre los grupos de padres, pero sí se detectó un efecto de aprendizaje intergeneracional: independientemente de la versión que hubieran recibido sus hijos, los padres reportaron mayor interés ambiental y una percepción más reflexiva sobre los impactos económicos y ecológicos de la expansión solar alrededor del humedal.
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Los investigadores interpretan esto como evidencia del potencial de la educación ambiental escolar para influir en las actitudes de los adultos a través de los niños. Kitsuki fue explícito en señalar que los resultados no deben interpretarse como una validación ética del antropocentrismo sobre el ecocentrismo. Reconocer el valor intrínseco de la naturaleza sigue siendo fundamental para la conservación a largo plazo.
El riesgo que identifica el estudio es que los docentes, al priorizar el interés inmediato de los alumnos, adopten de forma inconsciente el encuadre antropocéntrico sin advertir que están descartando una perspectiva igualmente necesaria. “La ética ambiental rara vez se aborda en la formación docente, sin embargo, la perspectiva ética que eligen los educadores es fundamental para el diseño de sus clases”, señaló el investigador.
El estudio tiene limitaciones reconocidas por los propios autores: la intervención consistió en una sola clase y el seguimiento se realizó apenas una semana después, por lo que los efectos a largo plazo permanecen desconocidos. Además, el experimento se realizó en un contexto geográfico y cultural específico —una ciudad japonesa donde los valores de armonía con la naturaleza tienen cierto peso cultural— y los resultados podrían variar en sociedades con orientaciones más antropocéntricas de base o en entornos rurales donde la naturaleza forma parte más directa de la vida cotidiana.
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