El partido de la semifinal del Mundial 2026 fue un antes y después para la selección argentina. El equipo dirigido por Lionel Scaloni se enfrentó a Inglaterra por un lugar en la fnal del mundo y, tras la victoria del seleccionado albiceleste, una bandera blanca con letras negras que decía “Las Malvinas son Argentinas” fue lanzada desde la tribuna y sirvió como un reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas. A raíz de esto la FIFA inició una investigación y que hoy, viernes 21 de agosto, se dieron a concer las consecuencias.
En este contexto, Ricardo Mollo, el cantante y guitarrista de Divididos, en el Teatro de Flores, sacó a relucir una réplica de la bandera. Alguien del público lanzó la bandera al escenario durante el show número 185 de Divididos en ese recinto, en el marco de la celebración de los 38 años de la banda. Mollo la recibió, la desplegó frente al micrófono y habló.
La primera capa de sus palabras era el reclamo de soberanía que la bandera ya enunciaba por sí sola. “Malvinas son argentinas”, dijo. Esa parte era esperable, casi inevitable dado el contexto. Lo que siguió fue distinto. “Pero la República Argentina también es Argentina. Ojo”, agregó el músico, y la conjunción adversativa fue el núcleo de todo. No alcanza con reclamar las islas si el país que las reclama necesita ser defendido también desde adentro.
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Para sostener esa distinción, Mollo recurrió a Arturo Jauretche. El pensador argentino, autor de El Manual de Zonceras Argentinas, sostenía que la dependencia del país no se explica únicamente por la presión de las potencias extranjeras, sino por la complicidad de sectores locales que operan en su favor.
Mollo tomó esa idea y la proyectó sobre el presente con una precisión que la sala recibió de inmediato: “No son ingleses, desgraciadamente, como dijo Arturo Jauretche: no es el gringo, es el criollo”.
La frase de remate fue la más directa de la noche. Mollo la construyó sobre el canto que los hinchas argentinos repiten en cada partido de la selección y le torció el sentido hasta convertirlo en una acusación: “Así que guarda: el que no salta es un inglés, pero tenemos unos criollos que nos están haciendo pelota”.
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La bandera original tuvo un origen tan precario como deliberado. Su autor tiene 33 años, es del barrio porteño de Villa Luro y prefiere mantener el anonimato para evitar problemas con las autoridades de seguridad de Estados Unidos. Le hizo llegar sus mensajes a Infobae. “La bandera la hicimos el mismo día del partido. Fuimos a un Home Depot y compramos una pintura barata y un pincel, no gastamos ni USD 10”, contó.
No hubo tela especial ni tiempo para buscar materiales más adecuados. Tomaron la sábana de la cama del hotel, la cortaron por la mitad y la tiraron en el piso. Ahí la pintaron. La consigna era simple: un mensaje visible, directo y reconocible, que llegara a los jugadores en el partido más cargado de historia del torneo. “La idea surgió para llevar el mensaje que todos los argentinos sentimos, y más en este partido tan importante”, explicó.
La organización del torneo había prohibido el ingreso de cualquier pancarta con referencias al conflicto de Malvinas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había advertido en la previa que habría controles especiales para impedir alusiones a la guerra de 1982. El grupo lo sabía y actuó en consecuencia. “La pude meter en mis partes íntimas, la doblé todo lo más que pude y entramos”, fue la solución que encontró para poder ingresarla al estadio.
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Faltaban cinco minutos para el final del partido cuando un efectivo de seguridad advirtió la situación e intentó retirarlos. En medio de la discusión, cuando les avisaron que iban a buscar a un policía, el grupo tomó una decisión: sacrificar la bandera antes de que se la quitaran.
Para que no perdiera vuelo al cruzar el aire, envolvieron una botella de plástico en su interior y la lanzaron hacia el campo. La sábana viajó enroscada y cayó cerca del área.
Lo Celso fue el primero en acercarse. Sin saber todavía qué decía, la desplegó. Enseguida se sumaron Cristian Romero y Lisandro Martínez. Los tres sostuvieron el mensaje ante la tribuna y las cámaras, y lo tendieron sobre el césped. “Yo se la tiré a Montiel y él la agarró y se la pasó a Lo Celso, que la mostró primero”, precisó el autor.
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