La inteligencia artificial (IA) ha transformado múltiples áreas de la medicina, desde el diagnóstico temprano de enfermedades hasta la optimización de procesos clínicos. No obstante, uno de los errores más graves que se puede cometer en el sector de la estética es usar fotos hechas con IA para prometer resultados antes de una cirugía.
Esta práctica, lejos de ser una herramienta informativa, plantea riesgos éticos, legales y sanitarios que distintas sociedades científicas han comenzado a señalar con preocupación.
El uso de simulaciones algorítmicas que aseguran un resultado futuro vulnera la confianza en el acto médico. Puede inducir a los pacientes a tomar decisiones basadas en expectativas irreales o falsas.
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Por qué no se debe usar IA para prometer resultados antes de una cirugía estética
La International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS) y sociedades médicas nacionales recuerdan que la cirugía plástica constituye una “obligación de medios, no de resultados”. Esto significa que el cirujano se compromete a usar todos los recursos y conocimientos disponibles, pero nunca puede garantizar un resultado específico.
“Es muy difícil prometer un resultado a través de una imagen generada con IA”, advierte Caio Silva, Gerente de Mercadeo para Latam en Galderma. Mostrar imágenes generadas por IA como un resultado posible vulnera la ética médica porque comercializa una promesa que ningún profesional está en condiciones de asegurar.
Además, la situación es aún más delicada cuando se observa que numerosas revistas y sociedades científicas han prohibido expresamente el uso de IA generativa para alterar o crear imágenes quirúrgicas. Esta medida busca frenar la desinformación y proteger tanto a los pacientes como a la profesión.
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Qué consecuencias legales hay por mostrar fotos con IA en la práctica médica
El consentimiento informado es uno de los pilares del acto médico. Para las autoridades de salud, si un paciente decide operarse guiado por una simulación irreal generada por inteligencia artificial, dicho consentimiento queda viciado.
Legalmente, el paciente no aceptó los riesgos del procedimiento real, sino las expectativas de una imagen algorítmica falsa. “Hay un riesgo por legalidad para los médicos. La gran mayoría de los consejos no permite que los doctores prometan resultados para sus pacientes”, señala Silva.
En este contexto, cualquier reclamación por insatisfacción podría derivar en conflictos legales, porque el paciente podría argumentar que la decisión fue influida por expectativas irreales.
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Cuáles son los riesgos sanitarios de prometer cambios estéticos con fotos con IA
El uso de imágenes alteradas puede conducir a procedimientos inadecuados o no indicados. Las diferencias individuales, como la calidad de la piel, la respuesta biológica y otros factores, hacen imposible predecir con exactitud el resultado de una cirugía.
El dermatólogo Boris Sánchez subraya que “estos son procedimientos médicos que requieren un conocimiento científico desde la anatomía hasta los dispositivos y herramientas inyectables”.
La falta de formación adecuada y la presión por cumplir expectativas irreales pueden generar complicaciones e incidentes en clínicas estéticas, lo que ha motivado a sociedades y autoridades a reforzar los controles y la transparencia.
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Qué papel asumen las sociedades científicas y las instituciones ante el uso de IA
Las sociedades científicas han respondido con mayor rigor ante el auge de imágenes alteradas por inteligencia artificial en la promoción de cirugías estéticas. Según la normativa de la ISAPS y otras entidades, la prohibición es clara: no se permite el uso de IA para crear imágenes de supuestos resultados quirúrgicos.
La vigilancia institucional y el fortalecimiento de los protocolos éticos buscan evitar la desinformación y proteger la integridad de la práctica médica. “Lo más importante es que estos son procedimientos médicos. Tiene que realizarlo un especialista en medicina estética”, explica Sánchez.
Asimismo, la responsabilidad profesional incluye informar con veracidad y evitar promesas que no tienen respaldo científico, especialmente cuando la tecnología puede inducir a error.