Eran jóvenes, ricos y se creían superiores: mataron para probar que podían cometer el crimen perfecto y dejaron una pista inesperada
Richard Loeb y Nathan Leopold Jr., de 18 y 19 años, secuestraron y asesinaron a Bobby Franks, un chico de 14 años, con el único fin de llevar adelante un plan macabro sin ser descubiertos. Mataron por placer, para sentirse superiores. El 10 de septiembre de 1924, el juez John Caverly los condenó a prisión perpetua y 99 años de cárcel por el rapto