La calidad de la semilla es uno de los primeros factores que define el resultado de un cultivo de soja, aunque ese aspecto central muchas veces se evalúa tarde o de manera incompleta.
Para los especialistas del INTA, conocer el estado real de las semillas permite anticipar problemas, ajustar decisiones y asegurar que el cultivo arranque con el potencial necesario.
En ese proceso, la viabilidad aparece como un dato clave. Saber si las semillas están vivas y en condiciones de originar una nueva planta no solo ordena el manejo, también define el destino de cada lote.
Cuando esa información se obtiene a tiempo, permite evaluar su aptitud para la siembra o su capacidad de conservación.
La viabilidad como base del cultivo
Este indicador permite determinar si las semillas que integran un lote están en condiciones de iniciar un nuevo ciclo agrícola. Según explicó Carina Gallo, especialista en semillas del INTA Oliveros, la viabilidad expresa la condición de “estar vivas” de cada una de las semillas.
Para que una semilla logre establecer una planta en el campo, sus estructuras embrionarias deben encontrarse íntegras y saludables.
Cuando esto no ocurre, aparecen fallas de implantación, pérdidas de plantas o nacimientos desuniformes que condicionan el rendimiento final del cultivo.
Una herramienta que revela el estado interno
El diagnóstico se realiza mediante la Prueba Topográfica por Tetrazolio, una técnica utilizada en laboratorios de semillas que permite identificar qué proporción del lote conserva capacidad de generar plántulas. El resultado se expresa como porcentaje de semillas viables y funciona como una referencia directa del potencial de siembra.
Según Gallo, este análisis brinda mucha información y se convierte en una herramienta valiosa para monitorear la calidad de los lotes durante todo el proceso. Además de indicar si las semillas están vivas, permite evaluar su estado físico y fisiológico.
Daños que condicionan la implantación
A partir de patrones específicos en los tejidos, la prueba permite estimar el vigor y detectar distintos tipos de daños. Entre los más frecuentes aparecen los mecánicos, generados durante la cosecha, el transporte o el manipuleo, que afectan la integridad de la semilla.
También se identifican daños provocados por insectos, condiciones del ambiente de producción o malformaciones de origen genético. Cada uno deja señales específicas que permiten comprender qué ocurrió con el lote.
En soja, un valor mínimo de 90 % de semillas viables indica que este atributo es determinante, ya que sin ese nivel no se pueden esperar buenos valores de germinación ni de vigor.
Evaluar la viabilidad antes y después de la cosecha permite asegurar la calidad de la siembra y sostener el potencial productivo desde el inicio del ciclo.
Fuente: Inta