“Quizá alguna vez estuve con una chica. Nunca lo conté. Uno tiene que probar en la vida. Yo estaba terminando el colegio, creo que tenía 19 años, por ahí. Y ella también. Había que probar y la verdad, muy bien. Pasó una vez y listo. Nunca más”, recordó Julieta Castro en una charla en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Juli es influencer, creadora de contenido y artista. Su presencia se destaca en redes sociales como TikTok, Instagram y YouTube, donde comparte contenidos de baile, canto, actuación y moda. Hija de la bailarina Momi Giardina y de Diego Castro, actor, director, guionista y productor argentino, inició su actividad digital desde temprana edad, lo que le permitió construir una comunidad de seguidores y dar el salto a la televisión.
Su participación en Bailando 2023 la posicionó como una de las revelaciones del certamen por su carisma y desempeño artístico. Durante el último año incursionó en la ficción y el teatro, participando en producciones audiovisuales —incluida una serie internacional— y en el espectáculo Playback, una somos dos, donde exploró un registro más performático y escénico. Además, forma parte del equipo de Patricia y Familia en Luzu TV.
Actualmente está en pareja con el influencer Fausto Bo. La relación se oficializó a principios de 2025 tras una romántica propuesta, y ambos suelen compartir contenido en redes sociales, donde se muestran muy enamorados.

El millón, las raíces y la importancia de la abuela
La familia ocupa un lugar central en la vida de Julieta. Desde pequeña, forjó un vínculo especial con su abuela materna, a quien define como su persona favorita. El deseo de cuidar y acompañar a sus seres queridos se refleja en sus sueños. “Una parte del millón va toda para familia, amigos, que lo quiero guardar para viajes, para comprarle una casa a mi abuela y para compartir en familia. Soy muy familiera yo. Me tira la familia y me tiran los amigos”, confesó.
La convivencia entre sus abuelos maternos, separados pero bajo el mismo techo, motivó uno de sus anhelos más concretos. “Me encantaría que tenga cada uno su casa porque esta convivencia no va más. Así que eso para la abuela”, explicó.
La relación con su abuela trasciende lo cotidiano y se convierte en complicidad y compañerismo. Juntas comparten viajes, salidas al teatro y escenas familiares llenas de humor. “Somos muy compinches, muy amigas, así que hago todo con ella. Nos hicimos un viaje a México y una noche nos fuimos de rumba las tres”, contó, refiriéndose también a su madre.
El humor y la autenticidad marcan la dinámica de estas mujeres. La abuela es protagonista en videos y anécdotas familiares. A sus 80 años, mantiene una vitalidad que sorprende. “Vos la ves y es una pendejita de 22”, agregó.
Experiencias personales y descubrimiento sexual
—Si tuvieras que confesar un secreto de tu vida privada, ¿cuál sería?
—Yo soy muy ventilador (risas). Cuento todo, todos los días. Pero algo que la gente no sabe de mi… es que… quizás alguna vez estuve con una chica. Nunca lo conté. Pero uno tiene que probar en la vida.
—¿Qué edad tenías?
—Y yo estaba terminando el colegio, creo que 19 año, por ahí.
—¿Y ella?
—Y ella también, lo mismo.
—¿Eran compañeras de colegio?
—No, compañeras no. Amigas de la vida.
—Y te dio curiosidad...
—Claro, había que probar.
—¿Qué sentiste?
—Muy bien, la verdad. Muy Divertido. Fue como algo de probar. Después cada una siguió su camino. Las dos de novias con muchachos... Yo estoy muy felizmente en pareja, ahora. Pero estuvo buena la experiencia. Hay que probar.
—¿Fue una experiencia fugaz o como una relación de un par de veces?
—No, no. Fue como una vez probar todo a ver qué onda. Y me quedé donde estaba, pero no descarto la posibilidad.
—¿Qué sentís de distinto que puede ser besar a una mujer a besar a un hombre?
—Por ahí es medio machirulo lo que voy a decir, pero es más delicada. No sé. Siento por ahí el hombre es más bruto.
—La energía...
—Claro, la energía. Son también más cuidadosas. Saben también lo que le gusta a la mujer.
—¿Hoy en día la seguís viendo? ¿Es amiga tuya todavía?
—Sí. Es amiga y sí, hablamos. Yo la amo, la adoro. Somos recontra amigas. Fue como una vez que pasó y listo. Nunca más (risas).

Relación de pareja y proyectos a futuro
—Y ahora estás re de novia, ¿hace cuánto están juntos?
—Hace un año y tres meses, oficial. Saliendo creo que es el tercer año que estamos. Soy muy noviera, vivo de novia… Pero este es el último. Me quedo con este para toda la vida.
—¿A ese nivel de amor estás?
—A ese nivel. Yo ya quiero casamiento, hijos, matrimonio, todo. Soy Susanita a full. Lo tengo re claro. Nos llevamos bien, somos muy mejores amigos.
—¿Y sentís que él quiere lo mismo que vos? Esto de tener una familia temprano, de estar con vos en un proyecto más serio. Porque él es súper jovencito también.
—Él es más chico. Tiene 21 y yo 22. Y a él le encantan los nenes, le encanta la familia, le encanta todo. Entonces coincidimos mucho en eso y por suerte tenemos decidido: casamiento, hijos, vivir juntos, todo…
—¿Casamiento para cuándo? ¿Ya tienen fecha?
—Yo tengo todo.
—¿Las sabe él las fechas?
—Él está al tanto de algunas. Él se quiere hacer el misterioso porque me lo tiene que proponer. Es lo que yo quiero, como cuento de princesas. Él ya lo tiene pensado.
—Cuando pase, que lo haga público. ¡Contanos!
—Eso sí, obvio. Hay que facturarlo todo (risas).
—Hay que pagar la fiesta de casamiento (risas).
—Claro.
—¿Tienen nombres de bebé ya?
—Yo sí. Tengo una lista en notas del teléfono.
—¿Quisieras que sea niña, niño?
—Me gustaría primero un varón, quizás. Después otro varón y después la nena.
—¿Querés mostrarme la lista?
—A él no le gustan todos. No voy a decir cuál para no ofender a nadie. De nena me gusta: Francesca, Guillermina, Joaquina, Rufina, todas con ina (risas). Jacinta, Matilda…
—A mí me encantan.
—Son hermosos.
—Todos me gustaron.
—Y de varón: Lorenzo, Vicencio, Ciro, Simón, León y Milo.
—La verdad que tenés muy buen gusto con los nombres. No sé cuáles son los que a él no le gustan. Para mí están muy bien todos. ¿Cómo te imaginas a momi de abuela?
—Se muere. Siento que ahora se hace medio la mala. “No, no me hagas abuela todavía”, me dice. Pero el día que sea abuela va a ser la mejor abuela del mundo. Y después va a ser recontra de jugar, de llevarla a todos lados. Estoy pensando como si fuera nena, pero de hacer planes. Siento que va a ser una abuelaza.
—¿Le va a dar pudor el título de abuela?
—A mamá le da un poco de miedo ahora el título de abuela. Por ahora. Pero ella sabe que se viene dentro de poco. Que esté preparada (risas).

Vida en redes sociales, exposición y manejo del éxito
Juli creció frente a las cámaras. Desde los 9 años, el universo digital y la exposición pública formaron parte de su rutina, pero también le impusieron desafíos inesperados. Reconoce que, aunque muestra gran parte de su vida en redes, hay momentos que prefiere resguardar.
“Siento que mis mejores momentos son cuando estoy jugando un chinchón con mi abuela o viendo una película con Fausto en la cama, o tomando unos mates en familia. Esas cosas intento sacar el celular, no mostrarlo y vivir el momento, el presente. Siento que hay momentos que pierde la magia si estás grabando todo el tiempo”, admitió.
Aunque enfrenta una exposición pública permanente y ha alcanzado reconocimiento en el ámbito artístico, no percibe el éxito como una carga. Considera valiosos los aspectos favorables de su carrera y las oportunidades que le brinda, como la posibilidad de recibir afecto, vivir experiencias nuevas y compartir momentos significativos.
Admite que ha atravesado dificultades, entre ellas la invasión a su privacidad y la transgresión de ciertos límites, pero sostiene que el saldo es positivo. “La mayoría de cosas son hermosas y me trae todo el tiempo cosas lindas. Entonces, no me puedo quejar y siento que lo mejor está por llegar también”, afirmó.
Crianza, vínculo con la madre y aprendizajes familiares
—¿Cómo fue criarte con tu mamá siendo ella tan joven?
—Yo digo que tuve la mejor mamá del mundo y es real. Lo que ven de mamá en las redes y en los programas y demás es como es ella, así desbolada, graciosa y todo. Era así. Siempre hacemos planes juntas y me encanta. Es muy madraza, muy dulce, muy atenta. Es una genia. La verdad es que la amo.
—¿Cómo hizo para estar presente trabajando tanto?
—Me llevaba a todos lados. Yo sé que ella trabajó mucho toda su vida. A los seis meses yo me fui de gira con ella y con los Midachi, o sea, era un bebé. Hizo una obra de teatro que se llamaba Cuento con vos, que yo estaba en la panza y desde ese momento a hoy nos acompañamos mutuamente las dos en todo lo que hacemos.
—¿Te ayudó en tu carrera ser “hija de...“?
—Sí, recontra. El que dice que no, te miente. Porque ya desde el vamos laburan de lo mismo y viste con hechos lo que era laburar, lo que es levantarse temprano para ir a tomar clases. Es una profesión bastante difícil porque no es constante. Tenés un día un laburo, al otro día se te va, tenés que ir buscando otro. Aprendí mucho de la frustración y demás con mis viejos, de castear y no quedar… Me decían que lo vea como un juego porque verlo como un trabajo de chica no tenía sentido. Si era un no, estaba todo bien y si era un sí, buenísimo. Conocés más gente, la conocés desde que sos muy chica y eso está bueno. Pero más que los contactos es por los consejos que me daban.
—¿Qué le agradecerías a tu mamá?
—A mamá le agradecería primero darme la vida porque es lo básico y después enseñarme a reírme de mí misma, a seguir con mis sueños y nunca bajar los brazos. Ella en su obra de teatro habla mucho del fracaso y de pasar página y demás, y eso lo aprendí muchísimo, así que le agradezco. De ser tan dulce y hablar todo conmigo. Tenemos una complicidad que no la veo muy seguido, es muy hermoso nuestro vínculo.
—¿Qué momento sentís que las marcó o las unió?
—Tuvo un momento que estuvo muy mal ella, que pasó por una depresión y lo ha contado públicamente. Fue después de su separación y yo ahí estuve como guerrera, levantándola, cuando había que llorar, la bancaba y le hacía mimos y la aconsejaba. Cuando había que levantarla y decir: “Che, te levantás y vas a laburar porque no podés estar todo el día llorando”, también fue un rol fuerte siendo muy chica. Era llegar del colegio y verla encerrada en su cuarto, llorando, sin hacer nada. No quería salir y a mí me hacía muy mal. Sentía que necesitaba ayudarla de alguna manera, que no sabía cómo, porque no tenía las herramientas que tengo hoy en día. Un día le dije: “Mira, ma, siento que esto lo tenés que hablar con alguien que sepa, que tenga las herramientas”. Y ahí fue cuando fue al psiquiatra, empezó con la medicación y empezó a salir adelante. Siento que ese momento fue clave en nuestra relación y hoy yo no sería la que soy.





