Margarita Páez creció en una casa donde la música y el arte eran parte de la vida cotidiana. Hija de Fito Páez y de la actriz Romina Ricci, durante años vio de cerca los escenarios, los ensayos y las giras, pero no fue hasta después de terminar el colegio cuando decidió probar su propio camino. “Me anoté en teatro y ahí surgió todo. A partir de ahí no paré”, cuenta hoy, a los 21 años, mientras transita sus primeros pasos profesionales con la convicción de quien sabe que eligió el lugar correcto.
Aunque el piano la acompaña desde los cinco años —y la música fue siempre un idioma natural en su casa—, la actuación terminó ocupando el centro de su deseo. “Tomo todo como herramientas para actuar”, explica. De hecho, dice que con el piano todavía siente más pudor que con el escenario. “Me encanta tocar, pero no sé si me dedicaría a la música. La actuación me apasiona más”, admite.
Actualmente protagoniza Un ritual de paso, la obra que reestrenó en el espacio teatral El Grito y que vuelve a escena con funciones los lunes. Allí comparte elenco con el actor Balthazar Murillo, quien además es su pareja desde hace dos años. Se conocieron en el cumpleaños de su madre y, entre “miradita y miradita”, empezó una relación que hoy combina vida personal y escenario.
La familia sigue siendo un eje central en su vida. Habla con admiración de sus padres y de la forma en que la acompañan en su formación. “Para los demás son Fito y Romina, pero para mí son mis papás”, dice. Y agrega: “Los admiro muchísimo”. Lejos de sentir el peso del apellido, lo asume con naturalidad, aunque advierte: “Quiero hacer mi propio camino”.
Mientras continúa estudiando actuación, música e idiomas, también empieza a sumar proyectos. Hace poco filmó una película que se estrenará este año y sueña con expandir su carrera más allá del país. “Mi sueño es poder vivir de la actuación y si es posible, hacerlo en distintos escenarios del mundo”, resume en una charla sincera con Infobae.

—Un ritual de paso, en El Grito. ¿Cómo están con eso?
—Muy bien. Estamos muy contentos de reestrenar la obra. La hicimos el año pasado y ahora volvemos dos meses, todos los lunes.
—¿Cómo anda la actriz?
—Bien, contenta. Con muchas cosas.
—Para quienes no sepan: sos hija de Fito Páez y de Romina Ricci. ¿Cuándo dejó de ser el trabajo de mamá y papá y se volvió un deseo propio?
—Cuando terminé el colegio no sabía bien qué iba a hacer. Me anoté en teatro y ahí surgió todo. Desde entonces no paré.
—El piano ya lo tocabas
.—Sí, desde los cinco años.
—¿Te enseñó tu papá?
—No. Siempre tocamos juntos, pero nunca se sentó a enseñarme. Era más un juego. Después estudié con Violeta de Gainza, que había sido profesora de mi papá.
—¿Cómo conviven la música y el teatro?
—Tomo todo como herramientas para actuar. Me encanta tocar el piano, pero no sé si me dedicaría a la música. Lo hago más para mí.
—Terminás el secundario y aparece el teatro.
—Sí.
—¿Y te enamorás?
—Mal. Muchísimo.
—¿Qué consejo te dio tu mamá?
—Siempre me dice que haga todo. Que todo sirve y que hay que aprender.
—¿Tu papá quería que fueras por el lado de la música?
—No. A los dos les daba igual lo que hiciera.
—¿Cuánto de Páez y cuánto de Ricci hay en vos?
—Creo que cincuenta y cincuenta. De los dos heredé la pasión por lo artístico.
—No había muchas chances de que fueras contadora.
—(Risas) Ojalá hubiera estudiado medicina.
—Estás a tiempo.
—Sí, pero no me dan ganas.
—¿Por qué ese “ojalá”?
—Porque la actuación es un camino hermoso, pero muy incierto. Y eso da miedo.
—¿Cómo convivís con ese miedo?—Intento disfrutar y asumir lo que toca.
—¿Esta obra es tu primer trabajo profesional?
—No. La primera fue Alrededor del mundo, en el Cultural San Martín. Estuvimos tres meses con funciones agotadas y fue una locura. Después la hicimos en el Astros.
—Pero no ibas a castings de chica.
—No. Mi mamá quería que terminara el colegio antes de empezar. Igual a los 14 hice una película con ella.
—¿Cómo fue tu adolescencia?
—Muy tranquila.
—¿Nunca rebeldías?
—Una vez mentí sobre dónde estaba y mi mamá se asustó mucho. Tenía 17. Me retaron y nunca más.

—¿En qué momento le dijiste a tus padres “ya estoy grande”?
—No sé si lo dije alguna vez. Creo que ellos mismos se van dando cuenta de que uno crece. Obviamente hay cruces, pero son mis papás.
—¿En qué dirías que sos brava?
—Te juro que soy bastante tranquila. No me gusta el conflicto. Si me mando una cagada, pido perdón y trato de hablarlo.
—¿Podés bajar cuando te enojás?
—Sí, soy muy sensible, pero bajo. No me quedo aferrada a mi posición.
—¿Cuál fue el mejor consejo que te dio tu papá?
—Siempre me dice que haga todo desde el amor. Ese es como nuestro lema: el camino del amor.
—El apellido: ¿pesa?
—Soy quien soy y tengo el apellido de mis papás. Para los demás son “Fito y Romina”, pero para mí son mis papás. Los admiro muchísimo.
—¿Querés superarlos?
—No, ni en pedo. Quiero hacer mi camino.
—¿Por dónde pasa hoy tu sueño?
—Por hacer lo que me apasiona toda la vida.
—¿Vivís sola?—Sí.
—¿Te organizás bien? ¿Cocinás?
—Sí, todo sola. Me sale muy bien la tarta de calabaza, queso y cebolla.
—¿Hace cuánto estás de novia?
—Dos años.
—¿A quién fue más difícil presentárselo?
—A mi papá, porque nunca le había presentado a nadie.
—¿Cómo reaccionó?—Re bien. Se llevaron bárbaro.
—Tu papá te escribió una canción hermosa. ¿Te sigue emocionando?
—Muchísimo. Hace dos años la tocó en Vélez y yo no sabía que lo iba a hacer. Fue muy lindo.
—¿Qué te genera?
—Amor. Somos muy pegotes con mi papá.
—¿Hay alguna canción suya que no te guste?—Ninguna. Soy muy fan.
—¿Cuál fue el primer disco que te compraste de un artista que sigas?
—A los siete u ocho años, uno de Lady Gaga. Escuchaba de todo: desde Clics modernos hasta Violetta. También Katy Perry y Justin Bieber. A Spinetta lo descubrí más de grande, no lo tenía tanto de chica. A Charly sí, tal vez eso lo heredé más de mis papás.
—¿Conociste a Charly?
—Sí. Es hermoso, lo más lindo que hay. No tengo ahora un contacto fijo, pero a veces nos mandamos mensajes a través de mi papá. Tiene una energía especial. Lo conocí de chiquita.
—¿Cómo fue? ¿En la casa de tu papá?
—No me acuerdo bien. Hay fotos mías de chica en shows o pruebas de sonido, pero no tengo el recuerdo exacto de la primera vez que lo vi. Sí tengo el recuerdo de una vez que fui a su casa: me acuerdo que estaba todo pintado. Pero no sé si lo soñé… (risas).
—¿Tu casa era una casa con mucha música?
—Sí, todo el tiempo. Siempre. Mucho piano.
—¿Cómo sos como hermana?
—Supongo que buena. Me llevo bien con todos. Los amo mucho. Y también hay algo de una hermandad común: somos todos hermanos, más allá de por dónde venga cada uno.
—Por el lado de tu papá tenés a Martín, y por el lado de tu mamá a Valentina y a Betania.
—Sí, Entre todos tenemos buen vínculo. Con Beta soy muy pegote y desde chica fui su escudo protector si la retaban. Más que nada porque Valentina vive afuera y nos vemos cada muerte de obispo.
—La actuación es una profesión inestable. ¿Te preocupa?
—Es algo que uno acepta. Un actor no puede quedarse esperando: hay que hacer cosas.
—¿Hoy te mantenés sola?
—No. Estoy estudiando mucho. Hace poco filmé una película que al parecer se va a estrenar este año, para una plataforma, y ahora estoy con el teatro.
—¿Tus papás te ayudan?—Sí, mientras estudie me bancan.
—¿Cómo vivís los castings?
—A veces mejor, a veces peor. Pero trato de tomarlos como aprendizaje.
—¿Duele el rechazo?
—Sí, pero me dura un día.

—¿Te sentís más cómoda actuando o tocando el piano?—Actuando.
—¿Por qué?—Porque me apasiona más. Con el piano soy muy vergonzosa.
—¿Qué dice tu papá cuando te escucha tocar?—Dice que toco mejor que él y me da bronca.
—¿Por qué?
—Porque no es verdad.
—Es un papá que te quiere.
—Sí, muchísimo.
—¿Te consintieron mucho de chica?
—Sí, totalmente. Los dos. Son muy amorosos y siempre me dieron todo el amor que tenían para dar.
—¿Entre ellos hoy tienen buen vínculo?—Sí, se llevan bien.
—¿Alguna vez te dio vergüenza ser hija de gente famosa?—Nunca.
—¿Y cuando alguno de los es cuestionado por algo, tu papá por su posición política o aparecen noticias que son fuertes. Te angustia o no pasa nada? —No me afecta. El vínculo que tenemos es muy fuerte. También pienso que cuando alguien dice algo públicamente sabe lo que está haciendo. Mi papá es grande, tiene mucha más experiencia que yo. Hay que respetar eso.
—¿Cómo te llevás con las redes sociales?
—Bien. Tengo momentos en los que estoy más y momentos en los que menos. Trato de usarlas más para trabajar.
—¿Y los comentarios?
—No soy muy de leerlos. Tampoco tengo haters ni nada de eso. No soy tan conocida en redes como para eso.
—Baja un extraterrestre y te pregunta quién sos. ¿Qué le decís?—Que soy actriz, que estoy feliz con el camino que estoy haciendo y que tengo gente muy linda alrededor.
—¿Quiénes forman ese círculo? Además de tu familia y tu novio.
—Ellos, básicamente. Y algunas amigas. Tengo una amiga muy cercana que vive en Madrid, que es como mi hermana. Siempre me acompaña en todo.
—¿Quién es tu fan número uno?
—Mi novio.
—¿Y también el que te dice las cosas cuando algo no le gusta?
—Sí, también él.
—¿Te bancás esas críticas?
—A veces sí, a veces no. Pero es un problema mío. Mi primera reacción puede ser “uh…”, pero después lo pienso y digo: “Bueno, tenías razón”.
—Tu novio también es actor y trabajan juntos en la obra.—Sí, Balthazar Murillo.
—¿Cómo se conocieron?—En el cumpleaños de mi mamá. Mi mamá festejó con Bárbara Lombardo. Y Barbie estaba haciendo La 1-11-14, donde Balthi hacía de su hijo. Entonces vino con gente del rodaje.
—¿Quién encaró a quién?
—Él a mí. Fue medio miradita, miradita… y se acercó.
—Tenés un perfil bastante tranquilo.
—Sí. Creo que es más bien mi forma de ser. También por cómo me criaron. La exposición es inevitable porque soy actriz y porque soy “hija de”. Pero trato de cuidarme porque no me gusta el puterío.
—Podemos inventar un escándalo ahora mismo si querés.
—Dale.
—Te invento un romance con Charly.
—Eso es real.
—¿Cómo que es real?
—(Risas) No, pero siempre digo que si hubiéramos vivido en la misma época habríamos sido pareja.
—¿En serio le dijiste eso o me lo estás inventando para armar un escándalo?
—No, te lo juro.
—¿Por qué?
—Porque lo sé. Lo sé. Una noche que fue como amor total y lo sé.
—¿Se lo dijiste a tu papá?
—Sí, se muere de risa.
—¿Y tu mamá?
—No sé si se lo conté… se está enterando ahora.
—Otro escándalo: ¿te gusta más la música de Charly que la de tu papá?
—No, me gustan las dos. Igual mi papá si le digo eso creo que diría: “A mí también”.
—¿Fito es tu músico más escuchado?
—En Spotify me salió como el más escuchado.
—¿Quiénes más aparecieron?
—Los Beatles, Michael Jackson… y Charly, probablemente.
—Bastante clásica.
—Sí.
—Pero sería lógico que en algún momento te canses de escuchar a tu papá.
—Es que yo lo empecé a escuchar en serio hace relativamente poco. Antes conocía más los shows.
—¿Con qué disco entraste?
—Con La, La, La.
—¿Alguna vez dijiste que tus papás se dedicaban a otra cosa para que no te pregunten por ellos?
—No. Pero sí me pasó de hacerme la desentendida.
—¿En qué situación?
—Una vez un fotógrafo me empezó a hablar mal de mi papá. Decía que su música era malísima comparada con Charly o Spinetta. Y yo asentía: “Sí, tenés razón”.
—¿Nunca le dijiste quién eras?
—No.
—Se está enterando ahora.
—(Risas) Espero que no vea esto.
—¿Te duele cuando lo critican?
—No. Me da risa, porque no se compara con la cantidad de gente que lo quiere.
—¿Te interesa la política?
—No demasiado. Tampoco estoy muy informada. Es algo que debería trabajar.
—¿Cómo sigue el año?
—Seguimos con Ritual. Y sigo estudiando.
—¿Qué estudiás además de teatro?
—Piano, inglés, canto… y quiero empezar guitarra. También me interesa dirección de arte, el lado más cinematográfico.
—¿Cómo es el post función?
—Siempre vamos a comer. Invitamos amigos, se arma como una descarga después de la adrenalina.
—¿Cuando estás con amigos tocás el piano?
—No. Me da mucha vergüenza, porque yo no toco improvisando. No sé leer partitura: toco todo de memoria. Entonces tengo piezas muy concretas aprendidas.
—¿Qué soñás?
—Poder vivir de la actuación.
—¿En Argentina?
—Y en todos lados. Me encantaría ir a España, a Francia. Fui a un colegio francés y hablo francés, así que me gustaría estudiar allá.





