“Con alguien con quien fui a acostarme, que habíamos empezado a salir hacía poco, me dijo: ‘No te puedo tocar’. Es que la psoriasis, cuando es brava, da mucha impresión. Era lo que más inseguridad me daba”, confesó Silvia Fernández Barrio en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Silvia es periodista y conductora con una trayectoria relevante en televisión y radio. Su carrera se consolidó en las décadas de 1980 y 1990, cuando fue el rostro de noticieros como Nuevediario y programas de ATC. Inició su actividad profesional durante la última dictadura militar, al conducir el noticiero 60 Minutos y desempeñar un papel polémico como locutora en la radio Liberty durante la Guerra de Malvinas. A lo largo de su vida, enfrentó una lucha constante contra la psoriasis —enfermedad crónica que padece desde joven—, y asumió la presidencia de AEPSO (Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis). En los últimos años, continuó vinculada a los medios como panelista y figura de debate.
Durante la entrevista, Fernández Barrio analizó su vida personal y profesional, desde sus inicios en la televisión y los periodos en los que optó por alejarse de la exposición mediática. Además, explicó los desafíos del ejercicio periodístico y cómo enfrentó situaciones personales complejas en las distintas etapas de su carrera.
Infancia, familia y vida personal
—¿Cómo está tu vida actualmente?
—Mi vida está bárbara. Mi mamá acaba de cumplir 100 años, mis nietos siguen viviendo en Estados Unidos, mi hijo sigue viviendo allá. Los extraño como siempre, un montón. Mi otro hijo está acá, mi marido está divino. Acabo de pasar un mes y medio en Punta del Este y decidí que este año no voy a trabajar.
—¿Vas a dejar la televisión?
—Creo que la tele, por lo menos. No sé si lo debiera decir, pero creo que no voy a trabajar. Y me quedo nada más que con la asociación, que seguimos trabajando un montón y yo trabajo mucho internacionalmente con eso. Ahora se sumaron también otras enfermedades.
—¿Cómo comenzó tu experiencia con la psoriasis?
—Empezó muy chiquitito, casi siempre empieza así. En la canilla. Estaba en Mar del Plata. Después lo que tenía era como una alergia, yo tengo alergia al níquel. Era el año 71, por ahí. Y así empezó. Después fue todo el cuerpo menos cara, manos y pies.
—¿Es curable la psoriasis?
—No es curable, pero hoy sí hay drogas que no te dejan nada. No tengo nada en los codos, por primera vez. Tengo 73 años y el año pasado mi mamá me dijo: “Es la primera vez que veo tus codos sin psoriasis desde hace no sé cuántos años”.
—¿Te generó inseguridad en tu vida?
—Lo que más inseguridad me daba era ponerme un traje de baño, ir a una pileta. Porque si vos te vas a bailar está todo bien, no pasa nada. Pero cuando vas a una pileta o a una playa o a algo más íntimo, sos boleta. Yo fui boleta. O sea, con alguien con quien fui a acostarme, habíamos empezado a salir hacía poco, y me dijo: “No te puedo tocar, no te puedo tocar”.

—Pero cómo te va a decir eso. ¿Le explicaste que no es contagioso?
—Sí. Pero igual, la psoriasis, cuando es brava, da mucha impresión. Yo nunca lo tuve tan así porque cuando vos te ponés crema permanentemente, alfoja. Pero te quedan unas manchas rojas grandes como si te hubieras quemado y hay gente que no le da. Eso era lo que más inseguridad me daba. Pero lo entendí. Yo lo siento como el síndrome del brazo roto, por ejemplo, si tenés puesto un yeso todo el mundo te pregunta qué te pasó en el brazo. Porque no es normal que tengas el brazo enyesado. Cuando vos tenés psoriasis, te van a preguntar qué tenés en la piel y si es contagioso. Sos vos el que tiene que aprender a manejar eso, a poder entenderlo. Y te lleva años. Cuando me decían: ¿Qué es la psoriasis? Una enfermedad que te rompe la cabeza cuando tenés una como tuve yo. Y vos después esos pedacitos los vas acomodando. Hay diferentes personalidades, hay gente que se la banca mejor y hay otra que quiere suicidarse. Hay un 18 por ciento de ideas activas de suicidio en la psoriasis de casos graves.
Carrera televisiva y periodística: inicios y auge
Silvia trabajaba en ATC cuando Mirtha Legrand le dijo al gerente del canal: “Esa chica tiene que estar al aire”. En ese entonces, Fernández Barrio era la secretaria de Montero, quien ocupaba los cargos de gerente de programación y producción. “Era el número uno de ATC”, señaló la periodista.
“Todos los días eran una puteada que no te puedo explicar. 60 minutos no caminaba ni para arriba ni para abajo. La primera frase que yo escuchaba todas las mañanas… ustedes son bolud*s”, evocó sobre el clima laboral previo al éxito del noticiero.
Un día, Montero le propuso: “¿Te gustaría hacer televisión?”. “No”, respondió ella, pensando en la actuación. Pero ante la insistencia y la propuesta de hacer una prueba para 60 minutos, aceptó: “¡Ah! Para 60 minutos, sí”.
Al día siguiente, preguntó por el resultado. “Te faltan tres años”, le respondió Montero. “¿Qué me quiere decir?”, insistió ella. “Hay otros que hace diez que están y todavía no aprendieron. Empezás mañana”. Así, ingresó al estudio y debutó junto a Fernando Bravo. “Yo creí que me moría, te juro por Dios”, confesó.
Pronto, propuso una lista de notas a su jefe Horacio La Rosa, incluyendo temas internacionales como Reza Pahlavi, el transbordador espacial, que en ese momento era nada más que un proyecto, los refugiados de Vietnam y el aniversario de la llegada del hombre a la Luna. La reacción de La Rosa fue inmediata: “Estás loca, nena”, y le tiró el papelito con las ideas. Sin embargo, 20 días después, Montero le anunció: “Partís a Estados Unidos a hacer las notas que querías”. Silvia permaneció un mes y medio en el exterior para cumplir con esos informes.
El regreso marcó un hito. “Cuando volví, 60 minutos estaba primero. Eran notas que no hizo nadie”. “Descubrí algo que a mí me fascinaba. Me convertí en una investigadora que no te puedo explicar”, resumió.
En el punto más alto de su fama, la exposición se volvió difícil de manejar. “Dos veces me fui a vivir a otra provincia para no ser tan famosa”. Primero a Rosario, cuando estaba todavía en ATC. Al recordar su vida en Buenos Aires durante el éxito de Nuevediario, subrayó: “Yo no podía ir a la plaza con mis hijos. Cuando entraba al canal había treinta o cuarenta personas esperándome para pedirme cosas. Pero no podíamos solucionar todo”.
“El noticiero era potentísimo. Encontrábamos gente, medicamentos, tratamientos, chicos que se habían perdido… La gente nos llamaba primero a nosotros y después a la policía y a los bomberos”, reflexionó sobre aquellos años.
Episodio en la embajada de Israel y consecuencias profesionales
—En el atentado, fuiste a hacer una crónica y te tocaron la cola. Dijiste en alguna oportunidad que eso te arruinó la carrera...
—Sí, totalmente.

—¿Por qué?
—No estábamos en directo. Acabamos de llegar todos. Pusieron los palos para que no podamos entrar y dejaron adentro a CNN, Telemundo y todos los medios argentinos estábamos afuera, no podíamos filmar. La única que tenía “carita” para ir a discutir con alguien era yo, los demás eran todos noteros. Entonces voy a hablar con el jefe del operativo y le digo: “Por favor, déjame entrar una cámara de Argentina tiene que haber”. Por que si podía ingresar uno, después entregás el material y lo copian todos. No es que vos vas a tener ninguna exclusiva. En ese momento alguien me toca. Si no tengo un pantalón lo tengo acá (señala el cuello). Fue terrible. Yo me doy vuelta y le pego un bife, le pego una patada y le grito: “Hijo de tal por cual, bolu, etcétera”. Uno de los productores del Nueve, yo ya me había pasado a ATC, se agarra a piñas porque creyó que me habían pegado. Y Batata, que era el jefe de camarógrafos de ATC, también creyó eso y se agarraron a piñas, se armó un quilombo y yo digo: “¡Paren! Me tocaron el traste, sigamos laburando”. Y seguimos. Yo en ese momento me olvidé de todo. Cuando voy a bajar por Suipacha, un camillero me dice: “Silvia, qué horror lo que te pasó”. Y yo lo miro: “¿Qué me pasó a mí?” Porque vos no sabés, Rulo, lo que era eso. No podés creerlo. Hoy vivo en ese barrio y cada vez que paso, veo las piedras y veo todo, me acuerdo lo que vi ahí. Nada de lo que yo expliqué y conté mientras estaba relatando se parece a lo que vi ahí. Pedazos de personas en el suelo, ropa hecha jirones sobre los árboles, sangre, todo era un horror. Era como si viera la embajada cuando le pusieron la bomba a la embajada de Estados Unidos en Beirut y esas cosas acá no pasaban... Cuando bajo ahí por Suipacha, llego a Libertador, y le digo: “¿Y quién lo puso al aire eso?” ¿Y quién lo había puesto? Mi canal, el único que lo había puesto. A los chicos yo les dije: “Chicos, queda acá. Nadie diga nada, por favor”.
—¿Te operaron desde el propio canal?
—No, por pelotud*s. Porque le dijeron los chicos a Mauro: “Mirá que hay un quilombo con Silvia”. Y dijo: “Poné todo”. Y pusieron todo. Imaginate si hubiera sido ahora, se arma un despelote, el tipo va en cana, todo. En ese momento la culpable era yo. Yo había dicho una mala palabra y no era una profesional. Quedó como que era en directo, cuando en realidad no lo fue. La gente no tenía ni idea.
—¿Se supo quién es el tipo que te tocó la cola?
—No, yo nunca fui a averiguar. Intenté hacerlo hace dos años y de Gente no me dieron la tapa. Porque estaba en la tapa de Gente. Intenté conseguirlo, no me lo dieron. En ese momento yo no intenté nada porque se me vino el mundo abajo. Llegué al canal con la renuncia en la mano. De ahí partí a Israel, a Tel Aviv y a Jerusalén a llevar los cuerpos de los heridos.
—¿En qué te arruinó la carrera?
—La gente no podía creer que yo hubiera hecho eso. Cómo Silvia Fernández Barrio decía una mala palabra al aire y era tan poco profesional que dejó que le tocaran el traste. Ese era el pensamiento de ese momento, Rulo. Hoy no te entra en la cabeza. Vos lo mirás y no lo podés creer porque sos de esta época. En esa época la culpable fui yo, porque no fui profesional y estaba en directo y tenía que haber dejado que eso pasara.
Fama, mudanza a Salta y polémicas públicas
Silvia recordó el episodio que marcó su vida en Salta, donde fue acusada públicamente de narcotráfico. “Yo llegué a Salta y tengo familia muy querida ahí. Me daban la gerencia de noticias del 11. Entonces yo llego y le digo a quien me contrató: ‘Mirá, la verdad que gerente de noticias no da, porque yo no conozco el ambiente de Salta’. ‘¿Por qué no te doy todo el know how y vos ponés a alguien de gerente de noticias, que tiene que lidiar con la gobernación, con esto y con lo otro, que yo detesto eso’”, recordó.

En ese contexto, comenzaron las agresiones anónimas. “De repente empiezo a ver, narcotraficante, pintado en las paredes. Esto fue mucho antes del lío este. Yo no le di bola. Mis amigos iban y pintaban arriba. Yo era feliz con los caballos. Soy sagitariana, ¿viste? En general no le das mucha bola a esos quilombos”, explicó.
—¿Quién estuvo detrás de la acusación en Salta?
—Yo pensé: debe ser esta mina que pusieron a trabajar conmigo y me detesta o un tipo de mucho poder que me tenía ganas. No voy a decir quién es porque sigue teniendo mucho poder.
—¿Una familia tradicional patricia del interior?
—No sé si es tan patricia, pero de mucho poder.
—¿Y vos nunca habías consumido drogas?
—Sí. Había probado droga, Rulo. Viví tres años en España. Pero no, nada que ver.
—No era ese tipo de droga (risas).
—No, tal cual, no esa droga.
Fernández Barrio relató las graves consecuencias que tuvo la acusación: “Ya está. Fue una operación, pero me costó carísima. Es el día de hoy que yo cuando voy a Estados Unidos me dan un waiver para que pueda entrar. Me meten en la salita, etcétera, y tardo... Cuando pido la visa tardan no sé cuánto en dármela. Un día dije: ‘Esto no puede seguir así’. Imaginate que tengo 73 años. ”Esto no se borra nunca", me dijo un tipo de la embajada. Y ahí estoy”.
Explicó además los problemas legales que enfrentó. “Yo voy a sacar la visa a un instituto y le digo a la chica lo que me pasó esto en Salta. Me dice: ‘Pero ¿estuviste presa?’. Y le dije: ‘No, no estuve presa’. Fui a la Regional, que no sé cómo se llamaba, de drogas peligrosas o algo así. Me quedé charlando con las chicas toda la noche hasta que abrió el juzgado a las siete de la mañana”, recordó.
Pero la marca en los registros migratorios persiste. “Cuando voy a la embajada, al consulado, a sacarla, el tipo me dice: ‘Usted me acaba de mentir’. Yo le dije: ‘No, no le mentí, le estoy contando’. ‘Usted estuvo detenida’. Y le digo: ‘Para mí no’. Me dice: ‘Usted me mintió, no entra nunca más a Estados Unidos’. No sabés lo que tardé en poder volver a sacar la documentación”, señaló.
Relaciones amorosas y vida privada
—¿Tuviste muchos romances que no funcionaron?
—Tuve romances, sí. Algunos no funcionaron. Un día me acuerdo que lo llamé a mi exmarido y le dije: “Decime, ¿yo soy una mina muy difícil?”
—¿Qué te respondió?
—Me dijo que no. Tuve cuatro parejas. Pero ahora con Cachito soy feliz de la vida, me siento la mujer más afortunada de la tierra. Nunca salí con alguien del medio, no me acuerdo y si no me acuerdo no sirvió (risas). Pero no, nunca en la vida salí con alguien del medio.
—¿Fuiste más celosa o celada?
—Celada.
—¿No tenés algún permitido?
—No, ni se me pasa por la cabeza.
—¿Hablan de eso con Cacho?
—No, olvidate. Un permitido no…
—¿Pero a esta edad sigue la actividad?
—Sí, totalmente. El otro día me decía mi mamá, que cumplió 100 años, que mi viejo... siguió y siguió. Imaginate, murió a los 91...
—¡¿Hasta los noventa?!
—Siempre le decía algo, siempre quería algo (risas). Hay un sexo en cada edad y en esta edad es muy especial y muy lindo.





