Si digo su nombre, Alejo Cruzado Antonelli, no tenemos ni idea de quién se trata. En las redes es Alex el Pelao, para todos el Pelao Khe. Es actor, humorista, preparador físico y creador de contenido digital. Tiene millones y millones de seguidores. Es el dueño de un estilo muy propio, delirante, absurdo, casi surrealista. Es parte del programa “Se extraña a la nona” y está a punto de presentar otro proyecto ambicioso también en Olga. Hizo el doblaje de la película de Disney “Zootopia” y participó de la última edición de MasterChef Celebrity que terminó hace pocos días.
– ¿Cuando te definen como influencer porque tenés millones de seguidores, qué sentís?
– Me genera mucha contradicción eso, porque trabajar en un círculo de redes sociales es lo que hizo que mi actor se exponga. Pero la palabra influencer está muy bastardeada, está muy menospreciada, como en su momento muy bastardeado el youtuber y hoy en día un youtuber es una figura fuerte a nivel de medios y convocatoria.
– Te bajan el precio.
– Sí, yo no ando diciendo cómo tienen que vestir las personas… Aunque uno comunique directamente, yo no siento influenciar a la gente con algo, solamente comparto algo que se me pasa por la cabeza.
– Tenés casi 3 millones de seguidores en Instagram y más de 5 millones y medio en TikTok, que es una enormidad. Pueblos enteros en la red. ¿Contaste alguna vez cuántos personajes tenés?
– No conté los personajes. Sí sé cuáles son los personajes que la gente me señala, creo que tengo la misma cantidad de personajes como de personas que me he cruzado en la vida o de estereotipos.

– ¿Que hayas publicado? ¿Más de 100?
– Más de 50, para no tirar 100 por las dudas, 50 sí los tengo registrados.
– ¿Estás actuando ahora?
– Estoy actuando ahora de la persona que está dando la entrevista, pero no desde un lugar malo de que estoy ocultando algo. Estoy sentado de esta forma. Hoy es el momento de la entrevista y todos nos amoldamos en cierta forma a una atmósfera.
“SIEMPRE TODOS ESTAMOS ACTUANDO UN POCO”
– ¿Si apagan las luces y sos otro distinto?
– Así no, porque si no sería un psicópata, esquizofrénico, con trastorno múltiple de personalidad. No me considero así, pero siento que siempre todos estamos actuando un poco la situación, hasta para irnos a dormir.
– ¿Cómo hago para entrevistarte entonces? Para lograr que digas lo que pensás si estamos “en posición de entrevista”?
– Yo te prometo ser lo más sincero posible, pero tengo un cañón que me está apuntando y ese cañón es terrible.
– ¿La cámara?
– Te dice: lo que digas va a ser como en un juzgado enorme, pero vamos.
– Empezaste a estudiar canto, danza, actuación desde muy muy chiquito. ¿Cómo llegaste?
– Bailar fue lo primero. A los seis años mi hermana que bailaba, me llevó a la escuela de danza. Me empezó a gustar y seguí yendo todos los años a las clases. Hasta que a los 12, en clase de teatro en el colegio, mi profe Belén nos pone un DVD de una persona que me cambió la vida. Dije: quiero hacer esto. ¿Quién era? Michael Jackson con el video de Thriller, me agarró una fascinación. Jackson hizo que pase de bailar mix a bailar hip hop y del hip hop, pasé a la comedia musical.
– ¿Quién te apoyó en todo esto?
– Mi vieja y mi hermana. Mi mamá nos repartía el arte. Siempre tuvo a flor de piel lo artístico, cantaba en mi casa. Estuvo ahí siempre la semilla y dijo: ustedes profesionalicen lo que yo no profesionalicé.

“QUIZÁS HOY ESTOY HACIENDO LO QUE MI VIEJA QUISO HACER Y YO NUNCA QUISE”
– ¿No lo hizo profesional?
– No y también eso tuvo una carga. Hubo un una patadita, un empujoncito medio firme. “Hacélo”. No fue solamente que a mí me gustó el arte. Quizás hoy en día estoy haciendo lo que mi vieja quiso y yo en realidad nunca quise. No sé.
– ¿Lo hablaste en terapia?
– Todavía ese tema no.
– El otro día me dijo el Trinche que siente que uno es adulto cuando está orgulloso de sus viejos.
– Lo comparto y lo tomo.
– ¿Estás orgulloso de tus viejos?
– Sí, muy. Ya los maté en la adolescencia, después dio la vuelta y empecé a comprender desde el amor. “Te comprendo con todo lo que sos y tus bajezas, tomo todo”, estoy en esa etapa con ellos. Con el último que lo hice fue con mi papá, mi vieja se murió en 2015. Conviví con mi viejo hasta no hace mucho, no había convivido nunca, desde el año 2020 a 2024. Convivir me hizo conocer ese hombre, verle el niño, ver el adolescente de mi viejo, yo no lo había visto, siempre era “papá”. Y ahí dije, te amo, viejo. Lo pude abrazar desde otro lugar, no desde la idealización, sino “viejo, gracias, entiendo por qué me diste y por qué no me pudiste dar”. Y ahí me llenó, me dejó pleno, sin reclamo.
– No lo vivís con tristeza.
– Quizás es algo que tengo que trabajar porque todo lo vivo como algo muy pragmático, lógico. Las emociones las acomodo. Entonces a veces me cuesta que las emociones me agarren.
– No salen las emociones.
– Me cuesta bastante, me cuesta ponerme en ese lugar.
– ¿No llorás?
– Lloré anoche por mi perrita. Sí, hay cosas que me pueden, los animales me parten la cabeza. Se murió el 18 de diciembre y tengo en la escalera su collar, yo me acuesto y lo veo. Y tengo una ilustración con imán en la heladera, no me lo quiero olvidar nunca. La tengo presente todo el tiempo y me puede. Es algo que me sigue doliendo un montón.

– Hay gente que elige borrar lo perdido.
– Lo hice con mi vieja esto de no tener nada y creo que fue el peor error. Decir, evado.
– ¿No quedarte con nada de ella?
– Con nada, no tener algo cerca, buscarle la evasión. Y justamente con mi perra estoy tratando de hacer otro duelo, recordar. Abro siempre en la heladera y tengo un imán con una ilustración que me hicieron de ella, la veo, la toco, le doy un beso al foto, abro y sonrío cada vez, genero una asociación positiva de esta muerte. ¿Por qué no darle un giro y decir gracias? Gracias por estar 15 años en mi vida. En todo plano, todo es gracias, lo que se va lo agradezco, lo que viene lo agradezco todo.
– ¿Duele?
– Sí, me duele saber que se fue esa parte de la vida, representa una etapa. Murió un poco ese Alejo con su perra, ese pibe muere un poco, se transmuta a otro plano. Duele.
– Tus videos son muy particulares. En estos tiempos de filtros no tienen filtros. Son fáciles de comprender y te reís fácil. ¿Vos decís que sos amante de lo cringe? ¿Lo cringe es lo que está por encima de todo?
“SI YO FUESE RUBIO Y HEGEMÓNICO NO ME IRÍA ASÍ, HAY UN COMPONENTE MORBOSO, QUE DIGAN UN POQUITO: ¡QUÉ ASCO!”
– Ese componente es el aditivo del video, y la comedia es el azúcar. Si los videos de una persona te dan vergüenza ajena y decís, ¿qué hace esta persona? ¿Qué está haciendo? La ves, te quedás y decís, ¿qué es esto que me genera? ¿Por qué me lo genera? Te da vergüenza y ese es el componente que te agarra. Por eso le pongo ese cringe y lo dejo en ese lugar. Porque si yo tuviera pelo, si yo fuese rubio, con una cabellera medio tirada para el costado y fuera muy hegemónico, no me iría así. No, porque no hay un componente morboso para la gente. “¡Qué asco!” Que digan un poquito, ¡Qué asco!
“VES UN PELADO CON UN BIGOTE QUE SE HACE EL BEBÉ Y DECÍS, ¡QUE HORROR! EL HORROR TE HACE QUERER SEGUIR VIENDO MÁS”.
– ¿Por qué, “qué asco”?
– Un pelado con un bigote que se haga el bebé, vos decís, ¿qué es esto? ¡Qué horror, por Dios! Ese “qué horror” es lo que te hace querer seguir viendo más.
– ¿Qué te gustaría que le pasara al que te está mirando? ¿Qué asco?
– Ya sé que dicen qué asco y qué horror. Me encantaría que sigan diciéndolo y que le siga generando una emoción fuerte.
– ¿Vos lo pensás para provocar rechazo o lo entregas y que sea lo que Dios quiera?
– Es generar contrapuntos. Sabes qué contrapunto genera este asco, rechazo. Yo con casi 30, pelado así me dejo un bigote y me hago el bebé o me hago boludo y pongo una voz finita y yo sé que hay un contrapunto.
- No es solamente cringe para disgustar, es delirante, absurdo tu humor.
– Sí, me gusta mucho el humor absurdo, que no tenga sentido, que no tenga fin. Como si yo te pudiese cortar una partecita de una situación de la realidad, pero sin el fin y el comienzo, no tener que explicarte quién es, hacia dónde va.
– ¿Cómo decidís qué marcas sí y cuáles no? ¿Cómo las elegís?
– Si pagan arriba de 20 millones, sí. Mentira, con una marca para el sí y para el no lo que trato de contemplar es si hay algo que nos alinee. Si vamos a tener que sacrificar mucho de nuestra comunicación los dos siento que no tenemos que ir para ese lado. Porque termina saliendo mal. Me gusta que le vaya bien a la marca también. No me gusta quedarme solamente con un pago y que tenga 11 me gusta la publicación.
– ¿Qué pensás del canje?
– El canje es complicado.
– Hay gente adicta al canje, ¿viste?
– Es adicta al canje. Me da culpa con la gente que me ve estar viendo: gracias a la zapatilla de 2000 dólares chicos, qué buena la cafetera… Todo ese acceso por demás me da cosa, que me vean tan consumista. Si soy así, prefiero guardármelo puertas para adentro.
– Te pido por favor que no hagas canje solo por una cafetera. Andate a Turquía en business si vas a hacer un canje.
– Nunca viajé en business ni en primera. Estaría bueno que la gente cuando lea la entrevista comente ¿qué estaría bueno de mínimo? ¿Cuál es el mínimo para hacer un canje? ¿Y por qué no debería hacer un canje? Una cafetera de esa marca en la que ya estaba George Clooney no sé cuánto salen. ¿Y hamburguesas? He hecho un canje de hamburguesas. Me han mandado dos hamburguesas y yo hice canje. “Qué buenas que están, tienen que probar las hamburguesas con las papas”.

– Se lleva mucho el canje para irse de vacaciones, cinco estrellas, o a un hotel all inclusive. Y después muestran un poquitito.
– Impresionante. Está el baño y están ellos. “Acá estoy, muchas gracias a…” Me da envidia, se animan, ¿viste? No lo digo como algo malo, es un recurso el canje muy interesante. Justo venía viendo historias de canje, todo el mundo se fue de viaje con canje. Yo me fui hace poco de viaje.
– Sin canje, es una fiaca.
– Es que siempre vas a tener que sacar el teléfono. En tu momento más íntimo tenés que tirar la historia de lo que estás haciendo y también un poco de entrometerse en tu vida. La gente va a saber que te fuiste de viaje, pero me gustaría que vean un carrete, no que vean cómo era el hotel, cómo era la cama, qué morfé, qué no, en qué viajé, si me senté en el asiento L o en el S, si me fui en un auto. Quiero intimidad, ya que muestro todo es guardarte un poco intimidad.
– ¿Mostraste tus vacaciones?
– Lo único que se vio de mis vacaciones fueron vídeos que yo grabé de humor.
– ¿Tus relaciones las mostrás?
– Las relaciones se ven un poco, pero no me grabo en mi intimidad ni comparto cuál es mi dinámica con la persona que comparto, no me gusta. Sí, nos mostramos. Con Juliana Savioli nos mostramos porque laburamos juntos. Pero de repente sacar el teléfono y grabar una historia cuando estoy comiendo con ella… Y le digo gorda y le clavo un beso… Eso no.
– Mirás el teléfono a cada rato, aunque esté dado vuelta. Es como un apéndice, supongo. ¿No te lo olvidás en algún lado alguna vez?
– No. Y no te lo digo orgulloso. Tengo un promedio de 13 horas o 13 a 14 horas de pantalla por día.
“NO PUEDO SOLTAR EL TELÉFONO. DEBERÍA NO LLEVARLO AL BAÑO CUANDO VOY A BAÑARME”
– ¿Pensaste en hacer un detox?
– No puedo, No puedo soltar el teléfono. No puedo porque hago redes. ¿Sabés cual es el detox, que sí debería hacer? No llevarlo al baño para bañarme, a la mañana no agarrarlo apenas me levanto, al menos durante una hora y si voy a comprar llevar efectivo o llevar la tarjeta, llevar el teléfono me parece una boludez.
– Casi 14 horas por día. ¿Terapia en que quedó?
– Hay algo raro ahí. Terapia en 2024, hasta 2025 me sirvió mucho. Después del Movistar Arena de “Se extraña a la nona”
– ¿Qué pasó en ese momento?
– Muchos estímulos. Yo me descuidé en todo sentido. Estaba inestable. Venía de una mudanza, mucho laburo. Huevada, laburo y un poco descuidar. Yo siento que la emoción, más allá de estar en la cabeza, viene de una alteración química un poco en tu cuerpo, hay que ver si el sueño no está bien o si la alimentación está bien o si hay una sustancia. Nunca hubo sustancias, pero sí hay una cosita de más puesta ahí, hay alteraciones. Para sacar y acomodar los pensamientos empecé terapia, me sirvió. Después dejé.
“LOS PROBLEMAS ALIMENTICIOS EMPEZARON A LOS SEIS AÑOS. SIEMPRE HUBO ANSIEDAD CANALIZADA EN LA COMIDA. SIEMPRE HUBO SOBREPESO”
– En MasterChef contaste por primera vez que tuviste problemas alimenticios. Cuando eras chico. ¿Cuántos años tenías?
– Los problemas alimenticios empezaron a los seis años desde la obesidad, alimentarme mal. Siempre hubo ansiedad canalizada en la comida. Siempre hubo sobrepeso, sobrepeso, sobrepeso. Cuando llega la adolescencia explota este deseo de querer terminar con este sobrepeso. Entonces recurro a un famoso doctor muy conocido para bajar de peso y empiezo a bajar.
“PESABA 113 KILOS Y LLEGUÉ A PESAR 76 KILOS. DIJE: YO NO VOY A VOLVER A SUBIR DE PESO. Y EMPEZÓ LA BULIMIA”
– ¿A qué edad?
– Esto fue en el año 2012, cuando yo tenía 16 años, pesaba 113 kilos. Fui y en cuatro meses llegué a los 76 kilos. Todo se nubló. En ese tiempo se nubló todo. Todo era “63 calorías”. Y si camino para allá, ¿cuánto gasto? ¿Y esto qué tiene? Era una nube. Se había transformado el mundo, como si me hubiesen puesto unos lentes 3D activados para otra cosa. Y ahí empezó el problema. “Yo no voy a volver a subir, no voy a volver a subir de peso”. Y empezó la bulimia, ahí empezó.

– ¿En medio del tratamiento o después?
– Después.
– Para no volver a pesar un poquito más, vomitabas.
– Si. Concretamente, “bajé de peso, estoy controlado, me como un cassette de queso (así le decían) con dos círculos de tomate con media rodaja de pan lactal”.
“ME ATRAGANTABA CON UN PAQUETE DE GALLETITAS O LO QUE SEA Y DESPUES ME VENÍA LA CULPA. VOMITAR, VOMITAR, VOMITAR”
– ¿Eso era una comida?
– Por ejemplo, un desayuno con infusión caliente. Después, pasaron unos meses y digo: mierda, necesito comer algo. Me atragantaba con un paquete de galletas, lo que sea, y después me venía la culpa. Vomitar, vomitar, vomitar. Y así fue tiempo y tiempo. Destrucción, destrucción. Hoy en día tengo mis mambos. Hasta hoy en día tengo, con mi físico, con mi cuerpo, mambos que no supero. Siento que son parte de mí. No digo que no haya que cambiarlos, pero no se me fueron nunca. Lo que ya no hago y mantuve muchos años por suerte, en eso me ayudó muchísimo compartir, empezar a tener otro estilo de vida y el entrenamiento, es que ya no estoy vomitando. Pero no puedo dejar de verme al espejo.
“YA NO ESTOY VOMITANDO PERO NO PUEDO DEJAR DE VERME EN EL ESPEJO”
– ¿Cuántos años duró la bulimia?
– Fue desde el año 2012 y se terminó en 2018, ponele, con recaídas. Ahí empecé un poco a bancármela si me mandaba atracones. El problema seguía porque seguía con los atracones. Después con MasterChef cuando empecé a cocinar algo se empezó a corregir un poco. Darle presencia a la comida sobre todo, algo que no me estaba pasando, al momento de comer. Estoy mucho mejor, pero fueron años.
“YO ENTRENO, ME CUIDO, NO CHUPO, PERO A LA NOCHE AGARRO UN KILO DE HELADO Y ME LO DESTROZO”
– MasterChef fue hace poco. ¿Durante todos estos años todavía estaba la complicación con la comida?
– La complicación de la comida era la compensación. Esto siento que le debe pasar a mucha gente. “Yo entreno, tengo un buen estilo de vida, yo me cuido, yo no chupo. Pero después agarro un kilo de helado, me lo destrozo a la noche y vuelvo a entrenar”. Eso es una mala educación enorme, me pasaba hasta ese momento. Ahora no tengo ese atracón y esa cuestión de matarme y volver. No sé si me habré asqueado de ver tanta comida, no sé qué pasó, pero me ordenó.
– ¡Qué desafío con esta historia de problemas con la comida desde los seis años tener que cocinar en público! ¿Dijiste que sí de una?
– Lo tuvimos que pensar mucho con el equipo.
– ¿Quién es el equipo? ¿Los personajes?
– Jajajajaja. Me da vergüenza decir equipo porque es como si yo fuese Lali. ¿Quién es este pibe? Fue con mi representante. ¿Conviene o no conviene? ¿Tenés miedo? Te estás por meter a un medio distinto a lo que venimos haciendo.
“LA COMIDA ERA COMO UNA DROGA”
– Sobre todo te estabas por meter con la comida.
– Con la comida no tenía buena relación. La comida era como una droga. Creo que me tuve que enfrentar un poco a reinterpretar esa droga, a verla de otro lugar, a apreciarla, a entender que un poquito de esto más hace la diferencia o a que esto es menos, a lo que realmente se requiere para llegar a un resultado con la comida. Y que no sea un “me trae esa milanesa”. Construir, hacer esa comida, te hace valorarla desde otro lugar.
– ¿Seguís cocinando?
– Sigo cocinando. La semana pasada les cociné a mis amigos otra vez, después de un viaje, me gustó. El momento de la comida es algo que no deberíamos perder.
– ¿Podés disfrutar del placer de comer?
– Sí, es proporcional a lo que me costó, costó hacer esa comida, una hora y media o lo que sea. Salió de un esfuerzo, salió de un tiempo, valorarlo es darle el lugar a la comida. No comemos igual cuando nosotros cocinamos que cuando vamos a un restaurante o cuando pegás un delivery, es otra cosa.
“MI CUERPO NO ME GUSTA NADA, NO ESTOY CONFORME, NO ME SIENTO BIEN”
– Dijiste al pasar que todavía tenés rollos con el espejo.
– Sí, todo el tiempo. No me gusta mi cuerpo, no me gusta nada. Es no gustarme, no estar conforme con nada. No estoy conforme, no me siento cómodo, no me siento bien. No me siento como me gustaría sentirme. Tengo una imagen creada de lo que debería ser que no está. Hay algo disconforme constantemente, pero genero discursos que acompañen esto disconforme para sentirme un poco mejor. Digo “a todo el mundo no le gustan los rubios”. “Sos pelado, pero hay pelados que gustan, mirá a “La Roca”.
– Sos muy alto, gustan los altos.
– Pero alto… Me puedo poner zancos y ya estoy. Hay un lugar feo, el que tiene dismorfia corporal no le entra ninguna bala. Te lo puedo asegurar porque hablo con personas que tienen dismorfia corporal. Yo les digo “sos una persona hermosa, mirá lo que sos”, “qué preciosidad que sos”. Y ojo que yo no juzgo al otro, que me juzgo a mí. Pero cuando te lo dicen a vos no lo ves, es como si estuvieses sordo. No entra.
“NO HAY ETAPA DE LA VIDA EN QUE YO ME HAYA GUSTADO”
– ¿Te ves así en cualquier situación? ¿Cuando estás entrenado, cuando estás flaco, cuando estás gordo?
– Yo no me acuerdo, te lo puedo jurar, no tengo etapa de la vida donde me haya gustado. No tengo etapa de la vida donde yo me haya visto a un espejo y haya dicho: wow, me amo.
– Juliana, tu novia, ¿cuando te dice algo lindo tampoco entra?
– No. Me demuestra lo hermoso, me da cariño, lo recibo. Pero con ese tema no le creo.
– Terapeutas tampoco. ¿Te sentís condenado?
– Quemado. Estoy quemado. Pero no estoy cerrado. Por eso me tengo que ir reinterpretando todo el tiempo, porque si no, no llegas a ningún lado. Es hablarte de otra forma, nada más.
– Te vamos a ver mucho este año.
“VAMOS A SER PROVOCATIVOS, LA INDUSTRIA VIENE CON LA IMPRONTA DE QUE LA CULTURA DE LA CANCELACIÓN SE ACABÓ”
– Sí, en otro formato, no lo tradicional que estamos acostumbrados a ver del streaming cien por ciento, es un contenido on demand de humor que vamos a estar haciendo junto a unos colegas muy grosos de la industria. Vamos a ser provocativos esta vez.
– “Que nos cancelen si quieren”.
– Sí, un poco sí. Ojo, hay cosas con las que no se jode. Ay, ya con esa frase estoy dejando de ser provocativos. Creo que toda la industria, desde los Estados Unidos viene con una impronta de decir “perdonen, pero la cultura de cancelación métansela en el medio, porque acá se acabó el cuidarse con esto y cuidarse con esto otro”. También a nivel global se alimenta que haya una transformación en el humor.
– Sería, vamos a reírnos.
– Sí, vamos a reírnos. Y de lo que no, deberíamos reírnos también.





