Julieta Nair Calvo: “No quiero dejar de ser quien soy para encajar”

En una charla íntima con Infobae, la actriz y cantante que acaba de estrenar “Annie” en el Teatro Broadway contó cómo recurrió a la inteligencia artificial para planear una propuesta de casamiento y la sorprendente sincronicidad que marcó su historia de amor. Además, habló de su fanatismo por la maternidad y de la ilusión de hacer esta obra para que su hijo la vea desde la platea

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Julieta Nair Calvo: “Me bajé ChatGPT para preguntar cómo proponer casamiento”

Actúa desde los cuatro años, pero hoy su papel más desafiante no está en un escenario sino en su casa, entre mochilas del jardín, ensayos, colecho y canciones de Michael Jackson en el living.

Acaba de estrenar Annie en el Teatro Broadway, uno de los musicales más emblemáticos del mundo, y la fecha no podría ser más simbólica: ese mismo día cumplió años su hijo mayor.

En medio de un 2026 que la encuentra planeando mudanza y casamiento, Julieta Nair Calvo habla sin maquillaje sobre maternidad, culpa, deseo, pantallas, teta “full”, presión social y la sincronicidad que marcó su historia de amor. “Soy fanática de la maternidad”, dice. Pero también admite que erosiona la pareja: “Es un laburazo. Hay que entender que estamos haciendo lo que podemos”.

Volver al teatro después de ser mamá tiene otra dimensión. “Una de las razones por las que decidí hacer Annie fue pensar en estar en el escenario y que mi hijo venga a verme. Me da una ilusión enorme”, confiesa.

En esta charla íntima con Infobae, se ríe, se emociona y deja una definición que la atraviesa en todos sus roles: “No quiero dejar de ser quien soy para encajar”.

—Arranquemos hablando de maternidad.

—Mis solcitos. Nino va a cumplir cuatro e Isabella cumplió uno en enero. Son dos cachorritos bebés en mi casa. Soy fanática de la maternidad.

Personajes - Julieta Nair Calvo
Julieta Nair Calvo con Isa y Nino.

—¿Nunca querés huir?

—No. Bueno… hace poco nos fuimos por primera vez solos con Rolo, mi futuro marido, a San Martín de los Andes. Fue mi regalo por sus 40. Dejamos a los chicos con los abuelos —que son un lujo— y me fui llorando a Aeroparque.

—¿Cuándo bajó la angustia?

—Apenas me subí al auto. (Risas). “Chau chicos, chau, chau”. Encima salieron al balcón a saludar, felices, los abuelos también. Después la pasamos hermoso, pero me cuesta despegarme.

—¿Cómo eras de chica?

—Pispireta. Yo decía que quería “estar adentro de la tele”. Hablaba sola y tenía dos amigas imaginarias: Paspin y Yaznu. Me aprendía monólogos de Disney frente al espejo. Una vez mi mamá pensó que estaba poseída porque recitaba el de la mala de Blancanieves. Me lo sé de memoria. Practicaba mil veces hasta que me gustara.

—Había vocación clara.

—Sí. Siempre digo que fui muy afortunada de descubrir tan chica lo que quería hacer. La primera publicidad la hice a los cuatro años.

—¿Y cómo siguió?

—Seguí con publicidades. Estudiaba danza jazz en Quilmes y hacía teatro en la Biblioteca de Bernal, todo como hobby, pero me fascinaba. A los 13 entré en el reality Generación Pop, de Canal 13, que conducía Reina Reech. Fui al casting con amigas, era en el Parque de la Costa en la época de Bandana y Mambrú. No había redes: todo era la tele, así que era un experiencia increíble estar ahí. Fui pasando etapas hasta quedar seleccionada. Formamos una banda, hicimos teatro dos años en el Teatro Astral y un programa en vivo. Yo iba a la escuela a la mañana y una combi del canal me pasaba a buscar por Quilmes para grabar. Tenía 14 años.

Personajes -Julieta Nair Calvo - Annie
Julieta Nair Calvo acaba de estrenar Annie en el teatro Brodway

—¿Era una elección cien por ciento tuya o había necesidad económica?—No, lo hacía feliz. Mis papás me guardaban la plata. Me pagué mi propio pasaje a Disney cuando hicimos un viaje familiar; si quería un peluche, me lo compraba. Y después vino el corralito.

—¿Perdiste todo?

—Casi todo. Algo se recuperó en pesos. Hoy digo: “era un departamento”. (Risas).

—¿Toda la plata de todas las publicidades que habías hecho desde los cuatro años te quedaron en el corralito?

—Sí. Casi toda, porque no había usado mucho y mis viejos tampoco tocaron nada.

—¿Recuperaste algo o no se recuperó nada?

—Un poco, en pesos. Hubo que hacer juicio de amparo, un lío. Yo era chica, tendría 16 años. No entendía bien lo que pasaba y como no usaba ese dinero no me angustié tanto. Hoy sí: hago la cuenta y me quiero matar. Era un departamento. ¿Qué pasó con eso? Devuélvanme mi plata. (Risas). Pero bueno…

—Lo disfrutabas igual.

—Absolutamente. Hacía la tarea en los cortes. Compartía con chicos que amaban lo mismo que yo. Mis amigos del colegio no tenían ese deseo y ahí sí lo encontraba.

—En tu familia siempre apoyaron.

—Siempre. Y lo agradezco cada vez que puedo. Tal vez hubiese tardado mucho más en ser quien soy sin ese apoyo.

—Tuviste una formación muy completa que hoy se ve en Annie, todos dicen que es alucinante lo que hacés.

—Es alucinante. Se me cae la baba. La escenografía de Tato Fernández con Mariano Demaría y Nico Vázquez al mando es impresionante. Muy Broadway de verdad. Y mirá que hice musicales y veo mucho teatro, pero esto es mandíbula al piso. Y las nenas… son tres elencos de diez, treinta en total porque tienen que rotar. Amo trabajar con chicos talentosos. No tiene competencia eso.

—No son las mismas condiciones de trabajo que cuando vos eras chica.—Gracias a Dios, no. Ellas no pueden trabajar tantas horas, entonces rotan. Hay tres Annies. Las tres son maravillosas y distintas entre sí.

—¿Cómo conviven la profesional y la mamá?

—Son dos amores que van en paralelo. No podría existir uno sin el otro. No imagino mi vida sin mis hijos ni sin ser actriz, por eso trato de que convivan. Tengo un compañerazo que me acompaña incluso cuando es difícil. Cuando Nino tenía tres meses me fui a Uruguay a hacer Piel de Judas con Susana y él vino conmigo para cuidar al bebé. Estaba aprendiendo a poner el cochecito en el auto y ya estaba trabajando. Fue un torbellino y él dijo: “Vamos”. Eso no me lo olvido más.

—¿Hubo culpas?

—A veces sí. Tengo que decir la verdad. A veces me da cosa porque son muchas horas afuera y yo todavía estoy dando la teta. Soy muy fanática de dar la teta, me encanta. Me parece el alimento perfecto, más allá de que Isa ya come. A Nino le di hasta los dos años y medio. Dejé porque ya estaba bastante embarazada y por las contracciones tuvimos que cortar, pero hubiera seguido.

—¿Teta full? ¿No es lactancia mixta?

—Full teta. Isa no toma mamadera, ese es el tema.

—¿Y cuando te fuiste con Rolo?

—Me llevé el sacaleche. Permanentemente sacándome leche estuve. Soy una vaca lechera. (Risas). Ella estuvo con comida esos días y, si hacía falta, mi mamá le daba un poquito de fórmula con cucharita a la noche. Pero cuando volví, se prendió perfecto. El cuerpo humano es una maravilla.

—¿Te dio culpa irte?

—Un poco sí. Pero también hice todo un trabajo con mi puericultora, Paola de los Santos. Le dije: “Pao, me voy dos días, ¿se me corta la leche?”. Me dijo: “No, llevate el sacaleche y listo”. Y así fue.

—Mientras una lo disfruta, es hermoso.

—Exacto. Hablo desde mi experiencia. A mí me dio muchísimo placer. Tuve mastitis, sí, no fue todo color de rosa. Pero la conexión, mirarlos a los ojos mientras toman, saber que les estás haciendo un bien, para mí es ideal. Ahora, entiendo perfecto a las que no quieren o no pueden. Cada familia sabe lo suyo.

Tatiana:  Personajes Julieta Nair Calvo
Julieta Nair Calvo: "No imagino mi vida sin mis hijos ni sin ser actriz, por eso trato de que convivan"

—Cuando Nino tenía dos años y medio, seguías dándole y estabas embarazada, ¿aparecía la mirada de afuera?

—Siempre está la mirada juzgona. Hay un meme buenísimo: “Hagas lo que hagas, te van a mirar”. Si trabajás, mal. Si no trabajás, mal. Si das teta mucho tiempo, mal. Si dejás antes, mal. Está en uno decidir a quién escuchar y hacer lo que uno siente. Tengo una compañera que tiene una nena de cuatro años y a la noche le sigue dando a veces teta y me decía que no lo cuenta porque la nena es grande y la van a juzgar.

—¿Te dio culpa sacársela cuando estabas embarazada?

—No lo sufrí tanto la verdad porque sabía que venía otra. Creo que por ahí con Isa me va a costar más.

—¿Colecho?

—Sí, hacemos colecho y me cuesta mucho desprenderme. Nino ya está en su habitación, hace poco. Isa duerme con nosotros, es muy bebé.

—¿Duerme toda la noche?

—¿Qué es esa utopía que acabás de decir? (Risas). A veces sí, pocas. Y lo festejamos como un mundial. Pero es random. Tenemos la habitación arriba y la de él abajo, la escalera es un tema.

—¿Cómo es Rolo como papá?

—El mejor. Me enamora verlo papá. Se ocupa, le encanta jugar con los chicos. Me recuerda mucho a mi papá, que también era así, tengo que ir a terapia. Pero es una imagen que me hace bien, se lo digo siempre, me enamora verlo en ese rol.

—¿Se pudieron reencontrar como pareja con una beba tan chiquita?

—Es un laburazo, lo hablamos mucho. También hablamos de la presión social: “Hay que tener intimidad tantas veces por semana”. ¿En qué momento? (Risas). Para mí intimidad también es charlar, reírnos, mirar diez minutos de una serie antes de que me duerma.

—El primer año no odiarse ya es un montón.

—Total. Identificar presiones externas y entender que estamos haciendo lo que podemos, porque los dos seguimos trabajando, los dos chicos, la vida.

—Si le pregunto a él en qué momento sos insoportable, ¿qué me va a decir?

—Seguro en varios. Soy medio hincha con el orden. No soy la reina del orden, pero en mi desorden me encuentro. No sé si hay una cosa masculina o qué, pero abro debate, porque para mí es algo generalizado: se van a hacer un café y dejan la leche afuera de la heladera y se van a mirar la tele. “Después la guardo”, te dicen y no, guardala cuando te serviste. O el cajón, saca la media y lo deja abierto. ¡Cerrá el cajón!

—¿Cómo se conocieron?

—Nos presentó Gimena Accardi hace más de ocho años. Yo estaba haciendo Mi hermano es un clon. Ella me decía que era perfecto para mí, que me iba a encantar. Entonces fuimos varios del elenco a un bar que era suyo, Uptown. Yo fui jurando ya modo cita, pensando nos vemos y por ahí nos alejamos nosotros, vamos a tomar algo.

—O sea, estaba claro que se iban a conocer ustedes.

—Para mí sí, pero él vino en modo anfitrión, se acercó a la mesa, preguntó si estaba todo bien, que pidamos lo que queramos, se retiró y no volvió. Yo fui toda montada y creí que no le había gustado. Después me escribió. A la semana salimos solos a cenar y no nos separamos más.

Tatiana:  Personajes Julieta Nair Calvo
Julieta Nair Calvo con Tatiana Schapiro en Infobae

—¿La versión de él?

—Que fue estrategia para no parecer el baboso que se acerca a la famosa. (Risas).

—¿Te rompieron el corazón de adolescente?

—Una vez lloré fuerte. Con música, obvio. (Risas).

—¿Con qué?

—Cristian Castro, Luis Miguel y frente al espejo, chequeando cómo lloraba. Soy actriz.

—¿Tu hijo va al jardín o todavía no?

—Sí, desde sala de dos.

—¿Y cómo te llevás con esa apertura al mundo?

—No, con el jardín la verdad que tenemos una experiencia linda. Lo que cuento siempre en redes es que que usa anteojos desde que tiene dos años. Vi que un ojito se le iba para adentro. Después se refregaba mucho como si tuviera sueño. Saqué turno urgente y los estudios dieron que tenía muchísima hipermetropía y estrabismo, así que le indicaron anteojos permanentes y parche de oclusión.

—Se te parte el corazón.

—Totalmente. Pero le dimos naturalidad. Él dice que con anteojos es “Súper Nino”. El parche lo entendió perfecto: “es para curar el ojito”. Ahora ya estamos por sacárselo y el otro día me dijo “dejámelo todo el día así se cura”. Me fui a llorar al baño. También tuve que hablar con las seños y pedir ayuda porque sus compañeros le sacaban los anteojos pensando que era un accesorio, tipo te saco un sombrero, y él no sabía cómo defenderse. Me decía: “No sé por qué me sacan los anteojos. O me los tocan, no veo” Te matan esas cosas. Y aparte que entienda perfectamente para qué es y que colabore con la causa. Con una inteligencia emocional que me superó.

Personajes -Julieta Nair Calvo - Annie
Julieta Nair Calvo: “Una de las razones por las que decidí hacer Annie fue pensar en estar en el escenario y que mi hijo venga a verme.

—¿Me contás esa propuesta de casamiento?

—Sí, y después te cuento una yapa que tiene que ver con la sincronicidad que tenemos con Rolo. Entre nosotros nunca, salvo alguna que otra vez en joda, surgió la de charlar del casamiento, entonces pensé para sus 40: “saco los pasajes para irnos de viaje a San Martín de los Andes solos y se lo propongo, es una linda demostración de amor”. Entonces averigüé joyerías y con ChatGPT consulté cómo es cuando propone una mujer. ¿Se compran dos anillos? ¿Cómo es la formalidad? Bueno, la IA me decía: “podés comprar dos o podés comprar uno, se lo das a él, después él uno a vos”. Decidí comprar dos, qué sé yo.

—El ChatGPT asesor de propuesta matrimonial me parece una cosa espectacular.

—Y aparte, la primera vez que lo usé en mi vida fue para eso. Me lo bajé solo para preguntar eso porque no le quería decir a nadie. De hecho busqué en joyerías con la ventana oculta para que no viera, no sé cómo se dice.

—Ventana de incógnito.

—Eso. Buscaba joyerías ahí como para ver qué onda, los tamaños, porque él no tiene anillos. ¿Cómo le saco el tamaño? Dormido, pensaba. Bueno, cuestión que él cumple 40, hace un festejo y me avisa que va a decir unas palabras, agradecer a todos. Me sorprendió cero porque a él le encanta hablar, es muy buen orador, genera emoción, clima. Y yo de hecho, sin sospechar nada, preparé unas palabras para decirle a él. Cuestión que cacha el micrófono, bueno, gracias a todos, no sé, habría sesenta personas.

Personajes - Julieta Nair Calvo
Julieta Nair Calvo: "Rolo es el mejor, me enamora verlo papá"

—¿Dónde estaban?

—En un lugar en Pilar que alquilamos, tipo playita, o sea pies descalzos. Muy relajado todo, alguna gente en malla, atardecer. Y empezó a agradecer a su familia, sus amigos y empezó a decir cosas de mi que me encantaban, pero me daban mucha vergüenza. Y en un momento dice “por eso que quiero compartir la vida con vos” y saca la cajita, hace todo de película, se arrodilla, yo muda. La tenía a Isa encima, casi se me cae, vino una amiga mía a sacármela de los brazos. Aparte mientras tanto pensaba “Hijo de puta, me ganó de mano” (Risas). Obvio que sí, quiero. Aplauso, medalla y beso. Anillito divino. Locura total, sincronicidad del amor. Digo, más allá de la papeleta que va a suceder, hay algo lindo de energías encontrándose en el amor.

—Felicitaciones, recontra felicitaciones. ¿Tenemos fecha?

—Seguramente sea el año que viene. Nosotros tenemos mucha familia afuera también. Tengo familia que vive en Málaga. Su hermano vive en Florencia. Otros amigos viven en Alemania. Tenemos que coordinar un poco el mundo para coincidir finalmente acá en Buenos Aires y hacer una fiesta con nuestros seres queridos.

—¿Qué soñás de ese encuentro y de ese festejo?

—Sueño que sea lo más genuino posible y lo más nosotros, lo más real. No queremos imponer nada y ni entrar en un caballo, queremos que sea el reflejo de nuestro amor verdadero.

—¿Los chicos qué rol van tener en el casamiento? ¿Entran con vos de la manito?

—Van a estar. Son parte de todo. Nino ahora está fanático de Annie. El otro día vino a un ensayo, se sabe las canciones. Ya me salió artista (risas).

—¿Te gusta este mundo para él?

—Me gusta que le guste. Está fanático de este mundillo. Desde bebé es una locura lo que tiene con Michael Jackson. Te juro que todos los días de mi vida, en algún momento, me dice: “Mami, hay show”. Yo tengo que dejar lo que esté haciendo, sentarme en el sillón —que es donde va el público— y él arma el escenario en el living. “Acá es el escenario, acá mi camarín”, me dice. Tiene sombreros, vestuario; para sus dos años mis amigas le regalaron el traje de Michael y obviamente hizo show en su cumpleaños. Hace show en todos los cumpleaños, en los 70 de su abuela, en los 40 del padre. Se sabe las canciones: “¿Me ponés Dirty Diana? ¿Me ponés Smooth Criminal?”. Es un fanatismo real.

—¿Y en tu casa eran fans?

—No, para nada. Nos gusta, pero no somos fanáticos extremos. De hecho, nosotros casi no le poníamos tele. Con el primer hijo sos muy “pantallas no”. Pero un día quedó un video de Michael en YouTube y él, que ni miraba la tele, se dio vuelta y se quedó hipnotizado. Probamos: poníamos Michael y se quedaba; cambiábamos y perdía interés. Después empezó a reconocer la música. Una vez escuchó Bruno Mars en la radio y preguntó: “¿Esto es Michael?”. Tiene algo muy fuerte con la música. Tiene cinco o seis sombreros para sus shows. En cada reunión pide que la gente se siente a un costado y él sale, baila, se tira al piso. Le encanta. El otro día lo llevé a un ensayo de Annie y enloqueció. Se quiso aprender las canciones, se hizo amigo de todas las nenas en un minuto. Es un colorado de anteojos adorable. Es luz. Siempre me pregunta cuándo lo llevo de nuevo. Y te digo algo: una de las razones por las que decidí volver al teatro con esta obra fue pensar en eso. En estar en el escenario y que él venga a verme. Me da una ilusión enorme.

—¿Y cómo estás hoy con el tema pantallas? Hay mucha presión con eso.

—Con Isa nada, no mira. Con Nino fue distinto. Cuando empezó a usar el parche por el ojo, al principio se enojaba. La indicación fue distraerlo quince minutos para que se acostumbrara, entonces ahí negociamos: un poquito de tele, diez minutos de Michael. No celular, pero sí algo en pantalla como recurso puntual. Fue una herramienta, no algo libre todo el día.

—Una negociación.

—Sí. Nada de celular, pero sí un poco de pantalla porque fue indicación del oftalmólogo: tele lejos, algo grande, no el teléfono en la mano. Diez minutos, él se distrae, se olvida del parche y después: “Amor, apagamos y vamos a dibujar”. Y listo. Hacemos los ejercicios, pintamos. Ahora empezó también con las películas, a entender las historias.

—¿Relajaste un poco con eso? Con el primero una quiere hacer todo perfecto.

—Relajás porque sino, no podés vivir. En algún momento te tenés que bañar, lavar los platos…

—No sé por qué pensás que es tan importante bañarse. Está sobrevalorado.

—(Risas). Bueno, un ratito y una peli. Tratamos de elegir qué ven también.

—Juli, preguntas random para conocerte.

—Ay, pánico. A ver.

Personajes - Julieta Nair Calvo
"En un momento dice 'por eso que quiero compartir la vida con vos' saca la cajita y se arrodilla, la tenía a Isa encima, casi se me cae", recuerda Julieta sobre la propuesta de casamiento

—La peor cita de tu vida.

—Con un futbolista. No voy a decir el nombre porque ni me lo acuerdo, y es verdad. Chateábamos, él jugaba afuera y vino a la Argentina. Me pasó a buscar en un remís y la cena fue una entrevista mía hacia él porque no hablaba. “¿Bien el vuelo?” “Sí”. “¿Te recibieron bien?” “Sí”. Yo remándola para evitar silencios incómodos. Y después empezó a bardearme, que agarraba mal los palitos del sushi… Yo pensaba como en The Office, mirando a cámara: ¿qué estoy haciendo con mi vida? Encima, cuando se bajó del auto, se le cayó el celular y se le rompió todo. Karma.

—¿Lo conociste por Instagram?

—Sí, cuando recién empezaba a usarse. Mensajito va, mensajito viene. Yo tampoco esperaba que fuera el amor de mi vida, pero al menos que hablara.

—¿Primera alarma o posponés?

—Pospongo una o dos veces. Antes me levantaba con la primera. Me encanta la mañana, pero ahora negocio un poquito más.

—¿Te tirás las cartas?

—Sí, a veces. En pandemia hice cursos. Siempre me gustó el tarot. Me atiendo hace años con una astróloga que adoro y ese mundo me resuena. No es que me condicione, pero me da herramientas. Igual, para mí es más fácil tirarle las cartas a otro que a mí misma. Me pienso demasiado.

—¿Sexo a la mañana o a la noche?

—(Risas). Hace un par de años te decía a la mañana. Hoy, en cualquier momento que se pueda está bien. Y agradezcan.

—¿A qué famoso bloquearías de WhatsApp?

—A nadie, soy yo la intensa. Mando audios larguísimos y aviso antes: “Preparate un mate, te mando un podcast”.

—Si vas a un karaoke, ¿qué cantás?

—Shakira siempre aparece. Algún dueto, algo de Disney. Y Luis Miguel o Cristian Castro, que son para cantar a los gritos.

—Lo más loco que hiciste por amor.

—Volar a Nueva York por dos días para ver a alguien. Una relación a distancia, mucha ilusión. Me gusta un poco esa adrenalina. Fue intenso, pero lo hice.

—Si pudieras robarle un talento a alguien, ¿cuál sería y a quién?

—La capacidad de contar anécdotas con rapidez y gracia. Escuché a Moldavsky el otro día y pensaba: qué don para hilar historias, acordarse de nombres. Yo me olvido de todo. Eso me parece un talento enorme.

—Se viene un 2026 movido.

—Sí. Mudanza, casamiento, y Annie. Es un musical histórico, para toda la familia, que habla de esperanza, de familia, de ilusión. Me emociona pensar en estar en el escenario y que él esté en la platea mirándome.

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