Se identifica como un desarrollador inmobiliario. “Pasa que mucha gente no sabe lo que es un desarrollador inmobiliario”, dice e ilustra: “Lo que hago es compro tierra, hago edificios y luego vendo esos edificios”. Simple. Es el Beltrán Briones que se ve en las redes. El otro es el Beltrán novio de su novia, hijo de sus padres, amigo de sus amigos de toda la vida. Pero “desarrollador inmobiliario” es la respuesta relámpago. Lo otro es un desprendimiento de su trabajo: influencer, instagramer, tiktoker, y ahora autor.
A los 26 años, mientras su conteo de seguidores crece por encima de los dos millones, acaba de lanzar el libro El método Briones. ¿Por qué? Argumenta dos razones: las charlas son finitas -“en un salón entran solo 300 personas, grafica”- y los libros no; lo digital desaparece, el libro es inmortal. En él, enseña “cómo promocionar y vender cualquier cosa”, según la propia confesión del subtítulo. No se refiere exclusivamente a su metié, el negocio inmobiliario, la venta de inmuebles: las recomendaciones van desde productos, servicios, lo que sea.
Marketing, dinero, interacciones, marca propia, el éxito, la vergüenza, las oportunidades, la honestidad: una pequeña ventana de El método Briones según Beltrán Briones. Su infancia y su experiencia en Sudáfrica, el colegio, los contactos, la política, Javier Milei, lo que haría si fuese jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, los barrios porteños, los barrios populares y cuánto necesita una persona para considerarse alguien millonario.

—¿Cuándo entendiste que vos eras tu propia marca?
—Tardé. Tardé. La verdad que yo antes hablaba mucho en redes sociales pero a través de la marca de la empresa. Y después empecé a hablar a través de mi marca personal, que yo no sabía lo que era una marca personal. Y me di cuenta de que el mismo video subido desde mi marca personal, desde mi perfil personal, generaba muchos más prospectos, mucha más interacción, mucha más gente me hablaba cuando era el mismo contenido. La gente está reacia a interactuar con una empresa pero está dispuesta a interactuar con un individuo. Me di cuenta, ponele, en enero de 2025.
—¿Sabés cómo convierten las visualizaciones en una venta?
—Sí, perfectamente. Por la cantidad de visualizaciones que tengo hoy sé cuántas ventas voy a tener en tres semanas más o menos, a ojo. Cantidad de visualizaciones equivale a un porcentaje de prospectos. Prospecto siendo una persona que te habla interesada en comprarte. De la cantidad de prospectos sé qué porcentaje se transforma en visita. Y de la cantidad de visitas sé qué porcentaje se transforma a reserva. Y del total de reservas sé qué porcentaje se transforma en ventas.
—¿Un millón de visualizaciones en qué se transforma?
—Depende el video pero pueden ser dos, tres, cuatro ventas. Definitivamente. De departamentos, que es un ticket alto ¿no?
—¿Cómo fue tu infancia?
—Una maravilla. La verdad que yo lo he dicho en alguna que otra ocasión, yo no creo en la suerte pero definitivamente yo tuve suerte. Toda la vida con mamá y papá, felices. Me mandaron a los mejores colegios. Toda la vida jugué al rugby, fútbol, tenis, natación, grupo de amigos bárbaro. La verdad que si yo tuviese que decir del 1 al 10 mi infancia fue un 10/10.
—Siempre cómodo económicamente.
—Totalmente. Los mejores colegios. La mejor educación. La verdad que un 10.
—¿Cuándo entendiste que eso era un privilegio?
—Yo a los 9 años me fui a vivir a Sudáfrica. Me fui a vivir cuatro años a Sudáfrica. Y Sudáfrica es uno de los países con mayor desigualdad de riqueza. El 2% tiene mucho, particularmente por el apartheid. Los blancos tienen mucho dinero y los negros tienen muy poco dinero. Y yo iba a la casa de mis amigos y era una locura, pileta, tenis, cancha de pádel, mansiones. Y yo era normal, no era mis amiguitos con los que yo interactuaba. Y luego en un momento me hice amigo de un chico que estaba subvencionado en el colegio y fui a su casa y su casa era una villa. Bongy se llamaba el chico. Y vino a mi casa a jugar entonces lo llevamos a su casa, mi papá lo llevó, yo lo acompañé en el auto, y lo tiramos en el medio de una villa en Sudáfrica. Y no tenía papá y tenía familiares con sida: en las villas, tres de cada cuatro hombres tienen sida. Y ahí dije “¿qué onda esto, papá? ¿qué hace este pibe acá?”. Me dice “mirá -me explica-, hay gente que vive en estas condiciones, en Sudáfrica hay una desigualdad enorme”. “Yo vivo mejor que el 99% de esta gente, qué locura”. Y en el colegio había varios chicos en estas condiciones que también vivían en villas o en barrios muy, muy humildes y me ha tocado ir de chico, 9, 10 años, a sus casas y dije “ah ok, no todo el mundo vive igual”.
—¿Por qué se habían ido?
—Papá laburaba en un banco. El banco era sudafricano. Entonces le ofrecieron ir a laburar allá y se fue expatriado cuatro años.
—¿En algún momento empezaste a sentir la diferencia de oportunidades respecto a la educación, a los vínculos familiares?
—Sí, definitivamente. Conozco historias de chicos que los papás se separan y es un trauma. O que los papás se llevan mal. O que se re cagan a puteadas. Son cosas que yo no viví la verdad. Y lo noto y me di cuenta. También el tema de las oportunidades hay que saber tomarlas. Porque imaginate en el ambiente en el que me crie, los colegios a los que fui, casi todos mis compañeritos tenían padres con dinero, un entorno familiar muy bueno, plata, educación, oportunidades. Y yo sinceramente lo que noté es que mucha gente no toma las oportunidades que la vida le da. Es como que hay amigos que digo che boludo, tu viejo tiene una empresa de la concha de la lora, está espectacular, está dispuesto a laburar con vos, ponete a laburar con tu papá, ponete de cadete. Me dice no, no, por un tema de ego yo quiero crear algo propio. Le digo boludo, ponete a laburar con él, te va a enseñar todo, te va a mostrar la caja, te va a mostrar la contabilidad. Entonces yo creo que, digamos, el entorno con el que yo me fui criando tuvieron oportunidades muy similares a las mismas y muchos no las supieron aprovechar. Y yo le digo a la gente joven si tenés una oportunidad agarrala. Si tenés un contacto usalo. Si en vez de tirar CV conocés a alguien que te puede dar una mano para empezar a laburar hacelo. Yo también me di cuenta de eso rápido. Todos tenemos oportunidades.
—¿Todos?
—Sí, todos. En algún momento una puerta se te abre pero hay gente que dice “yo no me lo merezco, no quiero, no quiero molestar o no quiero quedar mal”. Hay gente que por vergüenza no pide. “Che, ¿me podés dar una mano?”. “No, me da cosa pedir una mano”. En ese sentido tenés que ser descarado.

—¿El deseo por dónde pasaba en tu adolescencia mientras ibas creciendo?
—Por las mujeres (risas), por el rugby, por el fútbol. Y en un momento me empezó a interesar el tema de los negocios ¿no? Empecé a leer libros de negocios. Empecé a decir “che, qué onda una empresa, qué onda crear algo, qué onda construir algo”. Me empezó a picar el bichito a los 15, 16 años. Empecé a leer libros. Con los libros se me despertó el interés.
—¿Pero tenía que ver con armar una empresa o con tener mucha plata?
—No, armar una empresa. Si tenés las necesidades básicas cubiertas, nadie trabaja por la plata. Trabajás por el goce de crear. Lo divertido de encarar un proyecto, sentir miedo, avanzar. Lo divertido de negociar una compra. Lo divertido de cerrar una venta. Lo divertido de promocionar un proyecto y venderlo. Yo trabajo por la adrenalina y por la sensación de juego que trabajar me da. Ganas más, ganas menos, no importa. La verdad que no pasa por ahí. La plata por ahí es como un score card, una tarjetita de puntos. Pero yo no conozco ningún desarrollador, ningún empresario, que lo único que lo mueva es la guita.
—¿Cuál fue el mayor festejo hasta ahora, la operación que más alegría te dio?
—Cuando abrí la desarrolladora propia. Yo estaba en una desarrolladora y me abrí, creé el Grupo Briones. Con papá la abrimos. Y no tuve hijos aun pero tengo una sensación: es como un hijo. Lo amo, lo cuido, lo quiero, pienso todo el día en la empresa. Cualquiera que haga algo malo “no, no, por favor, mi bebé”. Yo creo que el momento así en mi carrera fue la empresa nueva, que ya estamos con seis edificios en construcción, que creció rápido, que ya se disparó. Ese fue como el mayor orgullo.
—¿Hay algo de la búsqueda de generar orgullo en tu papá?
—No trabajo para hacerlo orgulloso pero yo sé que él está orgulloso de mí y yo a él lo admiro mucho. Él es mi gran mentor. Él me introdujo en el rubro. Me enseñó muchísimo de finanzas, de ventas, de administración, de impuestos, de todo. Yo digo que yo soy un producto de mamá y papá. Yo soy, con lo bueno y con lo malo, un producto de su educación. Yo creo que la gente que más incidencia tuvo en mi forma de ser, en mis valores y en mi capacidad intelectual fueron mis papás. Por los libros que me recomendaban, por los colegios a los que me mandaban, por las cosas por las cuales me cagaban a pedos, por las cosas que me dejaban hacer y las cosas que no me dejaban hacer. Estoy muy agradecido con mis viejos.
—¿El hate en las redes te sirve?
—Mira, hay que saber llevarlo. Tampoco hay que caer en la boludez de provoco a todo el mundo y todo el mundo me odia porque te podés pasar. Pero sí, yo cuando veo que las interacciones caen, las consultas caen… Agito un poquito el avispero con algún tema candente que sé que va a prender y lo hago a propósito. Y ahí se prenden en llamas todas las redes. Al día siguiente explota Twitter, explota TikTok, explota Instagram, explota Facebook, para bien o para mal pero a los dos días de que sucede ese gran incidente tengo mucha gente entrando a mi perfil, revisando lo que hago, “gente, saqué un nuevo proyecto a la venta en Núñez. ¿Están interesados?”. Y toda esa gente ve mi nuevo proyecto a la venta en Núñez. Entonces lo sé usar. Después está el lado emotivo, que creo que uno tiene que estar blindado, y yo creo que a mucha gente el hate la afecta y la afecta mucho. Y yo creo que la razón por la cual a la gente la afecta el hate es porque cuando te dan un halago, cuando te felicitan, cuando te validan, te encanta. Te encanta que te pongan genio, ídolo, crack. Entonces si te gusta lo que un tercero opina de vos te va a molestar lo que un tercero cuando te putea opina de vos. Entonces yo no pongo mi felicidad o mi buen humor o mi bienestar en la opinión o en manos de un tercero. Si me odia todo el mundo y yo estoy orgulloso de mí mismo vamos para adelante. Entonces yo creo que ese es el problema, pretender que un tercero a través de sus comentarios te ponga de buen humor y si logran eso ya te ponés en efecto del otro.
—¿Cómo hace un joven que está en su primero o segundo trabajo para pensar en comprarse una propiedad?
—No puede ni pensarlo. Sin un crédito hipotecario es totalmente imposible. Para que te des una idea el precio promedio de escritura de la Ciudad de Buenos Aires ronda los 150.000 dólares. ¿Cómo ahorras 150.000 dólares con un sueldo de 2.000 dólares? Es imposible. Y 2.000 dólares en un buen sueldo. Es imposible ahorrar 150.000 dólares. La única forma que tiene un joven de comprarse una propiedad es a través de un crédito hipotecario. No se están entregando créditos hipotecarios.
—¿Tenés fe en la política?
—Sí, yo creo que hay gente que está ahí para bien, para ayudar, y hay gente que no, que es una forma de lucrar.
—Se te nota como falto de confianza y sin embargo hay mucha gente que te imagina en política.
—No sé por qué pasa eso pero no tengo ningún interés. No, no, no. Igual no es que todos los políticos son malos eh. Hay gente que yo creo que genuinamente va y quiere ayudar y da una mano y hay gente que no, que no tiene ideología. Que solo dice y hace lo que le da la encuesta. Que creo que Larreta fue el gran ejemplo de esto. El típico que quería caer bien a todo el mundo. Encuestaba todo el tiempo. Hacía focus groups todo el tiempo. Decía yo soy swiftie, amo a Taylor Swift. Después decía yo soy liberal. Después decía voy a subir impuestos. Después decía voy a bajar impuestos. Y el que intenta caerle bien a todo el mundo, en mi experiencia, no le cae bien a nadie. Y yo creo que en la política hay mucho de eso, de a ver qué me da la encuesta, ay, tengo que ser más liberal ahora. Y de la nada es Milton Friedman el tipo. Bueno, yo creo que eso no funciona. Y veo mucho eso en la política y muchos otros que son mucho más genuinos.
—¿Te imaginás trabajando en política en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Te imaginás como candidato en algún momento?
—No, para nada. No tengo ningún interés.
—Mirá que queda el archivo.
—Bueno (risas).
—Todos o mucha gente te imagina. Pero no, no va por ahí hoy. Te va demasiado bien en el sector privado.
—Es que el sector privado es muy lindo. Mismo cuando me junto con políticos la vibra, la onda de los tipos es baja. Es mala. Es fea. Rosca, que el puterío, que te convenzo, que te debo, que el favor. Vos te juntás en una mesa con emprendedores, con empresarios, todos buena onda, “che tengo un proveedor”, “ah mirá, tengo el flaco que me hizo la página web”, “uh mirá, te doy una mano con esto”. Es otra vibra el sector privado.
—En una época tener un millón de dólares era ser millonario. ¿Hoy cuánto hay que tener para ser millonario?
—Por definición es un millón, pero con la inflación que hemos tenido un millón hoy no es lo mismo que un millón en los 80. Estamos de acuerdo. Yo creo que el monto para vivir de la concha de la lora, nivel millonario como te lo imaginás en los 70, creo que el monto deben ser veinte palos. Ajustado por inflación. Porque la gente se olvida, del 2017 a 2025 la inflación en dólares fue del 30% a nivel mundial. El dólar tiene mucha inflación. Entonces un millón de dólares en el 2017 no es lo mismo que un millón de dólares en el 2025. Pasa que nosotros tenemos tanta inflación en pesos que nos olvidamos.
—¿Estás muy lejos?
—Sí, pero soy joven. Hay tiempo (risas).
—¿Hay un número objetivo?
—No, no pasa por ahí. Igual, a ver, me preguntás y soñar es gratis. 20.000 millones de dólares. Para que te des una idea, Galperín se estima que tiene 10.000 millones.
—Querés duplicarlo.
—Estoy bien, sí.
—¿Cuándo festejaste?
—Mi primer sueldo lo festejé. Después cuando me hicieron socio de la primera desarrolladora lo festejé. Dejé de tener sueldo al ser socio. Y después cuando se creó la empresa nueva y, obviamente, como presidente de la sociedad y demás lo festejé.
—¿Ese primer sueldo dónde estabas trabajando?
—En una desarrolladora. Mi viejo era uno de los socios pero había varios, no era de la familia.
—¿Cuántos años tenías?
—Yo tenía 20, creo.
—¿Y en qué lo usaste?
—Lo primero que me compré con mi primer sueldo fue el carnet de River que me hice socio y tenía que comprar el carnet y que me lo envíen a mi casa. Ese fue mi primer pago me acuerdo.
—¿Invertís tu plata en tus propios proyectos?
—Sí. Y de hecho es un flor de speech de ventas. Porque yo te digo “che Tati, te quiero vender este departamento acá”. “Mmm, no estoy segura”. “Para que te des una idea el departamento de al lado yo soy el dueño, título personal”. Entonces no es que de la boca para afuera. A mí hay una frase en inglés que me encanta que es put your money where the mouth is: poné tu plata donde está tu boca. Entonces yo digo hay que invertir acá, hay que invertir acá, hay que invertir acá, che Beltrán ¿y vos qué haces con tu plata? Yo la invierto ahí. Estoy invertido. Y me ayuda hasta espiritualmente a vender. Y vender con más furor y con más énfasis. Porque digo no es que soy un careta, un hipócrita, mis ahorros si algo sale mal están ahí.
—¿En qué negocio chocaste, en cuál te fue mal?
—Me acuerdo una vez un edificio que hicimos en Núñez que lo vendí a un precio determinado y no me aprobaban el inicio de obra, eventualmente me lo aprobaron un año y medio después, entonces empezamos a construir el edificio, luego subió muchísimo el costo de construcción y un edificio que era para ganar siete palos salimos empatados. Y bueno, es durísimo. Pero decí que salimos empatados, te pudo haber salido mucho peor. Y hablé con desarrolladores que me dijeron “pendejo, festejá que saliste empatado”. Para mí fue un fracaso total. Pero tampoco me voy a ahogar en mis lágrimas.
—“Pendejo festejá“. ¿Cómo es moverte en un ámbito en donde los empresarios en general mínimo te doblan en edad?
—La verdad que me han tratado muy bien y yo creo que es muy justo el trato que yo recibo. Cuando digo una pelotudez me tratan de pelotudo y cuando digo algo que es correcto me dicen tenés razón pendejo. Los inversores, imaginate, entre 50 y 60 años. Los proveedores entre 40 y 50. Nuestros compradores entre 40 y 50, 60. Me triplican en edad a veces. Pero realmente han sido muy justos conmigo. Muy justos. Cuando yo digo una boludez, yo sé que a veces digo boludeces, me dicen “che, acá dijiste una boludez”. Tenés razón.
—¿Cómo ves hoy el tema habitacional en Buenos Aires?
—Lo que ha pasado con las villas es una vergüenza. Digamos, han usurpado terrenos de forma ilegal. Hay gente que le han regalado títulos de propiedad por tierra que nunca pagó y se les subsidian los servicios y no pagan ABL. Entonces es como totalmente injusto. Y por otro lado tenés un laburante que trabajó toda su vida, pagó impuestos y se tiene que romper el lomo y paga un alquiler y vive más o menos. Y por otro lado tenés un tipo que usurpó, que muchos son inmigrantes ilegales, que tienen una casa. Entonces desde ese punto de vista mi opinión es totalmente injusto lo que está pasando. Ese es el primer punto. Después hay una crisis habitacional en la Argentina, faltan alrededor de tres, cuatro millones de viviendas. Hay que construir más. El gran problema de por qué nos faltan casas es porque no hay financiación. Y el gran problema de por qué no hay financiación es por el descalabro macroeconómico, la hiperinflación en la cual hemos vivido los últimos veinte años. Pero bueno, todo se remonta a un problema monetario por el cual no hay financiación, por el cual no hay obra, por el cual el déficit habitacional. Y no hay financiación ni para la construcción ni para la compra. Entonces yo que soy desarrollador trabajo para un millón de personas que son más o menos los que pagan Ganancias, los que tienen guita. Yo construyo edificios para el mismo millón de personas siempre. Y todos los desarrolladores trabajamos para la misma gente. El de clase media, media-baja o baja no tiene ninguna chance de comprarse una propiedad en la Argentina actual porque no hay crédito.
—¿Cómo hace un adolescente joven que está en su primero o segundo trabajo para pensar en comprarse una propiedad?
—No puede ni pensarlo. Sin un crédito hipotecario es totalmente imposible. Para que te des una idea el precio promedio de escritura de la Ciudad de Buenos Aires ronda los 150.000 dólares. ¿Cómo ahorrás 150.000 dólares con un sueldo de 2.000 dólares? Es imposible. Y 2.000 dólares en un buen sueldo. Es imposible ahorrar 150.000 dólares. La única forma que tiene un joven de comprarse una propiedad es a través de un crédito hipotecario. No se están entregando créditos hipotecarios.
—Vuelvo a los barrios y las villas de emergencia.
—La Villa 31 es muy grande. Es muy visible. Por el acceso de la Illia se ve perfectamente. Y es una de las zonas más caras de toda la Ciudad. Entonces es la que más mueve la aguja en el debate. Yo personalmente pienso que casi todos los políticos no tienen ideología. Hacen lo que creen que les va a dar votos. Y es lo que está sucediendo. Ahora lo tenés a Jorge Macri hablando de las villas, en contra de los asentamientos, en contra de regalar títulos. Se generó mucho interés en la Ciudad de golpe por el tema de las villas. ¿Por qué? Porque ponés el tema en agenda. Hay mucha gente a favor de que se haga al respecto. Dice uy, si hago al respecto por ahí me gano votos. Es mi manotazo de ahogado para ser reelecto. Y de la nada hay interés. Entonces yo siempre digo, los políticos no tienen ideología, lo único que tienen son ganas de ser reelectos y con tal de ser reelectos van a hacer lo que ellos creen que el electorado quiere.
—¿Vos planteás que la solución tiene que venir de la mano de los privados?
—Es que me parece que es injusto que la gente siga destinando sus impuestos a urbanizar las villas. Para que te des una idea, con Larreta se estima que se gastaron entre 500.000 y 1.000 millones de dólares de los impuestos de los bonaerenses en urbanizar la 31 nomás. 1.000 millones de dólares de impuestos que pagamos todos para urbanizar la Villa 31. Es una vergüenza. Con 1.000 millones de dólares, yo lo dije medio en joda, medio en serio, les hago un mini Nordelta ¿ok? Es una fortuna de guita en urbanizar una villa que está llena de narcotráfico, llena de ilegales, llena de crimen.
—¿Cómo establecés la negociación con la gente que vive ahí?
—Ahí es donde entra la parte de si querés el poder jurídico. ¿Tenés escritura? No. ¿Y qué me estás reclamando? No tenés escritura. No, pero te juro que yo vivo acá. No tenés escritura querido, afuera. ¿Tenés título de propiedad? No. ¿Y qué me estás reclamando? Yo te estoy ofreciendo esto, tomalo o te vamos a tener que desalojar. Si no tenés un título de propiedad. Ahora, los que tienen título de propiedad porque equívocamente se les dio con esos te tenés que sentar a negociar y ellos tienen un título que dice esta tierra es mía. Yo respeto la propiedad privada. Ahora, el que no querido lo lamento, yo te estoy ofreciendo esto agarralo. Por eso, genuinamente pienso que el jefe de Gobierno que saque la Villa 31, de alguna manera diplomática, políticamente bien comunicado, va a ser electo presidente.
—Te cambio de zona. ¿Núñez tiene tu corazón?
—(Risas). Sí, Núñez y Saavedra me vuelven loco.
—¿Vivís ahí?
—No.
—¿Dónde vivís?
—Muy cerca de la oficina, por Recoleta.
—¿Es un buen lugar para invertir hoy Recoleta?
—No, es un gran lugar para alquilar. Tenés departamentos grandes, edificios muy antiguos, muchos sin cocheras, pero realmente si los departamentos son tan grandes hoy por hoy la tasa de natalidad estamos en 1,1, ya no existen esas familias grandes, edificios antiguos que los jóvenes no quieren vivir, entonces si vos no te molesta vivir en un edificio antiguo para mí está regalado el precio del alquiler. De hecho históricamente, la Ciudad de Buenos Aires tiene un precio promedio de venta que siempre el barrio que mejor reflejaba el precio promedio de venta de la Ciudad de Buenos Aires fue Almagro. Hoy el barrio que mejor representa el precio promedio de la Ciudad de Buenos Aires es Recoleta. Recoleta hoy tiene un precio de venta promedio.
—¿De cuánto es hoy?
—Hoy es de alrededor de 2.450 el metro. Cuando antes Recoleta era número 1. Era Puerto Madero, Recoleta.
—¿Puerto Madero para invertir?
—Muy mala opción desde mi punto de vista. El precio promedio en Puerto Madero hoy es de 7.000 dólares el metro. Siguen habiendo construcciones. El Alvear Tower, que es la torre más alta de la Argentina, 52, 54 pisos, la mitad de las unidades vacías. Está sobre ofertado y Puerto Madero estaba muy bien ubicado cuando los porteños trabajábamos en el microcentro. Ahora que los porteños están cada vez yéndose para zona Norte, que se van a Bajo Belgrano, que se van a Núñez, que se van a Vicente López, que se van a zona Norte y que está muy instaurado el home office vivir en Puerto Madero estás como medio lejos de todo, siete lucas el metro y un poco sobre ofertado. No lo veo como una gran opción.
—¿Mejor barrio para invertir hoy?
—Saavedra desde mi punto de vista. Bueno, bonito, barato. Muy buen acceso a zona Norte. Zonas aun residenciales. Mucho por construirse. Lo veo muy bien.
—¿Barrio para salir hoy?
—Retiro residencial. Retiro residencial está muy castigado. De alguna manera si se hace mi propuesta de la villa eso recupera como no sabés qué, pero mucha gente en la calle. Muy sucio. Mucha inseguridad. A la noche en Retiro es muy bravo. Y te digo Retiro por no decirte, Monserrat, Barracas, San Telmo, Balvanera, San Nicolás. Muy picante a la noche. Muy oscuro. Mucha inseguridad. Poca gente en la calle. Esa zona se vio muy, muy castigada. En particular post pandemia.
—¿Qué se puede hacer con el microcentro post pandemia?
—Yo creo que incentivo fiscales. Por ejemplo, que se use el pago de Ingresos Brutos para comprarte un proyecto en microcentro. Que los que desarrollen en microcentro no paguen Ganancias, aunque eso es a nivel Nación. Sería un quilombo que te lo aprueben. Beneficios fiscales. Yo creo mucho en el incentivo financiero para el privado para recuperar zonas. De hecho Trump hacía eso. Había zonas castigadas de Manhattan y decía “esta zona es una porquería. Si vos a mí, ciudad de Nueva York, me das un beneficio fiscal por construirte acá yo te construyo acá una torre de lujo y te levanto el barrio”. Y le decían que sí. Entonces el tipo construía, le daban permisos especiales, pagaba menos impuestos y levantaba ciertas zonas.
—¿Los countries?
—También un poco sobre ofertados. Hubo un éxodo en pandemia. La gente huía de la ciudad porque querían el verde, el jardín, la pileta. Lo que está pasando ahora es que las Universidades están volviendo a la presencialidad cuando antes era modalidad online. Los trabajos están volviendo a la presencialidad cuando antes era modalidad online. Entonces el tráfico que tenés en la Panamericana o los distintos accesos a la Ciudad se saturan. A la mañana y a la tarde/noche se saturan las autopistas que entran y salen de la Ciudad. Entonces como se saturan mucha gente está empezando a analizar volver a Capital, al centro. De hecho me pasa que mucha gente tiene una casa de country y me dice te compro un dos ambientes en Capital para hacer base. Mi hijo estudia, duerme acá, yo si puedo me quedo acá porque sí, es un quilombo.
—En algún momento hablaste del criar hijos en un country. ¿Te imaginás criando hijos en un country?
—No creo. No creo. Yo creo que hay muchas comodidades y esta fantasía de quiero criar a mi hijo con el verde. La realidad es que yo conozco a muchísima gente que vive en countries y el verde no lo usan nunca. Terminan encerrándose en el playroom los chicos a jugar con el iPad. En mi experiencia. El country es un gran producto, por algo se vende, por algo es demandado. Esta es mi opinión. Pero además la niñez está por ahí buena en un country, la adolescencia es un parto. Porque a los 16 años vos vivís en un country, tu hijo quiere salir, sos remisero. Y si no sos remisero y le das el auto chupan y después manejan en pedo. Es un quilombo la adolescencia para los chicos de country. Conozco miles de personas que viven en countries, en la adolescencia es re picante. Acá en Capital se toma un Uber, se toma un taxi, va en colectivo. Tiene movilidad propia.
—¿Y la burbuja del country?
—Es la burbuja del country. Nadie le pide plata en la calle. Nunca le intentan robar. Después vienen acá a Capital y están así en la avenida Corrientes usando el teléfono y vos decís este pibe vivió en un country toda su vida. Nunca se tomó un subte. No tiene una SUBE. Hay costos. Por otro lado sus amigos por ahí son millonarios que el día de mañana le abren una puerta. Todo tiene su costo y su beneficio. Tampoco voy a romantizar el peligro. Tampoco voy a romantizar “ay, me robaron en Plaza Italia así que yo soy un verdadero porteño”. No.

—¿Cuán importantes son los contactos?
—10/10. Si me decís una cosa que te den contactos. Más que la inteligencia, más que la capacidad. Después tenés que saber usar los contactos pero es fundamental.
—Vos decías que tuviste una buena educación. No sé a qué escuela fuiste, ¿pero sentís que adquiriste más conocimientos o contactos?
—Mucho más contactos. Yo creo que lo más valioso de un colegio son los chicos con los que tu hijo va a estar y compartir tiempo. Lo más valioso son los contactos. Amigos, padres de amigos, primos de amigos. Mi novia la conocí porque era la mejor amiga de la prima de mi mejor amigo. Mi grupo de amigos incorporamos gente que era amigo de un amigo que terminamos haciendo negocios. Un par trabajan conmigo, un par de mis amigos de toda la vida. La gente que yo contrato son amigos de amigos. Los proveedores con los que yo laburo son referidos de otros. Los clientes que me compran vienen referidos por otra persona. Es un mundo de contactos.
—Es fuerte lo que decís porque eso también muestra cómo el que no accede a esos contactos, parte ya diez metros atrás, ¿no?
—Totalmente. Totalmente. Pero es la verdad, no te voy a mentir. Los contactos son fundamentales. Saber a quién llamar. Tenés un problema con tu página web, a quién llamas. Querés hacer marketing digital ¿tenés un contacto? Che, tengo un quilombo contable ¿tenés un contador? Che, tengo una duda con la escritura ¿tenés un escribano? Che, me llegó una carta documento y no sé qué tengo que contestar ¿tenés un abogado de confianza?
—Hay una agenda a la que es muy interesante acceder, me quedo con esto.
—Es lo más importante de un colegio. Y lo mismo de la Universidad y mucha gente que hace MBA afuera, másters afuera, te dicen lo más importante del máster es quién es tu compañerito.
—¿Lo entendiste de chico?
—No, lo entendí de grande. Cuando empecé a trabajar lo entendí. Cuando empecé a trabajar empecé a entender ah mirá, trabajamos con este pibe porque conoce a tal. Ah mirá, este nos compra porque conoce a uno que nos compró hace un par de años. Ah mirá, este llegó porque otro le habló de nosotros. La famosa difusión boca en boca. El boca en boca es oro.
—¿Cuál fue la decisión más polémica que tuviste que tomar éticamente?
—Lo más difícil de la vida del empresario casi siempre es el tema de la gente. Cuando alguien ya no va. O cuando ya no está para ser parte o cuando no podés pagar más o cuando tenés demasiada gente. Creo que eso es lo más duro. No sé si hay un dilema ético pero es como decís “no tengo ganas de hacer esto”. Si fuese por mí emplearía a gente y los tendría a todos bien pagos. Después decís no es rentable el negocio, no podés hacer eso. Siempre hay un dilema ahí.
—Igual alguna vez yo tenía, decime si esto es correcto, pero alguna vez dijiste no hay nada más sano que echar un empleado.
—Sí, sí. Se armó, uf.
—¿Era de esos días que querías salir a provocar?
—(Risas). Ni siquiera. Era una charla en una Universidad y bueno, quedó el clip. Sí, ahí hablo de que las empresas muchas veces se estancan. La gente se estanca y baja la productividad. Y que los despidos suelen espabilar al resto de la compañía, al resto de la gente. Cuando Elon Musk compró TikTok echó al 70% de los empleados. Facebook lo hizo hace poco. WeWork lo hacía todo el tiempo, todo el tiempo. Las empresas muy grandes lo hacen. Obviamente es una frase no muy feliz ¿no? Pero definitivamente es algo que es cierto. El resto se espabila. Sacás a la manzana podrida. Te aumenta mucho la productividad.
—¿Te cuesta despedir gente en lo personal?
—Sí, sí, es una situación de mierda. Sí.
—¿Qué le decís a un pibe que está hoy en la secundaria? ¿Qué haga qué con su vida?
—Que se ponga a leer. En la secundaria tenés mucho tiempo al pedo. Que se ponga a leer ya libros. Ya que se ponga a leer. Después lo otro si puede conseguir un laburo part time si es mayor, o sea, si estás en quinto año un laburito part time. Para mí laburando aprendés una banda. Cobrando un sueldo que te cobran impuestos, que pagás esto, que te cobran Ingresos Brutos, que la plata en la cuenta. Ponete a leer, ponete a trabajar, ponete a estudiar, pero intentá seguir trabajando. Para mí con el trabajo te da calle, te enseña cómo se maneja el mundo real, te explican cómo cobrar un cheque, entendés que es un puto recibo de sueldo. Y para mí tenés que ser autodidacta. La educación formal está bien pero la gente que prospera es autodidacta. Todos los días lee un poquito. Yo leo todos los días un poco. Todos los días un poquito. Pero un poquito cinco páginas por ahí, no tengo mucho tiempo. Cinco páginas. Y eso compuesto a lo largo del tiempo vas a empezar a sacarle mucha ventaja a la competencia.
—¿Nunca te dio vergüenza grabarte?
—No. Pero ese es el punto para mí con qué objetivo lo hacés. Si vos lo hacés para hacerte famoso y para que te alaben y para que te digan crack y después no te sale te da vergüenza. Si vos lo hacés para vender, con un objetivo comercial, y el objetivo comercial sale es como que decís che, me funcionó. Creo que tiene mucho que ver.
—Pero a la vez acá me dijiste en el método Briones que “me tengo que mostrar bien”. No en cuanto al contenido, en cuanto a tus éxitos.
—Tenés que dar a conocer tus éxitos, sí. Pero ahí también yo peleo un poco contra este concepto de humildad. Porque está muy bien ser humilde pero la verdad que a veces es como que pecamos de humildes. Porque por ahí vos la rompiste, le hiciste una nota espectacular al presidente de la Nación. Yo te digo Tati, mostráselo a todo el mundo. Le hiciste una nota tremenda a un empresario que nunca da notas y fue una nota espectacular que a todo el mundo le encantó. Contáselo a todo el mundo. Y esta cosa de que mis logros hablen por sí mismos. Yo tengo que ser humilde. Yo tengo que ser pefil bajo. Yo digo mira, si tenés logros dalos a conocer. Perfil bajo puede ser Messi que es el número 1 indiscutido. Entregás un edificio, contáselo a todo el mundo. Hacés algo bueno, contáselo a todos el mundo. Hiciste un laburo bueno en el trabajo, asegurate que todo el mundo lo sepa. ¿Vos sabés cuánta gente hay que trabaja en una empresa que hace un buen laburo y después el jefe le cuenta al jefe del jefe que lo hizo él y nunca le dan crédito al que lo laburó en serio?
—Tenemos que ser nuestro propio director de marketing y de publicidad.
—Totalmente. Ahora, regla número 1 del marketing: no mentir. Las mentiras tienen patas cortas. Pero sí dar a conocer todas las cosas buenas que hacés. El otro día me llegó una alfombra, la subí por escaleras porque no entraba en el ascensor. La subí, la tiré en mi casa, la puse, puse la mesa, puse el sillón, la puse perfecta. Le mandé una foto a mi novia, le mandé una foto de yo todo chivado con la alfombra acá. Cosa que “che Ana, lo hice yo”. “Ay amor, te amo, gracias por ocuparte”. Tenés que dar a conocer las cosas buenas que hacés. Cuando un inversor gana plata, che, ganaste tanto con nosotros. Fijate.
—Te dejo ser jefe de Gobierno por un día. ¿Cuáles son las tres medidas que tomás?
—Como desarrollador inmobiliario, intentar acelerar la aprobación de los planos para las obras. Que la obra mueve mucho PBI. Realmente da mucho trabajo. Mucho. A la mano de obra, a la gente que lo vende, a los que venden el lote, a los proveedores de materiales. Entonces intentaría acelerar eso. Creo que eso te mueve mucho la aguja económica de la Ciudad. Segundo punto, es que si solo estoy por un día me metería en un quilombo bárbaro pero sí intentaría hacer algo con las villas.
—Estás un día, firmás el decreto.
—Me voy en helicóptero. Sí, sí, firmo el decreto de que si no tenés título de propiedad no podés estar y firmo el decreto que digo si los privados le pagan a la gente que está ocupando y la gente se va, yo le doy esas tierras al privado.
—Te queda un decreto para firmar.
—Me queda un decreto. Probablemente algo relacionado a la educación. Intentaría concientizar sobre los daños nocivos de la droga en los chicos. Para mí las drogas, son veneno. Que a los 13 años taller intensivo de cinco días de qué te hace la marihuana, qué te hace la cocaína, qué te hace la heroína, qué te hace esto. Todo un taller de concientización porque para mí la mejor forma de que no se droguen es que nunca lo prueben.
—Hace un ratito me dijiste hay algunos políticos en los que creo. ¿Quiénes?
—Javier Milei me parece un fenómeno. Federico Sturzenegger me parece un fenómeno. Adorni como vocero me parece… de hecho es el primer vocero que sé que es el vocero en la historia. El vocero siempre fue intrascendente. Patricia Bullrich en seguridad me parece que mucho coraje. Mucho coraje. Donald Trump en Estados Unidos, fenomenal. Mucho coraje.
—¿Hablaste con Milei alguna vez?
—No. No.
—¿Estás si te llama para charlar?
—Encantado, es el presidente de la Nación. Encantado, sí.
—Te dejo entonces ser presidente por un día. ¿Qué hacés?
—No, me parece que el camino que está tomando este gobierno es muy sensato. Intentar terminar de quitar el cepo. Si bien quitaron el cepo todavía para empresas no está. Para mí el cepo es un gran problema. Intentar bajar impuestos, pero para bajar impuestos tenés que bajar gasto público, esa es la otra cara. Entonces tenés que reducir los servicios que da el Estado para poder reducir los impuestos. Creo que el programa de desregulación de Sturzenegger es fantástico. Y después hay varias cosas, pero uno que para mí lo que termina de regular una República es el Poder Judicial. Limpiar el Poder Judicial. Si te mandás una cagada tenés que ir preso. El político vive con impunidad porque el Poder Judicial no está funcionando como debería. Entonces realmente limpiar el Poder Judicial y que sea un poder independiente y que si alguien se manda una cagada que vaya preso y eso va a sentar un precedente fantástico para futuros políticos.
—¿Va a ser un buen año para Argentina?
—Muy buen año. Tengo mucha fe en la Argentina. Pero de acá a 10 años eh, no el año que viene. Tengo mucha fe en la Argentina. Yo creo que la Argentina es un gigante que estaba dormido. La Argentina tiene todo para prosperar, capital humano, recursos naturales.
—¿Cómo sigue el año?
—Mira, ahora el foco está en Grupo Briones, en la empresa. Seguir creciéndola. Seguir comprando lotes. Seguir expandiéndonos.
—Hoy seis.
—Sí, hoy seis edificios en construcción.
—¿Cuántos metros son eso en total?
—En este caso en particular son casi 30.000 metros. Pero puede ser más, puede ser menos, dependiendo el tamaño de los lotes. Y después lo otro es estoy promocionando mi librito como un loco. Que además mucha gente joven me lo está comprando y eso me gusta mucho. Muchos pendejos me mandaban es el primer libro que leo en mi vida. Una locura.
—¿Por qué escribiste un libro?
—Por la demanda que había. Hay varios motivos. Uno: mucha gente dice “che Beltrán ¿das capacitaciones? Che Beltrán ¿cuándo das una charla?“. Y las charlas son finitas, en un salón entran 300 personas. Un libro es infinito. Después lo otro: hay cierto prestigio en escribir un libro. Tanto video, tanto video que “che, lo quiero poner por escrito, que quede”. Para mí un libro es inmortal. Lo digital desaparece: se cae Instagram, se cae Facebook, se cae YouTube y desaparece. Y la verdad que principalmente para ayudar a la gente. De hecho hablé con la editorial, les dije pongámoslo lo más barato posible el libro. Me dijeron “no boludo, pero si vendés bien vas a ganar guita”. No es para ganar guita. Pónganlo lo más barato posible. Pónganlo al costo les pedí. Me dijeron no Beltrán, al costo no. Pero lo saqué muy barato también con ese objetivo, para que la gente lo lea y le sirva.





