Gonzalo Aziz: el día que conoció a Sabina, su pasión por las motos y el motivo por el que “jamás” abriría una cuenta en Tinder

El periodista al frente de “La Tarde de Infobae”, recorre en esta entrevista su historia personal, desde su vocación musical postergada hasta sus aventuras en moto por la Argentina. También, cuenta que su máximo deseo es formar una familia aunque nadie lo encontrará en una app de citas

Guardar
Gonzalo Aziz: el día que conoció a Sabina, su pasión por las motos y el motivo por el que “jamás” abriría una cuenta en Tinder

Mucho antes de convertirse en uno de los analistas políticos más reconocidos de la televisión argentina, Gonzalo Aziz era un chico de Adrogué que encontraba su refugio en el piano y la guitarra. “Viví en una casa con muchos amigos”, recuerda el hijo único de una familia de clase media, sostenida por dos padres con vocación de servicio: un papá, ingeniero, que le enseñó a tocar sus primeros acordes a los nueve años; y una mamá educadora y directora de escuela, que marcó a fuego su sensibilidad y su forma de mirar al otro.

Durante años soñó con ser músico profesional. Los tests vocacionales en la secundaria le daban “99,9 % música”. Sin embargo, el temor de sus padres ante la incertidumbre de esa carrera y una conversación clave con una psicopedagoga del colegio, lo llevaron a anotarse en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. “Lo tuyo es comunicar. No importa qué, comunicar”, le recomendó la especialista. Allí descubrió una pasión inesperada por el periodismo y, más tarde, por la política. Ese recorrido lo llevó también por una maestría en Política en la Universidad Austral y un posgrado en Ciencias Políticas en la Complutense de Madrid.

Hoy, tras 23 años en la señal de noticias TN Aziz desembarcó en Infobae en vivo, en lo que él define como “el mejor momento de su vida profesional”. Al frente de La Tarde de Infobae, de 18 a 21 y acompañado por Diego Iglesias, Malena de los Ríos, Matías Barbería, Gustavo Grabia y un equipo de expertos en política, economía y policiales, aportará lecturas especializadas y miradas diversas sobre la agenda del día.

De traje y corbata en pantalla, pero con alma de músico y alas de motoquero –un legado de su tío-, repasa el camino que lo trajo a este presente que considera bisagra: la infancia en la parroquia de barrio, su primera banda de rock, el día que tocó con los músicos de Joaquín Sabina en Madrid, la libertad que le dan los viajes sobre dos ruedas, el cable a tierra que representa su familia y el deseo cada vez más latente de enamorarse y de formar la suya propia. Pero advierte: “Jamás me van a ver en Tinder”.

—¿Entendiste que querías ser periodista cuándo?

—Uf, te tengo que contar una historia larga pero lo voy a hacer corto. Toco el piano y la guitarra desde los nueve años y mi sueño siempre fue ser músico. Los tests vocacionales de la secundaria daban 99,9 % música. Hasta que un día se lo dije a mi viejo que es el que me enseñó a tocar la guitarra y me dijo: “¿Músico?”

—Él es ingeniero.

—Mi papá es ingeniero. Y mi mamá es educadora, es directora general de escuela. Y ahí como que el susto de mis viejos en esa época, en ese momento de nuestra historia, me generó cierto temor a mí también, así que hablé con la psicopedagoga del colegio al que iba y me dijo que estudiara comunicación que lo mío es comunicar. No importa qué, comunicar. Así que me fui a la UBA y me anoté y ahí empezó una pasión desconocida para mí por el periodismo y después por la política, que hoy me tiene en este lugar súper feliz.

—Hiciste Ciencias de la Comunicación en la UBA.

—Sí. Y después hice una maestría en Política en la Universidad Austral. Y un posgrado en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, en Madrid.

—Decidiste que te gustaba estudiar además.

—Sí, me encanta. Porque además creo que los que hablamos de política o de economía tenemos una responsabilidad con la gente que nos ve. Porque a veces nos escuchan, nos ven o nos leen, y no digo que determinamos su conducta, pero de repente, si confían en vos, quizás toman una decisión de inversión o de vida —o de lo que sea— porque vos estás diciendo: “che, al país le pasa tal cosa”. Entonces, la mejor manera que tengo de ser responsable con ese compromiso que nuestras audiencias ponen sobre nosotros es estudiando. Decir: “mirá, hice lo mejor que pude”.

—¿Cómo era esa infancia, cómo era esa casa?

—En Adrogué. Una familia de clase media que se hizo muy de abajo. Mi mamá era directora de la escuela a la que yo iba en la primaria. Cuando pasé a la secundaria, mi vieja dijo: no voy a ser la directora de la escuela a la que va mi hijo porque es una tragedia para él. Así que se puso un jardín de infantes que hoy es un tremendo colegio de avanzada para la Argentina, en el cual mi papá, ingeniero, ya trabaja desde hace mucho tiempo. Una casa con muchos amigos, con mucha familia.

—¿Hijo único?

—Hijo único, lamentablemente no por deseo sino porque la vida así lo quiso. Pero con una familia y una casa súper social.

—¿Muy mimado?

—Te diría que sí. A ver, yo creo que esa es la única manera en que se cría un hijo: lo amás.

—Me dijiste antes de empezar que tenés ganas de ser papá.

—Sí, me encantaría ser padre. Soy muy familiero, muy amiguero. Me encanta el grupo, estar en grupo. No me gusta estar solo.

—La vida de club.

—La vida de club, de parroquia en Adrogué también, Acción Católica. De campamento a Bariloche.

—¿Era una familia religiosa?

—Mis viejos no, pero yo me sumé a la parroquia porque era una institución del barrio donde se jugaba a la pelota, donde tenía mi grupito de rock. Había fiestas. Mi primera novia. Todo pasaba por ahí. Y creo —aunque te sorprenda— que los análisis políticos que hago hoy están muy nutridos por esa experiencia de vida. Yo siempre levanto la bandera del diálogo y de la comprensión del otro diferente.

—Bueno, escribiste un libro hablando del tema, ¿no?—Sí, pero digo: eso se lo debo también a mis papás, a mis tíos, a mis primos, que todo el tiempo en casa respetaron las opiniones ajenas. No se cancela a nadie. Uno mama lo que después vuelca como comunicador.

—¿El vínculo con la religión continuó?—No. Creo en Dios, tengo fe, pero no voy a misa ni nada. Aun así, soy una persona de mucha fe.

—¿Y el amor por las motos cuándo apareció?

—El amor por las motos se lo debo a mi tío César, que falleció hace unos años: era el hermano de mi mamá y le encantaba viajar en moto por el mundo. Y tardé mucho en animarme porque siempre recibí comentarios que, sin mala intención, te dicen que la carrocería sos vos; que voy a esperar el día en que me llamen para avisarme que —viste—. Y digo, un día aprendí que también cruzando la calle te puede pasar algo y que vale la pena a veces tomar algún riesgo para disfrutar. Y viajar en moto es hermoso.

—¿Qué aventuras encontraste ahí?

—Muchísimas, porque primero cuando andás en moto tenés una sensación de libertad que es espectacular. Te sentís mucho más joven, más vivo, y adonde llegás la gente que te recibe es increíble. Caés en moto y te aparecen un montón de personas que te quieren conocer porque intuyen que sos de una manera particular. Y después porque es espectacular sentir físicamente el vínculo con el entorno. Vos abrís el casco —con el casco puesto, lógicamente— y ves un lago, ves un mar, ves una montaña. Recorrí toda la Argentina, todo Chile, toda España, el sur de Francia, todo el Reino Unido y el sur de Italia en moto. En cada lugar encontrás gente que se copa con tu historia de que andes en moto. Y también muchos que me veían en la tele y decían: “pero si vos hablás de política”. ¿Y qué, no se puede acaso?

—Es que te imagino cantando con la banda de rock y recorriendo el mundo en moto y no es el que veo en la tele. Cuidaste mucho tu intimidad

—La cuidé mucho, primero porque no soy una persona a la que le guste hablar exacerbadamente de su vida privada en los medios de comunicación. No quiero ser noticia yo.. Y en segundo lugar, porque quizás tuve mucho autoprejuicio de creer que si yo mostraba eso iba a perder la sobriedad que un analista político debe tener. Después me di cuenta de que, de repente, el año pasado haciendo un programa de streaming me encontraba tocando el piano con Cruzando el Charco o con César “Banana” Pueyrredón, o con Sandra Mihanovich o con Kapanga, y todos me decían: “pero yo te veo a la noche en la televisión hablando y acá estás de remera”. Y creo que terminé dándome cuenta de que mucho de lo que digo cuando hablo de política está muy nutrido por el arte. Yo creo en el arte como factor de la política. Me encantan los artistas que hablan de política, que dan su posición. Los admiro.

—Y eso también lo trasladás a tu imagen: siempre estás impecable.

—Cuando decidí pasar de ser periodista a analista político lo primero que hice fue hacer una maestría en política porque pensé en nutrirme mucho. Después también me di cuenta de que la estética es muy importante. Los grandes analistas británicos o norteamericanos andan de traje y corbata, y me encanta, les tengo tanta admiración que elegí seguir esa escuela.

—Pero también disfrutaste sentarte a tocar con César “Banana” Pueyrredón.

—Exactamente, sí. Claro que sí.

—¿No estamos en un momento en el que podemos separar el contenido del envase?—Mirá, yo tengo un tema con eso. Creo que las formas dicen mucho también. Hice toda mi carrera en la televisión tradicional, en el canal tradicional de noticias de la Argentina. Con lo cual nací, viví y creo que moriré trabajando de saco y corbata desde el día uno que entré a TN. Llegué como pasante de traje y corbata. Un pibe. “¿Y vos qué hacés vestido así, si sos un pasante?”, me dijeron. Y pensé que el día que me llegara la oportunidad de estar en cámara estaría listo para eso. Y se me reían todos.

—Y para hacer esa trayectoria, ¿fueron más importantes los sí o los no que te dijeron?—Los no. Estoy en un momento de mi vida en el que me encantaría encontrarme con las personas que me dijeron que no para darles las gracias. Tengo una persona en mente que claramente no voy a nombrar, pero fue una autoridad muy importante del canal en el que yo trabajaba, que fue muy dura conmigo en su momento y a la que le estoy profundamente agradecido, porque todos sus no son los que me llevaron a hacer otras cosas que me trajeron hasta acá.

—¿Y vos cuántos no te encontraste diciendo?

—Muchos, porque soy súper exigente para trabajar. Pero lo hago con respeto y con amor, no lo hago con ánimo de jorobar a nadie.

—El año pasado te vi pasándola bien: en el streaming, en Los 8 Escalones. ¿Ese siempre fuiste vos o algo en este crecimiento te permitió descontracturar?

—Creo que llegó en el momento en el que decidí que mi vida personal es lo más importante que tengo.

—¿Y cómo llegaste a esa conclusión?—Y, primero por el paso de los años. Porque vas viendo todas las decisiones erróneas, equivocadas que tomaste y no digo que te vayas arrepintiendo, pero vas aprendiendo. Y segundo, porque también te vas dando cuenta de que, como decía mi tío, te comiste la mitad de la pizza y te queda la otra mitad nada más. Entonces, si no ponés a tu vida personal por encima de todo, no vas a ser un gran profesional. Está lleno de profesionales que desde lo técnico son muy buenos en los medios de comunicación. No sé si hay tanta gente plena en su vida personal. Y creo que eso afecta mucho.

—¿Vos hoy sos pleno en tu vida personal?—Sí, sí. En un punto, sí. Me falta lo más importante, que es formar una familia, que es mi máximo deseo.

—¿Tenés ganas de enamorarte?—Sí, claro que sí. Te repito: soy súper familiero y soy súper equipero. Donde voy armo equipo y para mí la conformación de la pareja no es la sociedad de dos individuos, sino el equipo de dos personas, de dos seres humanos.

—Vos siempre fuiste muy reservado con tu vida, entonces no sé si estás hace mucho soltero, si estuviste en pareja y te separaste.

—Estoy soltero, sí. Y hace mucho tiempo que no tengo una pareja estable. Pero soy una persona que ama estar en pareja, que le gusta hacer familia.

—Hay ganas de eso. Está bueno.

—Sí, totalmente. Sí.

—¿Te puedo ver en Tinder o en una aplicación?

—No, jamás. Nunca tuve eso. Creo que también esto está muy ligado al rol profesional que uno ocupa: estamos muy expuestos los que trabajamos en esto y, sobre todo, los que hablamos de política, a la malicia de un montón de gente que puede aprovechar esas herramientas para querer hacernos daño.

—¿Mandando mensajito por redes sociales?

—Tampoco.

—Es re difícil, se acota un montón en este momento del mundo...

—Cuando digo mensajito podés mandar, pero siempre lo mismo que diría tomando algo, un café en un bar.

—Pero a alguien que ya conocés o a alguien que te presentaron. No le vas a escribir a una desconocida.

—No, ni loco. No. No. Ni loco.

—Sigue siendo un señor de traje y corbata.

—De traje y corbata, sí, pero también porque es el tipo de pareja que a mí me interesa construir. Respeto a todos pero digo, a mí me interesa construir vieja escuela.

—¿Por dónde pasa el placer hoy, el disfrute fuera del trabajo?

—Por estar con la gente que quiero y por viajar. Y por la música. Esas son las tres cosas que a mí me hacen feliz. Me hace muy feliz estar con mis amigos, con mi familia, con mis viejos, con mis tíos, con mis primos. Soy muy de volver a Adrogué que es el lugar donde nací y donde viví hasta hace seis años y disfrutar de un asado, estar al aire libre en una pileta, de tocar la guitarra con mis amigos, de tomar un vino. Eso me hace muy feliz. Me hace muy feliz ir a Villa La Angostura que es mi lugar en el mundo, donde mis papás pasan gran parte de sus días. Y estar en familia ahí en ese lugar tan hermoso. Y me hace muy feliz también viajar. Disfruto mucho viajar por el mundo, sobre todo volver a España que es un país que amo.

—Me contabas que es un lugar que te enamoró cuando estudiaste.

—Sí, cuando estudié ahí. Yo soy muy fanático de Joaquín Sabina a punto tal que viajé especialmente a España para ver su último concierto. El último de su vida. Y tuve la fortuna de sentarme en un palco al lado de personas como Jorge Drexler y llorar y disfrutar, pero Sabina es para mí la manera de contar Madrid. Yo voy a Madrid, me pongo los auriculares y camino por El Retiro o por el Paseo de Recoletos.

—¿Me odiaste cuando te conté que lo entrevisté acá o lo entrevistaste alguna vez?

—Sí, te odié. Nunca lo entrevisté. Una sola vez el Bebe Contepomi me permitió acompañarlo a una entrevista. El Bebe es muy amigo de Sabina. Y cuando terminó la entrevista me hace pasar, me sienta con ellos y Sabina —que había escrito el disco Alivio de luto— me pregunta: “¿y qué te ha parecido mi último disco?”. Y el Bebe me mira y me dice: “decí la verdad, no le mientas”. Entonces lo miro a Sabina y le digo: no me gustó. Es el disco en el que Sabina escribe por primera vez sus canciones sin estar atravesado por el consumo de nada. Entonces las canciones —y esto no es apología de nada, por favor— eran canciones mucho más planas desde lo poético y no había ninguna canción de amor profundo en ese disco, y eso es lo que Sabina mejor hace. Entonces tuvimos un debate con Sabina sobre ese disco y fue maravilloso. Y te voy a contar una anécdota mucho más fuerte. Cuando viví en España, en plena pandemia, en mayo de 2021, Pedro Sánchez toma la decisión de reabrir el turismo intercomunitario y de permitir que hubiera —con algunas excepciones— espectáculos en las ciudades. Primer concierto en Madrid, en el Teatro Alcalá. La banda de Joaquín Sabina sin Sabina, que por un tema de salud y de edad no podía participar del concierto. Entonces voy con un amigo —yo viviendo en Madrid—, sale la banda y quien era en ese momento su bajista, Pancho Varona, dice: “vamos a invitar a tres personas a que nos acompañen. Lo único que les pedimos, por favor, es que sean personas que sepan de música, que hayan estudiado música, porque esto tiene que seguir siendo un concierto”. Y pasé y canté “Peces de ciudad”, que para mí es el himno de mi corazón, en Madrid, en el Teatro Alcalá, con la banda de Joaquín Sabina.

—¿El trabajo se disfruta?

—Yo lo disfruto mucho, porque amo este país y porque creo que el trabajo de los analistas políticos es —o, en su defecto, debe ser— colaborativo con el país en el que uno vive. Uno analiza la política para que haya gente que escucha o ve lo que uno dice, y eso colabora con las decisiones que otras personas toman.

—¿Y cuando un presidente te picantea un poco en las redes qué pasa?—Bueno, me ha pasado con Milei hace un año y pico. No está bueno. No está bueno porque hay una relación de poder clara entre un presidente y un analista político. El presidente es el presidente y vos sos un trabajador que trabaja de analista político. Que te podés equivocar una y mil veces, pero es duro discutir con un presidente. Pero me parece que uno tiene que bancarla en ese momento. En todo caso, si se equivocó, pedir disculpas, y si no, sostener la postura y la posición.

—No es solo un presidente, es todo un aparato atrás en las redes muy fuerte.—Sí, en este caso sí. Hay todo un aparato de redes sociales que, afortunadamente, ahora bajó un poco el copete, pero cuando me pasó a mí —que también le pasó a Jazmín Bullorini, le pasó a Manu Jove; yo fui el primero de ese grupo— había una artillería digital disparándote, diciendo cualquier barbaridad de vos, y es tremendo porque muchos de los hombres y mujeres que trabajan en el gobierno vienen de la política de mucho antes; a muchos los conozco, gente con la que compartí la Facultad, por ejemplo. Fui compañero de maestría de uno de los últimos ministros de Milei, también de funcionarios del gobierno de Alberto, de Cristina, de Macri. Hemos compartido cumpleaños, cosas de la vida personal… y decirles: “che, ¿cómo podés permitir que se haga esto? ¿Cómo no le dijiste a este que está destrozando mi reputación en las redes sociales que me conocés, que sabés que esto es mentira?”.

—¿Cómo lo viviste vos personalmente en ese momento? ¿Se responde? ¿No se responde?

—Mirá, lo primero que hacés es cometer todos los errores, porque nadie sabe cómo resolver ese tipo de situaciones hasta que no te toca vivirlas. Es tremendo eso. A mí me pasó: de las peleas que tuve con Milei, la más dura de todas fue por un comentario gracioso que hicimos con Diego Sehinkman —con un dato real, aparte, eh; no fue inventado— sobre un viaje de Milei a Estados Unidos.

—La foto con Trump.

—La foto con Trump. Que todos los que estudiamos ciencia política sabemos esto: en Estados Unidos el lobby es legal y está lleno de consultoras que a los políticos que visitan Estados Unidos les proveen el servicio de relacionamiento, foto, reunión, etc. Y al momento en que yo hice ese comentario la foto con Trump no estaba. Y la persona que a mí me cuenta que la foto no estaba. Es una persona que conozco desde hace 15 años, que trabaja hoy en el seno de este gobierno. Me lo contó con mucho respeto. Me decía: “mirá, vos me conocés a mí, ya sabés cómo trabajé en otros gobiernos, cómo trabajo ahora. Si no tenemos la foto, lo voy a parar al presidente y se sacará una selfie con Trump, pero la foto me la traigo”. Y yo conté eso cómicamente un viernes a la noche, como para contar un poco la cocina de la política. Cero sentimiento malicioso hacia el presidente. De hecho, si vos ves todo lo que yo venía diciendo de ese viaje, eran todos halagos a un viaje que había sido exitoso. Entonces, que después se haga un recorte sobre veinte segundos de un programa de una hora y media y aparezcan un montón de comentarios ya no sobre tus habilidades profesionales sino sobre cómo sos como ser humano, es tremendo. Lo hablé hasta con el propio presidente ese día y me dio mucha pena que él no haya podido entender en ese momento que lo que se hizo fue sin maldad.

—¿Cómo quedó el vínculo?

—Quedó un vínculo de respeto, pero era una persona con la que hablábamos —aun con todas las diferencias, porque yo tengo muchas críticas por el gobierno— con mucho respeto. Hasta ese momento veníamos hablando bastante; de hecho, él me pidió un día que quería leer mi libro y se lo llevé, me hizo una devolución. Después de ese acontecimiento la relación fue muy tirante y hoy casi no hablamos.

—¿Uno se asusta en ese momento?

—La pasás mal porque sentís que es el Estado contra vos. Te lo juro —y no me estoy victimizando, ya pasó mucho tiempo y ya lo superé—. Pero yo estaba con mi familia en Miramar tomando mate sentado en la arena, en una playa, y de repente empecé a recibir llamados telefónicos que fueron súper intimidantes, con un montón de comentarios de los cuales costaba mucho reponerse. Pero bueno, yo estaba muy tranquilo con lo que estaba haciendo.

—Hablábamos hace un ratito de tu formación y de la responsabilidad con la que te tomás el trabajo de comunicar; ¿Cómo ves hoy lo que está pasando en cuanto a la comunicación?—Yo estoy a favor de que se amplifiquen las fuentes de trabajo para todos nosotros. Eso no puede ser una cosa completamente desregulada. Voy a tratar de explicarme porque es un tema muy sensible, porque siempre estamos al borde de que algún comentario pueda hacerme pasar a mí como una persona que quiere recortar la libertad de expresión. Nada más lejos de mí que eso. Todos tenemos derecho a decir lo que queremos. Ahora bien, los periodistas no podemos no tener ninguna consecuencia si lesionamos a alguien. Voy a poner un ejemplo. Ponele que yo me voy después de esta entrevista y digo públicamente, alegremente, que vos a mí me pediste plata para hacer esta entrevista. Hago pelota tu reputación. ¿Por qué yo no tengo ningún tipo de consecuencia por hacerte mal si lo hice a propósito?

Entonces mi pregunta es esta: ¿los periodistas no deberíamos ratificar profesionalmente nuestro trabajo para decir “che, si me equivoco en algo que hago, me equivoco desde la buena fe y habiéndome preparado”? ¿Por qué te quiero decir esto? Porque si un arquitecto hace mal un balcón y una persona se cae y se lesiona, el arquitecto paga una consecuencia. Nosotros tenemos un arma muy fuerte que es la comunicación: podemos levantar o destruir a un montón de gente con nuestros comentarios. Entonces, yo creo que tiene que existir —sin afectar la libertad de expresión— alguna herramienta, algún mecanismo o lo que sea que garantice que nuestro trabajo se hace con responsabilidad, sin mala fe, y que si hiciésemos algo con mala fe y con saña eso no pueda ser gratuito para nosotros.

—El tema es que hoy eso lo planteás en cuanto a periodistas, pero hoy hay muchas personas ocupando roles de comunicación que no son periodistas.—Yo creo que hay que discutir si el periodismo no merece ser colegiado. Las profesiones que tienen un impacto en terceros —la medicina, la arquitectura, la ingeniería, etcétera— están colegiadas porque es un mecanismo que permite ratificar la capacidad y la calidad profesional de la persona que hace un determinado trabajo para ver si puede hacerlo o no hacerlo, con formación, con capacidad, con trayectoria. Nosotros también tenemos un montón de aristas de nuestra actividad profesional que impactan sobre terceros. ¿Por qué lo puede hacer cualquiera? ¿Da lo mismo que lo haga una persona que se preparó que alguien que no se preparó? No sé, yo al menos planteo la discusión. No es que quiera autorreferenciarme, pero decidí hacer un máster en política porque en un momento me di cuenta de que era una especie de ser superior que se paraba en un estudio de televisión a opinar sobre el presupuesto, a opinar sobre el decreto, a opinar sobre… Y pensaba: si yo en mi vida había visto un presupuesto por dentro. Y no digo el dossier que le entregan a un periodista; nunca vi cómo se hace un presupuesto. Digo: ¿acaso los periodistas políticos no tenemos que saber cuál es la diferencia entre un decreto de necesidad y urgencia y un decreto reglamentario? ¿La confección de un presupuesto? ¿Cómo es el trabajo en comisión? ¿Cómo se redacta una ley? ¿Qué diferencia hay entre un decreto y una resolución de un ministerio? Estaba opinando de muchas cosas que nunca había estudiado. Y fui y me anoté en una maestría en política pública, donde estudian la mayor parte de los ministros. Y tenía de compañeros a ministros, diputados, senadores. Y de repente un examen era: confección de un presupuesto. Y me encontré a mí mismo redactando un presupuesto. O: analice este decreto reglamentario y diferéncielo de un DNU. Y claro, está buenísimo eso porque, una vez terminado ese período de formación, volví a la televisión con el conocimiento del caso.

—Ahora, Gonza, ¿vos llegás a tus 23 años a TN como pasante ya sabiendo que te interesaba la política y que era por ahí, o podía haber sido policiales, espectáculos?

—Hoy, con el diario del lunes, te digo que hubo una señal previa. En la Universidad de Buenos Aires trabajé, cuando fui alumno, como ayudante de cátedra en la materia Historia Política Argentina. Ahí ya despierto un interés por la política que después, cuando arranca mi época de cronista, se da por esta circunstancia de la vida: en el año 2008 ocurre la 125, me mandan a hacer los móviles durante más de un mes a la ruta, a San Pedro y la Ruta 9, todo el corredor hasta Rosario, y al regreso, cuando Cobos convence a Cristina de mandar una ley al Congreso para discutir las retenciones, el canal me dice: “che, pibe, ¿te interesa ir a cubrir el tratamiento de la ley?”. Y fui como quien no quiere la cosa y me quedé en el Congreso como acreditado parlamentario durante 14 años.

—¿Y nunca quisiste pasar del otro lado?

—Me lo planteé muchas veces. Lo que pasa es que, primero, hoy no encuentro ningún espacio político que me contenga en cuanto a mis intereses o a mis maneras de ver la Argentina. Yo creo mucho en el valor de la coherencia, entonces me encuentro con el hecho de que, si te metés en política, tenés que tragarte muchos sapos. Y pienso: me imagino a mí trabajando en determinado espacio político con alguien que yo, como periodista, vi robando y que me digan “no podés tocarlo”. No, paso. Entonces prefiero colaborar con lo público desde mi rol de analista político, haciendo buenos análisis de la realidad, tratando de compartir mis opiniones. Y, bueno, colaborar.

—¿Te ofrecieron lo que conocemos como sobres?

—Sí, mil veces. A ver, no te dicen “un sobre”, pero te dicen: “che, me interesa…”. No. La verdad que, primero, no va con mis valores. Y segundo, me parece que es muy de gil aceptarlos, además de ser una persona deshonesta, ¿no?. Pero ponele que sos deshonesto y además sos un gil, porque acá todos nos enteramos de todo. Y gran parte de nuestro valor profesional pasa por nuestra reputación.

—¿Te das cuenta cuando un colega tuyo sí acepta?

—Sí. Recontra. A mí no me molesta el periodismo militante aunque no lo comparto. Para mí no podés ser periodista y militante. Ahora, ponele que lo hacen de corazón: lo respeto. No lo comparto. Pero el que hoy lo ves militando para determinado político y hace tres días militaba para otro —que pasa un montón— deja muy en evidencia que lo está haciendo por otro interés.

—Eso enoja.

—Sí, claro, porque además la gente nos juzga a todos después. O aparece un Milei de la vida hablando de periodistas ensobrados. ¿Qué tiene que ver este conmigo? Nada. Y te da bronca, claro que sí.

—¿Con quién charlaste la decisión de irte de TN?

—Con mi papá, que es la persona con la que hablo de todo. Mi viejo es un tipo inteligentísimo, es brillante; es un tipo de una inteligencia superior. Y mamá es corazón puro, es una gran educadora, muy formada a nivel universitario. Pero a mi mamá siempre le gana el corazón. Mi vieja se levanta todos los días con ganas de vivir: es un corazón caminando. Mi viejo es un tipo muy sabio. Hablo con él de las cosas. Y aunque no lo creas, esta vez lo hablé con él y con un profesor de la maestría, que es una persona muy conocida públicamente —por eso preservo su nombre—. Son las dos personas que me aconsejaron. Mi papá es la persona con la que discuto todo, a la que le pido los mejores consejos para todo lo que tengo que hacer en mi vida. Y además es un tipazo. Si me decís cómo me gustaría cerrar esta entrevista, hablando de quién, yo te digo: a mí la vida me regaló los mejores papás que te pueda regalar la vida. Tengo un papá y una mamá que son un mil, que siempre me acompañaron en todo, que siempre me respaldaron en todo. Y yo te puedo decir con total certeza que soy esto que ves en gran parte por mi papá, por mi mamá y por mi familia.

—Me quedo con eso entonces. ¿Lo vas a traer un día al programa?

—Feliz. Me pasó ahora que estuve en el Sur, que lo fui a ver, que un día lo pesqué mientras me estaba cambiando para ir al lago con él y con una familia amiga, y lo escuchaba a mi viejo: “no, no, porque Gonzalo empieza en Infobae… y además, no, el excelente trato que le están dando…”. Y hablaba con un amor y con un orgullo de papá que ve que su hijo es feliz haciendo lo que hace; con un orgullo que imagino que él como papá debe mirar a mi vieja y decir: “Pato, lo logramos, ¿viste?”.

Últimas Noticias

Lara López Calvo: “Las mujeres tenemos un gran síndrome del impostor, tenemos que ser más mandadas”

Es asmática, pero corre maratones. Es adicta a la adrenalina de la tele, pero se define como corredora de montaña. Ambiciosa, estudió economía y periodismo en la universidad simultáneamente, estuvo cuatro horas diarias en televisión desde los 21 años y corrió el cruce de los Andes dos veces. El difícil momento en que dieron información falsa sobre su vida, cuál fue la situación límite que la impulsó a responder las mentiras

Lara López Calvo: “Las mujeres

Es cardiólogo y le hizo maniobras de RCP a su papá durante 35 minutos: “Un desfibrilador salva vidas y vale menos que un celular”

Mario Fitz Maurice es director de INADEA, una institución médica dedicada exclusivamente al diseño de áreas cardioasistidas, profesor universitario y ex Jefe de la sección de arritmias del Hospital Rivadavia. Dice que en Argentina hay una muerte súbita cada quince minutos, narra el episodio en el que tuvo que asistir a su propio padre y resalta la importancia de la reanimación cardiopulmonar y de tener espacios “cardioprotegidos”

Es cardiólogo y le hizo

El día en que Juli Puente decidió ser mamá: el dolor silencioso de la anorexia, las dificultades para lograr el embarazo y la emoción al confirmar la noticia

En Ellas, la influencer y conductora habló con franqueza sobre su proceso personal previo a la maternidad y el cambio que le permitió llegar a esta etapa desde un lugar más consciente, calmo y amoroso

El día en que Juli

Sofía Gonet, La Reini, sin filtros sobre el amor y el caos emocional: “Tengo tatuada la inicial de mi ex en mis partes íntimas”

En Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, la influencer habló con franqueza sobre sus contradicciones, su vínculo impulsivo con el dinero y su manera de vivir los vínculos afectivos. Entre confesiones, anécdotas inesperadas y planes desmedidos, reveló cómo construye su personaje público y qué busca en las relaciones

Sofía Gonet, La Reini, sin

Agustina Kämpfer: el precio de ser una mujer con carácter, las reglas no escritas del periodismo y los desafíos de criar sola

En Desencriptados, la periodista y conductora habló sin filtros sobre el costo personal de la exposición pública, las decisiones que marcaron su recorrido profesional y la importancia de ser fiel a sí misma. Además, reflexionó sobre la maternidad desde una mirada realista y contó cómo eligió un modelo de coparentalidad cuando aún no era conocido

Agustina Kämpfer: el precio de
MÁS NOTICIAS