Fernando “Rifle” Pandolfi es un exfutbolista argentino, reconocido por su talento con la pelota y su carácter singular dentro y fuera de la cancha. Como jugador profesional, se destacó principalmente en Vélez Sársfield, club con el que obtuvo múltiples títulos nacionales e internacionales, entre ellos la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental durante los años 90. Posteriormente, integró el plantel de Boca Juniors y tuvo una breve experiencia en el Perugia de Italia. También disputó partidos con la selección argentina bajo la dirección de Marcelo Bielsa en 1999. A pesar de su calidad técnica, se retiró a los 27 años, en 2001.
Más allá del fútbol, Pandolfi desarrolló una trayectoria profesional diversa y creativa. Tras dejar el deporte, formó parte de bandas como Actitud Sospechosa y Mil Hormigas, con las que grabó discos y compartió escenarios junto a referentes del rock argentino. Además, trabajó como actor en la película independiente La despedida, donde interpretó a un futbolista amateur, y emprendió proyectos gastronómicos como socio en restaurantes junto a amigos y excompañeros.
Pandolfi permanece en la memoria por su estilo de juego original y su potente remate, rasgo que le valió el apodo de “Rifle”. Su personalidad franca y rebelde lo llevó a expresar sus opiniones sobre el fútbol argentino. Actualmente, continúa activo como comentarista y figura pública; comparte su visión sobre el presente del deporte y respalda a entrenadores y personalidades con quienes compartió experiencias. Su voz directa lo distingue en el ámbito deportivo, manteniéndose como referente en la opinión futbolística.

—¿Se te puede considerar un “hombre diferente” en el mundo del fútbol?
—No sé. Yo no me puedo calificar así. Pero no soy un enfermo del fútbol.
—No fuiste nunca un enfermo del fútbol y te retiraste temprano.
—Era un enfermo del fútbol de pendejo. Hasta los veintipico. Después ya pasó a ser un laburo.
—Hablaste mucho de esto, pero me inquieta cómo termina siendo raro algo que me parece lo más normal que es cansarse de hacer lo mismo durante años...
—Sí. Hablamos de seres humanos, ¿no? Lo que pasa es que la gente ve el éxito, el dinero, la fama, lo que sea... Mi entorno, la gran mayoría, me decían que estaba loco, que siga un par de años más por la plata. Pero en ese momento creo que la decisión que tomé fue la correcta.
—Y además te metiste en el mundo del rock. Dos actividades que fascinan a todos, porque todo el mundo quiere ser jugador de fútbol o rockero.
—Lo que pasa es que lo de rocker es un poco más de manera independiente y de cabeza dura, un poco también como en el fútbol. Cuando yo era chico, me iba a probar a los lugares y me decían que no. Y era insistir, insistir, insistir. Y con la música fue más o menos lo mismo. Era malísimo (risas). Hasta que pasé a ser un poquito menos malo... En un momento grabamos dos discos. Cuando íbamos a grabar el tercero, ahí ya nos separamos.
—Hablando de cosas locas del fútbol. Sabés que el número 27, la edad de la que te retiraste del fútbol, es un número categórico de muertes del rock. Así que de alguna manera mataste el fútbol para ir al rock.
—Me mató Bianchi con ese número cuando llegué a Boca (risas).
—Y a su vez tuviste una carrera exitosísima en corto tiempo.
—Sí, la verdad que sí. Tuve la suerte de formar parte de planteles de ganadores. Yo debuto en un Vélez, que ya había salido campeón y estaba jugando la Copa Libertadores, que después termina ganando. Me crie con Chilavert, Trotta, Sotomayor, el Pacha Cardozo, gente muy ganadora, El Negro Gómez, todo ese equipazo. Y todos los que íbamos subiendo de las inferiores de Vélez, nos enseñaron a ganar.
—El Turco Husaín, el Turu Flores, el Turco Asad...
—Camps, El Cholo Posse, El Gallego Méndez.
—¿Bassedas también, no?
—Christian ya estaba en primera desde los 17 años. Christian fue un prodigio.
—Muy cracks todos.
—Muchos chicos del club que le ha ido muy bien en el fútbol. Y después, cuando fui a Boca, lo mismo. Llegaba a un Boca campeón de la Copa Libertadores. Íbamos a jugar la Intercontinental, el campeonato Bianchi lo quería ganar y al otro año Libertadores de nuevo. Y la ganamos, también. Entonces, la verdad que tuve bastante suerte...

—¿Te gusta el fútbol?
—Me gusta verlo. No todo, hay partidos que me duermen (risas). Me gusta ver a los jugadores argentinos. Donde hay un jugador argentino me gusta verlo. La Premier…
—Si juega Messi en el Inter, ¿los ves un rato?
—Me cuesta la liga de Estados Unidos, pero sí veo los resúmenes, veo lo que hace, está re loco Messi, sigue haciendo historia. Es impresionante.
—Me mata que los jugadores de fútbol que han ganado todo, hablen así de Messi como alguien que no es un colega sino que está en otra categoría.
—Es que es tan superior. Es como hablar de Maradona, como en su momento de Ronaldinho. ¿Qué podés decir como colega? No está a tu altura, está más arriba, mucho más arriba... Yo pude haber tenido un año y medio o dos buenos. Messi tiene 18 años excelentes. En eso, le gana a todo el mundo. Igual que Cristiano. La mentalidad que tienen, ¿viste? El ser humano, por más deportista que sea y que te vaya bien, en un momento te relajas. El año que te va mal, la cabeza te funciona mal. A estos pibes la cabeza no les funciona mal nunca.
—Es lo que yo menciono siempre sobre Federer, Nadal, Djokovic, LeBron, Jordan… Son todos grosos.
—En esos casos, yo creo que la mente es lo que los hace superiores.
—¿Y Diego? Vi que lo recordaste en tus redes sociales a cinco años de su muerte…
—Lo que pasa que Diego de los 15 años, que acá fue atracción cuando llegó a Europa, según él, no vieron el mejor. El mejor Diego, decía él, fue en Argentinos Junior, donde más disfrutó, donde mejor jugó. Lo fracturaron, le pegaban... Ahora no se pega tanto, en nuestra época ya se pegaba un poquito menos. Al Diego lo mataron hasta que lo rompieron todo, se superó, llegó al Mundial 86 y fue el mejor del mundo. La mejor versión de cualquier jugador de fútbol que estuvo a la altura de Maradona, como Cruyff, como Messi… La mejor versión de Diego supera a la mejor versión de cualquier otro.
—¿Para vos la versión de Maradona en el Mundial 86 es la mejor versión de cualquier jugador de fútbol de la historia mundial?
—No sé si Kempes en el Mundial 78 estuvo a la altura, me parece, porque fue muy protagonista, muy determinante, igual que el Diego en el 86. Pero las cosas que hacía el Diego con la pelota no tienen comparación.
—¿Tuviste relación con Maradora?
—Muy poca. Él se encariñó con un par de pibes de Vélez y, de hecho, hay miles de anécdotas de pibes que no lo conocían y de repente llegaban a la casa y tenían un llamado del Diego. Me pasó eso cuando me lesioné dos veces seguidas en Vélez, en el 96. Él estaba en Boca. Llegué a casa y tenía un mensaje de él: “Vamos, levantá que no pasa nada”. Lo tuve guardado toda la vida ese mensaje. Una noche nos cruzamos y nos hizo sentar con él. Siempre hubo mucho cariño para conmigo. Cuando se internó la primera vez, que cayó en Uruguay y lo trajeron para acá, llamé a Claudia y de fondo me gritaba: “Traeme una camiseta”. Le llevé una camiseta y le escribí una carta. Eso se ve que lo conmovió. Y Claudia me decía: “Llamalo”. Y yo nunca lo jodí, la verdad. Después me puso en la dedicatoria del libro. En la dedicatoria está Michael Jordan, El Turco Husaín, Riffle Pandolfi, Turco Asad y el Turu Flores, los cuatro ahí. Una locura.
—Los amaba.
—Sí, había un cariño terrible. Y yo nunca me pude poner a la altura. No sé, se me notaba la timidez.
—En vez de cholulo, te ponés tímido.
—Sí, tal cual. Me alejo. Me pasa con gente que admiro, por lo general. Un día salimos campeones y Diego vino a festejar con nosotros. Se sentó en la mesa con el Turco, se sacó fotos con todos… El Turco le dijo: “Que linda tu remera”. Y Diego se la sacó y se la dio. Era una Versace y a mí me regaló la cadenita porque estaba al lado y se sintió mal que no tenía nada para darme. Era muy bondadoso y pasamos esa noche genial. Después en el partido de despedida nos invitó a la platea y a la fiesta posterior. Tengo los mejores recuerdos y una tristeza enorme que ya no esté. El Diego fue un tipo muy humano, eso es lo que lo hizo más cercano.

Quién y por qué
Leo desafió al Rifle a responder tres preguntas a partir de situaciones hipotéticas y, como única condición, elegir siempre dentro del tridente formado por Carlos Bianchi, El Turco Husaín y Chilavert quién sería el indicado para cada rol, justificando el motivo de su elección.
—Se juntan a jugar un fulbito. ¿Quién de estos tres sería el más calentón?
—Chila. Es insoportable. Es calentón hasta en los picados (risas). Quería que le cobren los fault... Porque en los picados jugaba de 9.
—¿Y alguna vez se enojó mal y casi se agarra a las piñas?
—Sí. Con El Turco, conmigo en Japón... Te tiraba una mano y ya después te separan. Pero después se habla en una charla grupal. Siempre después de una pelea, el técnico dice: “Muchachos, ¿qué están haciendo?” El técnico o el profe.
—Segundo escenario. ¿Con quién de estos tres te irías a una isla desierta?
—Con El Turco porque nos fuimos una vez a Cuba.
—¿El Turco es como un hermano de la vida?
—Y en su momento sí porque compartíamos mucho. Salíamos con toda la banda de mis amigos y él formaba parte de ese grupo. Después el fútbol nos separó porque él hizo otra carrera y nos volvimos a juntar hará 12 o 13 años, que me invitó un día a jugar al fútbol con su banda. Y ahí empezamos otra vez. Ahora hace mucho no lo veo, pero es parte del grupo de la 74 de Vélez. Nosotros tenemos un grupo, estamos conectados y con los que jugamos en Primera también hay otro grupo. Así que lo elijo porque sabemos convivir.
—Bianchi, El Turco Husaín o Chilavert. ¿Quién y por qué sería el mejor cocinero para tu cumpleaños?
—Creo que Bianchi porque me quiere mucho. Es como un viejo para mí. De hecho, hace dos días lo vi al hijo y se puso a hablar y a mostrar cosas, diciéndome que con el viejo a veces hablan de mí. Hay como un cariño mutuo de siempre. No tengo ni idea si cocina, pero creo que si supiera me cocinaría, me cocinaría con cariño. Tiene un paladar muy fino (risas).





