Entre espadas y armaduras: así se vive el auge del combate medieval en Argentina

Vestido con acero y hacha en mano, Lito Pedrola y su equipo entrenan con rigor, honran el pasado y llevan al límite su cuerpo y su pasión. Forman parte de una disciplina en pleno crecimiento que, lejos de ser una simple recreación, se convirtió en un modo de vida, donde cada golpe y cada pieza cuentan una historia. Informe especial de Infobae

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Informe - Gladiadores

“Básicamente nos dedicamos a pelear con armadura. Es un deporte, como un arte marcial o full-contact. Tenemos un reglamento, cosas que están permitidas y cosas que no. Pero nos juntamos a pelear con armaduras y armas históricamente reales”, afirmó Lito Pedrola, luchador del Club Newbery Combate Medieval.

“No es un hobby, es un deporte”, recalcó con énfasis. La seriedad y dedicación con la que asume esta actividad queda expuesta también al describir el equipo. “La armadura es de acero. Está hecha por un herrero. No son de mentira ni de recreación, tienen un peso de entre 25 y 40 kilos, más o menos. Necesitamos que sean buenas porque las armas que usamos también son reales”, remarcó.

Las armaduras pesan entre 25
Las armaduras pesan entre 25 y 40 kilos y deben cumplir estrictos requisitos de época y región

Más que un espectáculo: la autenticidad y el rigor del combate medieval

Es una disciplina que exige tanto física como mentalmente a sus participantes. “Tenemos que entrenar para poder aguantar”, aclaró Lito. El compromiso por la veracidad llega hasta los materiales. “Las armaduras también se pueden traer de afuera, pero el costo es mucho mayor”, agregó.

“Una de acero inoxidable, que es lo mejor, porque no se te oxida, sale más o menos unos 1.500 dólares. Después hay de otros materiales, como acero templado o titanio, que pueden llegar a costar hasta unos 6.000 dólares”, advirtió.

Es un deporte caro, pero detrás de cada pieza de metal hay una historia y un rigor que lo diferencian del simple entretenimiento. La selección y validación de la armadura tampoco son arbitrarias.

“Hay un comité de historicidad que evalúa la armadura, si cumple con los requisitos del siglo, de la guerra y que todas las partes sean del mismo periodo. Tu armadura tiene que ser de una región y de no más de 60 años de diferencia”, detalló Pedrola.

El equipo entrena cuatro veces por semana: lunes, miércoles, viernes y sábados dos horas cada día. “Le dedicamos un montón porque llevar la armadura puesta requiere mucho esfuerzo”, señaló. Con temperaturas elevadas, el entrenamiento se enfrenta a un enemigo extra. “En verano la armadura es como un horno. Básicamente debajo del sol se calienta el metal y te cocinas”, contó.

Las armas, aunque reales y
Las armas, aunque reales y pesadas, no tienen filo para evitar lesiones graves durante el combate

Reglamento, dinámica y estrategia

La esencia del combate medieval va mucho más allá del simple intercambio de golpes o del espectáculo visual de la armadura. El reglamento y la estrategia forman parte indispensable de la disciplina. “Tenemos zonas prohibidas donde no podemos golpear, como por ejemplo en la nuca, atrás de las rodillas, en los pies o en la zona inguinal. El resto, se puede golpear donde cada uno quiera”, indicó.

La estructura de las peleas es directa y desafiante: la idea es derribar al equipo rival. Gana el equipo que tenga más hombres en pie. Derrotar al oponente puede lograrse tanto por la fuerza como por la técnica. “Pueden ser por golpes o, también, se hacen llaves. Entonces se ven muchas tomas de lo que es judo”, señaló Lito.

Este carácter estratégico se complementa con la dimensión física. “Llevar la armadura puesta es un trabajo y requiere mucho esfuerzo”, explicó. Las peleas —que pueden ser tres contra tres o cinco contra cinco, según la modalidad— son una combinación de lucha, táctica grupal y resistencia individual.

Tan importante como las acciones sobre el terreno de combate, es el respeto a las reglas y la seguridad. “Las armas que usamos también son reales y tenemos un sistema de reglas y medidas de seguridad para que no sean mortales. Por ejemplo, no tienen filo, pero sí hacen daño contundente”, aclaró. Hay una delgada línea entre lo permitido y lo prohibido, que exige atención constante.

El reglamento prohíbe golpear zonas
El reglamento prohíbe golpear zonas sensibles y combina estrategia, técnica y fuerza para definir al ganador

Cómo se llega al combate medieval y el compromiso diario

La historia de Lito en el combate medieval comenzó casi por casualidad, pero se transformó rápidamente en una dedicación total. “En 2022 tenía ganas de iniciar un deporte nuevo y me apareció en Instagram una publicidad de este tipo de combate. Justo el club era en Devoto, cerca de mi casa. Vine a probar y nunca más dejé”, recordó.

Lo que empezó por curiosidad, se volvió parte de su rutina. La comunidad del combate medieval en Argentina tiene una historia reciente, pero de crecimiento sostenido. “Este deporte llegó al país más o menos en 2014. Empezó desde cero, a pulmón, porque nadie sabía ni siquiera cómo hacer las armaduras”, analizó Lito.

La docencia y la transmisión de conocimiento también forman parte del encuentro. “Los zapatos históricos los hacemos nosotros. Tenemos talleres, aprendí a coser acá en el club”, agregó.

El entrenamiento de los equipos
El entrenamiento de los equipos incluye cuatro jornadas semanales y se suspende en verano por el calor del metal

La emoción del combate: armas, adrenalina y preferencias

“Lo divertido de este deporte pegarse con un hacha”, reconoció Pedrola. No se trata solo de fuerza bruta, sino de esa sensación única de estar plenamente dentro de la acción y la variedad de armas nutre la experiencia. “Tenemos espadas, hachas cortas —que se usan con una sola mano—, hachas largas, alabardas, mazas, que duele bastante si te pegan, así que mejor esquivarlas”, enumeró con familiaridad, pero también con cierto respeto.

La regla de seguridad es clara: “Ninguna de las armas tiene filo”. Lito le aportó un toque artesanal a su experiencia y creó una propia. “Era un hacha normal, le saqué el filo, las puntas y le agarré un palo que tenía en casa. Me gusta porque me da más maniobrabilidad. Puedo pegar manteniendo distancia con el otro y evitar que me agarren”, analizó.

Detrás de cada enfrentamiento existe una fascinación real por el desafío, la estrategia y esa dosis de peligro controlado que le da sentido al combate. “Creo que lo más emocionante es eso: pegarse de verdad, sentir el peso del arma, el esfuerzo de la armadura y la adrenalina de la pelea”.

Además de la pasión por la lucha y la historia, quienes practican combate medieval descubren nuevos talentos y habilidades alrededor de esta disciplina. Así no solo forja guerreros modernos sino también artesanos, amigos y portadores de tradiciones reinventadas en el siglo XXI.

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