Es una artista enorme, gigante, toca todas las cuerdas. Fue vedette, es actriz, sabe bailar, sabe cantar, sabe dirigir, sabe conducir. Lo que se proponga, lo lleva adelante. Tiene una carrera inabarcable, infinidad de trabajos en teatro, cine y televisión. Es la dueña de un carácter muy fuerte y es hiperquinética, no puede parar. Atravesó muchas situaciones limite y siempre salió adelante, tiene el cuero duro. Se ríe de las desgracias que vivió y disfruta cada momento. Empezó a trabajar a los 17 y a los 68 tiene una actividad tan intensa como entonces. Hoy trabaja en dos programas de televisión diarios, Mañanísima y Los 8 escalones del millón y hace teatro los fines de semana.
– Y cocino bárbaro también, además cocino. Siempre hago cosas, no puedo quedarme quieta, por eso no voy a la peluquería y me tiño el pelo en mi casa. No puedo estar cuatro horas en una peluquería. ¿Sabe las cosas que haría en cuatro horas? ¿Cómo voy a perder tiempo? Me gusta dirigir más que nada musicales, tengo mis límites. No estoy dirigiendo actores, se lo dejaba a mi hijo cuando estaba con Santiago.
– Estaba esperando ver cuánto tiempo tardabas en nombrar a Santiago Bal.
– A Santiago y a Fede los nombro a cada rato.

Carmen literalmente no para un minuto. De pensar, de hablar, de hacer. Tiene mucha marcha y es incansable. Su agenda está cubierta de obligaciones, de trabajo, de proyectos.
– No sabés no hacer nada.
– No sé lo que es. Siempre tengo cosas por hacer. Es muy lindo o muy feo vivir conmigo porque nunca hay una rutina. Me lo decía Santiago. Me decía: “no puede ser que con vos todos los días haya algún problema o alguna novedad”.
– ¿El año sabático no existió nunca en tu vida?
– No me tomo ni siquiera un día. Hoy le estaba diciendo a mi secretaria que necesito cuatro días de nada, mirar el mar.. pero yo a la hora me aburro, soy de aburrirme. Por eso cuando trabajo soy feliz, no me aburro trabajando así y cocinando. Amo hacer todo el tiempo.
– Estás en dos programas diarios de televisión de aire, Los 8 escalones y Mañanísima, y ahora te invitaron a participar en una revista.
– Sí, en una revista internacional, un mega show.

– ¿Cómo entra todo en la agenda?
– Viernes y sábado en enero en Mar del Plata, pero todavía no firmé. La prioridad la tiene el canal y se está hablando con los directivos.
– Tuviste muchos problemas físicos a lo largo de la vida, al borde de la muerte con COVID, internación por estrés, problemas respiratorios. ¿Estás cuidando tu salud?
– Yo soy asmática y mis pulmones quedaron muy débiles después del COVID.Tuve una neumonía bilateral tan grave que casi muero. Hace poco hice un principio de neumonía y enseguida me internaron. Me cuido porque hago una vida sana, no tomo alcohol, no fumé nunca, duermo temprano, no voy a ningún lado. Solamente trabajo. Necesitaría recuperar mi masa muscular, la perdí por el COVID.
– Hay que cuidar el espíritu también. ¿Cómo te cuidás del estrés?
– Como se cuida el alma. Tengo muy buenos amigos y tengo a mi hijo, que es mi cable a tierra. Me critica mucho. Todo el tiempo me dice: “mamá, así no”, “no digas eso”, “hablás demasiado”. Se enoja, yo lo escucho mucho.
– Tuviste un pico de estrés en su momento.
– Mi mamá me decía : “vos le abriste la puerta a los leones, andá, cerráselas”. La culpa no la tiene el periodismo. Soy yo, yo lo conté, lo hice público y después a bancársela.
Carmen habla otra vez de Santiago. De ese momento traumático que fue un antes y un después, el momento en que descubrió una infidelidad de su marido y que decidió contarlo públicamente.

– Yo abrí la puerta, la puerta está abierta, pero la gente cree que yo cuento todo de mi vida y no, cuento la mitad. Lo que pasa es que es mucho mi vida. ¿No tiene intimidad? Sí, sí. Hay muchas cosas que no cuento. Por ejemplo, que fui novia de Daniel Scioli cuando éramos muy jovencitos. Fuimos noviecitos. Yo no conté que había sido novia, lo contó su ex mujer Karina. Daniel me llamó para decirme: disculpá. Pero a mí no me molesta, yo no lo dije nunca por respeto, por eso hay cosas que no cuento.
– ¿Hubo romances que no conocemos?
– Y claro. No tuve muchos, tendría que haber tenido más, porque ahora es el descanso del guerrero. Hace como diez años o 12 que no tengo ningún novio.
– Tus parejas eran hombres del mundo del espectáculo. Siempre ahí miraste.
– Me encantaría un verdulero, un carnicero. ¿Pero cómo voy a salir con alguien que no sea del ambiente? Salí con un doctor que ya no está, murió muy joven. Y él no hablaba mi idioma, algunas cosas entendía y otras no. No entendía los horarios. Es que los artistas hablamos siempre de lo mismo, somos pesados. Hablamos o de teatro o de televisión, de cine. Ana María Campoy me decía: ¿de qué hablará la gente que no habla de teatro ni de cine ni de televisión? Estamos tan enamorados de nuestra profesión que no paramos de hablar. Por eso tiene que ser del ambiente. ¿Un cámara? ¿Por qué no un cámara? No tiene por qué ser un actor, pero tiene que ser del ambiente, entenderme.
– Porque estás todo el tiempo trabajando.
– Por eso no tengo a nadie. Santiago se fue cuando yo tenía 56 años. Hoy tengo 68. Él se fue de casa. No puedo creer que se fue, porque yo el día anterior le había hecho un pan de carne muy rico. Me sale muy rico el pan de carne.

– ¡¿Cómo se va si le hiciste un pan de carne?!
– Se fue, al otro día. ¿Le habrá caído mal? (risas).
– Mirá de lo que te acordás. De lo que comieron la noche anterior a que se fuera.
– ¿Cómo me voy a acordar? Me acuerdo de esa noche que cenamos. Estaba muy callado él, raro. No era muy charlatán, pero estaba muy callado. Comió tranquilo. Se fue a dormir. Al otro día saltó la bola. Al otro día saltó.
– Llegó el mail con la confirmación de la infidelidad.
– Leí un mail y se armó un lío…
– Vos leíste el mail después de hacer el pan de carne. Al otro día. Si no, no lo hubieras cocinado.
– Se lo hubiese tirado así, ¿no? Cuando digo estas cosas que parecen agresivas… yo soy cero agresiva. Cuando digo que lo quería matar… sí, lo quería matar, pero dentro mío. Cuando querés cortar ese amor que sentís, cuando estás tan herida por perder ese amor que pensaste que era para toda la vida. Por esa herida yo quería matarlo. Cuando digo “pensaba y soñaba que lo mataba”, todo el mundo dice: qué agresiva, quería matar a una persona. No, lo quería matar adentro mío. Y lo logré.
– ¿Hablaste en terapia esto de soñar que lo querías matar?
– Y cómo preparaba todo, cómo lo mataba. Le clavaba un cuchillo acá y esperaba que se muriera. Es todo un tema. La terapeuta me decía: cada vez que entrabas a analizarte me ponía el cinturón de seguridad porque era como un viaje en avión con tormenta. Pero yo no lo iba a matar. No sé cómo explicarlo, quiero que me entienda la gente. Quería matarlo dentro de mí. Yo soñaba que desaparecía de mi vida, lo quería borrar, pero no lo podía borrar. Un hombre que me ha marcado tanto. El único hombre con el que quise tener un hijo fue con él. Matar no mato una mosca.
– Con el cuchillo con el que habías hecho el pan de carne (risas).
– ¡Qué horror! Siniestro. El cuchillo en la mano lo tengo siempre, pero soy incapaz de hacerle algo a nadie. Ningún mal. Mi mamá me decía: tonta, podrías haber sido infiel, nadie es fiel completamente. 26 años durmiendo al lado tuyo el hombre. Una alegría hay que dejar hacer. Después hay que olvidar. Eso decía mi mamá.
– No tenés que dar tantas explicaciones de que soñabas que lo matabas.
– Mucha gente piensa: esta mujer es una mujer asesina que quería matarlo. Lo quería matar adentro, pero tardé un año y medio. Un año en que lloraba todo el tiempo. Estaba muy dolida. Lloré mucho. Me mandó una carta documento el vecino de abajo, porque decía que a la madrugada se escuchaba como lloraba. Un año y medio. Estuve muy mal.
– ¿De noche?
– De noche. Durante el día también. Yo había adelgazado mucho. Mi amigo German Krauss me decía: ¿cómo pasaste la noche anoche? Y.. anoche estaba tan cansada que no tuve tiempo de llorar. Siempre que me ve me dice: ¿no tuviste tiempo de llorar? Si no tengo humor, ¿cómo hago para seguir adelante? Me río de nuestras cosas, como hacen los tanos.
– Estuviste al borde de la muerte.
– En un coma inducido porque estaba intubada, yo escuchaba todo y no podía contestar. Ojo con los familiares que están en coma. Ojo, no llorarles, no decir cosas que lo hagan sufrir, estás encerrado en un cuerpo, no podés contestar. Yo estaba en coma, escuchaba todo y no podía contestar. Escuchaba que un médico le decía al otro: ésta tiene todas las de perder, está gorda, es grande y es asmática. Yo no podía contestar, ni siquiera me podía reír. Yo zafé, de ese de ese piso en que todos con COVID estábamos en terapia intensiva nueve fallecieron, la única que se salvó fui yo.
– Pasaste muchas situaciones límite. Tu hijo tuvo cáncer, no debe haber dolor más grande.
– Fue el dolor más grande cuando dijo mamá, tengo cáncer.
– Perdiste tu segundo embarazo por riesgo de vida.
– Estuve al borde de la muerte dos veces en mi vida. Con el embarazo de Fede hice una gestosis que es una intoxicación debida a la gestación. Nació Fede y estuve con presión alta internada muchos días, casi muero. Sí tuve que interrumpir otro embarazo porque en el segundo mes empecé con gestosis otra vez. El médico me dijo: Carmen, si seguimos con este embarazo no sé si llegarás al 5.º mes, ni vos ni tu niño. Para mí fue muy triste interrumpir un embarazo a los dos meses y medio.
– Otra situación fuerte fue la probation. Un artista, una figura pública cumpliendo una probation…
– Si hubiese matado a una familia con el auto… Me dieron 440 horas porque yo había dejado unos cheques diferidos. Me tenía que ir a Mar del Plata a trabajar, hubo dos o tres cheques que no sabían a quién se los habían dado, y los di por extraviados. Me hicieron un juicio, me ganaron. Tuve que dar un dinero para Margarita Barrientos. Primero me asusté mucho, me dio miedo, me dio vergüenza, mucha. No había hecho nada malo. Pero me ganaron el juicio. Pero cumplí las horas. Fue maravilloso. Cocinar, baldear, lavar platos. Me encanta todo eso. Qué feliz era yo haciendo piononos.
– Otro episodio fuerte fue cuando en un programa de televisión se planteó que tu papá Alfredo Barbieri podría haber tenido una hija ilegítima.
– ¿Sabés qué me entusiasmó esa hermana que quizás era mi hermana? Mi hijo me decía: mamá, te veo entusiasmada, si no es tu hermana, vas a tener una gran desilusión. Pero cómo no le voy a dar la posibilidad a una mujer que cree que es mi hermana? Yo dudé, éramos parecidas. Nos hicimos el estudio y fue muy fuerte. Yo estaba entusiasmada de verdad, tener una hermana era importante para mí. Tengo a mi prima a la cual amo. Al toque fui a hacerme el estudio. Nos dimos un gran abrazo y tengo una asignatura pendiente con ella, tomar un café las dos solitas y charlar.

– Un montón de situaciones muy dolorosas que llevaste adelante de distinta manera. Y saliste adelante siempre.
– Santiago era un hombre muy enfermo, un hombre que tuvo 18 veces cáncer, 18 operaciones de cáncer. Él decía: el cáncer conmigo no va a poder. Y no pudo. ¿Sabes de qué murió Santiago? De epoc, por haber fumado muchos años, no de cáncer. Él venció el cáncer. Federico hasta el momento venció el cáncer. Yo empecé a creer en los milagros. Estoy segura que existen los milagros porque mi hijo tenía un tumor que no se podía operar. El doctor me dijo: no puedo decir si Federico se va a morir o no, vamos a intentarlo. Siete meses de tratamiento, rayos, quimio y un día vino curado. Me filmó cuando me lo dijo. “¿Cuando le diga que estoy curado sabés el grito que va a pegar mi mamá de alegría?” Me acuerdo que tenía en la mano el alcohol porque estábamos en pandemia, con el barbijo puesto. “Mamá, no tengo nada, estoy sano”. Por eso creo en los milagros. En vez de gritar me desmoroné. Me tuvo que agarrar porque casi me desmayo.
– Sos de acero. Sos muy fuerte.
– Sí, somos muy fuertes. Las mujeres somos de acero. Todas. Ante las tremendas adversidades de la vida, somos como de acero. Todas.
– Siempre dijiste que la mejor pareja que tuviste fue Santiago. ¿Extrañás tener un compañero para compartir las cosas de cada día?
– Cuando Santiago se fue lo extrañé mucho porque no veía una vida sin Santiago. Pero después me acostumbré. La vida es así, te da sorpresas. No buscaría uno igual a Santiago, pero sí un gran compañero, un tipo inteligente. Eso es lo que me mata a mí, la inteligencia me enamora. Primero lo admiro, después me enamoro.
“HAY GENTE QUE NO ME ENTIENDE PORQUE TENGO HUMOR NEGRO. ME RÍO DE LAS COSAS QUE PASARON”
– Extrañás compartir, pero sabés que no tenés tiempo.
– No tengo tiempo, pero soy una elegida. Somos elegidas porque tenemos trabajo. Y además hago un trabajo que me divierte. Me río de lo que hago, hago reír a la gente, la paso bien y encima me pagan. ¿Qué más puedo pedir? Este fin de año me vienen pasando muchas cosas. Se murió mi mamá. No me hago ni la víctima ni me siento víctima de la situación. Lo doy vuelta. Hay gente que no me entiende, porque tengo humor negro. Doy vuelta la situación y me río de las cosas que pasaron.
– Sos muy joven.
– Sí, soy demasiado joven. Soy una adolescente todavía. Mi hijo me dice: ¿Mamá, cuándo vas a crecer? Tenés 16 años.
– ¿Qué cosas hacés de adolescente?
– Meto la pata, digo cosas que no debo decir. Hago cosas de una pendeja, pero no es que me hago la joven. Yo sé la edad que tengo y lo digo a cada rato porque no tengo drama. Amo cumplir años porque estoy viva y tengo más para aprender, escuchar, ver. Estar con vos así para mí es un momento lindo.
– Disfrutás todo. Mientras repasaba tu recorrido como vedette, como actriz de comedia, en cine, en teatro, en tele, pensaba qué tiempo distinto fue aquel, cuando las mujeres eran objetos sexuales en el escenario.
– Las mujeres estábamos acostumbradas a que un hombre te toque la cola o te diga un piropo espantoso o te siguiera. Te seguían y te murmuraban en el oído, era horrible. En la revista muchas veces se usó a la mujer como objeto para hacer reír. Se dejaba a la mujer muchos minutos con la cola mirando a la platea, y le hablaban a la cola.

– Pero ése no era tu caso.
– No era mi caso. ¿Pero, por qué? Porque yo era la hija de Alfredo Barbieri, un tipo al que respetaban mucho.
– Pero vos veías lo que les pasaba a otras mujeres.
– Sí, claro, vi mucho. Estaba… era natural, la gente se reía mucho y aplaudía el público. Hoy hacés una cosa así y la gente se levanta y se va. Y está bien que haya cambiado. Estaba mal eso. Moria siempre dice que el único cómico que no le faltó el respeto en el escenario fue mi papá, mi papá hacía un humor muy sano y respetaba mucho a la mujer.
– Los capocómicos que no eran así, por ejemplo Jorge Porcel.
– Fui mujer de Porcel cuatro años. Porcel no era como mi papá y quizás tampoco Olmedo. No las tocaban, no las denigraban, pero hacían reír con el cuerpo de las mujeres, el pecho, la cola. Era otro humor. Tuvimos que cambiar el humor también. Como directora de teatro de revista también decidí cambiar el conchero. Me cansé, basta de conchero. ¿Por qué no una bikini linda bordada con cristales Swarovski? Mis revistas se fueron aggiornando y fui tapando a la mujer con transparencias. Más tapada, más gustaba.
– ¿Las mujeres podían protestar por ese trato que recibían de los hombres en el escenario?
– Si le preguntas a Zulma Faiad te va a decir que no lo sufrieron porque era una forma de trabajar, como por ejemplo que un director te putee por qué no hiciste bien el tono. Ahora si te putea lo demandan, pero antes te puteaban porque no decías bien la letra. En el ensayo te hablo. Eso era casi normal o natural.
– ¿Cómo vivís estos cambios?
– Muchos no quisieron cambiar ese humor. Y otros sí, siguen haciendo reír pero con otro humor un poco más sano o un poco más respetuoso de las razas, de los cuerpos, de las edades, de todo lo que antes se usaba para hacer reír. Hay que darlo vuelta y hay que hacer reír de otra manera. A mi papá no le hubiese costado nada. Hoy todavía hay muchos cómicos que son picantes. Yo trabajo ahora con Cherutti y Artaza, que son sanos en el humor y me da placer.
– ¿Cómo te viene a vos que no se hable más del cuerpo del otro?
– ¿Sabés qué? Me siento muy feliz. Que no se use a la mujer, los cuerpos o las alturas. Me parece bárbaro, porque cuando yo dirigía mis revistas ésa era mi lucha con los cómicos. Se puede hacer reír con un tropezón, caerse y dar un vuelco. ¿Cómo te hacen reír Chaplin, El gordo y el flaco o Los tres chiflados? Cuando hago monólogos hablo de mi cuerpo y digo que tengo dos cuerpos, porque de acá para acá es un cuerpo, y de acá para acá mis piernas son finitas, chiquitas. ¡Mirá lo que son mis tobillos!
– No son dos cuerpos…
– Pero hablo de mi cuerpo, no del tuyo. ¿Se entiende? Y me río de mi cuerpo, no de tu cuerpo, o de mi nariz, o de la boca enorme que tengo. Moria dice que tengo cara de pato y es verdad. Y tengo cuerpo de lavarropas. Esto que a mí me causa gracia quizás a otra gente le molesta. A mí me divierte mucho ese humor, con el tiempo voy corrigiendo mis monólogos. Nunca habló de otra gente, siempre hablo de mí. Hace mucho tiempo yo imitaba a Moria, y haciendo ese personaje yo hablaba mal de mí.

– ¿Lo mejor que digan de uno es que es profesional?
– Sí, creo que sí, hay muchas que no lo son, muchas que le faltan el respeto a los compañeros. ¿Sabés cómo se le falta el respeto a un compañero? Si acá yo hubiese llegado dos horas tarde. Es faltar el respeto, llegar tarde, no venir bien arreglada, bien maquillada, ni con estos anteojos raros que me puse hoy porque quería que los vieras. Yo digo: te lo merecés. Si vos no estás impecable, es faltarle el respeto a los compañeros y al público.
– Como nunca tuviste un problema por hablar de más, ahora deberías decirnos quiénes son esos irrespetuosos que llegan tarde y no son profesionales (risas).
– Fui la directora de mis revistas. Algunas me tildan de maltratadora. No, no soy maltratadora. Soy muy exigente. Te explico cómo tenés que hacerlo. No lo hacés una, dos, tres veces, cuatro veces… corré porque te alcanzo.
– ¿Qué es lo peor que puede pasar con una persona de tu elenco?
– ¿Lo peor? Que se agarren dos mujeres. Éramos muchas mujeres. Las mujeres somos celosas, competitivas, no todas. Se agarraban en los camarines, es difícil manejarlas.
– Sos muy exigente.
– Sí. Más conmigo que con los demás. A los demás los entiendo. Incluso me gusta trabajar con los jóvenes que no saben ni quién fue Niní Marshall, ni quién fue Sandrini. Me molesta sobremanera que no lo sepan, ellos me dicen: somos jóvenes. Yo sé quién fue Colón y no nací cuando estaba Colón. Pero me gusta enseñarles a los jóvenes.
– Los títulos de tus espectáculos, de tus revistas, son fuertes, intensos. “Bravísima”, “Vedettísima”, “Brillantísima”, “Barbierísima”, “Magnífica”. Tu programa se llama “Mañanísima”.
– Fantástica.
– Sos muy intensa.
– Sí, soy intensa, por no decir loca. Soy una loca divertida. Por eso no te voy a aburrir nunca. Siempre va a haber un tema, una charla. Siempre va a haber una risa, un llanto. Soy muy divertida, muy entretenedora. Yo me saco una foto con dos tenedores. Soy entretenedor.
– No te pelees más con nadie…
– No me peleo con nadie… Sí, tenés razón. Me peleé. ¿Y sabés qué? Después que estuve al borde de la muerte (mi hijo me carga cuando digo esa frase) y volví dije: qué importante respirar, estar viva, ver a mi hijo. Pensé que no lo iba a ver nunca más. Yo fracasé varias veces, triunfé otras tantas, tuve éxito, tuve hombres que me amaron, que me dejaron, tuve un hijo hermoso, lo vi crecer. Ya está, yo me puedo ir tranquila.
– Andá donde quieras, pero no te pelees.
– (Risas) Pero no. Cuando volví dije: no me voy a pelear ni me voy a enojar nunca más. Desde esa época hasta ahora me enojé dos o tres veces y no me lo perdono. Mirá que me controlo…
– ¿Qué pasa entonces?
– Porque soy peleadora. Soy de Huracán, soy bien de barrio, soy quemera. Te chiflo, te grito, te doy, pero después te abrazo porque son puteadas de tránsito. Nada es personal.

– Con esta intensidad te metés todas las mañanas en temas fuertes de la actualidad. ¿Te afectan los temas duros? Te pegan?
– La actualidad me pegó. Me acostumbré porque tengo que estar recontra informada. Es un magazine, hacemos un noticiero divertido a veces y otras veces hay que contar la realidad y la realidad es dura. Primero me enojé un poquito conmigo, dije: soy una comediante, soy una mina que hace humor, que además le quiere levantar el ánimo a la gente. Parezco loca porque pueden decir: si no llego a fin de mes, si no tengo para comer, ¿vos me querés hacer reír? Yo trato de sacarte aunque sea dos horas de eso. Pero este programa es muy de actualidad. A veces meto algún chiste, porque por momentos necesito un poco de aire. Salgamos un poquito a sacar la cabeza porque estamos hablando de cosas muy serias. Pero está bueno el programa. Me gusta mucho ver el noticiero, veo todo lo que puedo ver antes de dormirme. A las cinco menos cuarto suena el despertador, pero ya estoy despierta a las cuatro y media. Porque no sé, tengo un reloj en la cabeza. Prendo la luz, prendo la tele y veo, veo, veo.
– ¿Es necesario tan temprano?
– Sí, es necesario, porque a las nueve empiezo el programa. Me hago un baño de crema. Me maquillo, tranquila. En el trayecto al canal voy leyendo la rutina y hablando con mi productora, son 50 minutos de viaje. Me encanta hacerlo. No me estoy quejando. Cuando me levanto digo: ay, me duelen las piernas, ¿cuánto tiempo usé tacos? Y hago la cuenta, son 13 horas trabajando sin parar. Paro cuando viajo, a veces cabeceo o veo Tik Tok. Soy fanática de Tik Tok, me enseñan a limpiar o cocinar algo que nunca cociné. Cosas raras para distraerme la cabeza, si no estoy todo el tiempo metida en las noticias y en el trabajo.
– Hace poco entrevisté a Sebastián Wainraich, él hace un sketch todos los días en su programa de radio. Quiero que hagas sketches en la tele.
– ¿Cuántas horas tiene el programa de Sebastián?
– Varias horas. Tres.
– Yo necesitaría eso. Yo tengo una hora diez. Una hora quince.
– Hay generaciones que no conocen los sketches.
– Yo hacía a Lucille Ball cuando hacía Movete. Pero eran tres horas de artístico, ahora no tengo tres horas. Ya voy a tener y te voy a dedicar a vos el sketch.

– ¿Te diste cuenta que estamos terminando el reportaje y no hablamos de Federico? Era mi intención intentar, si podíamos, no hablar de él. No me importan las novias de Federico ni el affaire del lavarropas.
– Me hizo reír Carlitos Rottemberg, me dijo “vos tuviste más nueras que espectadores”. ¿No es genial? Espero que Fede no se enoje. Por eso digo que fui muchas veces suegra. Quiero ser abuela, me encantaría, pero tampoco lo quiero presionar. Él tiene su vida y tiene que encontrar una mujer. Está encontrando su eje y está bien.
– ¿Nunca, pero nunca lo presionaste para que tuviera un hijo?¿Nunca le dijiste nada? ¿Él no tiene idea de tus ganas de ser abuela?
– Sí sabe, todo el tiempo sabe. Le digo: tené unos cuantos y me los llevo a todos a Disney. Que los padres los eduquen, yo los deseduco. Rompemos almohadas, saltamos en la cama, hacemos todo lo que no quieren ellos, ver series que no les permiten. Eso hice con el hijo del hijo de Santiago.
– Muchas gracias por venir. Me impresiona tu agenda de locos.
– Y tengo una cosa nueva para contarte. Se me estalló una prótesis y hay que operarla. Entonces voy a tener que faltar una semana. Hay que cambiarla de vez en cuando y pasaron como 15 años. Hay que seguir adelante.
– No hay descanso. La vida para vivirla a full, todo el tiempo.
– Todo el tiempo. El minuto. Cuando me lavo los dientes me miro y digo: estoy viva. Hay que disfrutar hasta de ese minuto en que te lavás los dientes y te mirás. Hay que mirarse en el espejo. Uno deja de mirarse. Estamos vivos. Qué lindo. No sé cómo va a ser mi vejez, pero si llego a ser viejita qué lindo llegar y ojalá tenga bien la cabeza.





