“En la vida vos tenés el camino del bien y el camino del mal. La calle te enseña muchísimo. Mi aprendizaje fue en la calle y en el camino del bien porque lo que yo hago es peronismo. El peronismo mío nace de chiquito. Nunca olvidé de dónde vengo y esto es lo importante”. Es una de las tantas reflexiones de Luis Barrionuevo que aparecen en el documental “La mano que mueve los hilos”, dirigida por Brian Maya, que se presentó este lunes en una avant premiere para 200 invitados en un cine de Palermo, pero aún no llegará a las salas argentinas.
Antes de la proyección, el líder de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA) se paseó por el hall del cine, se sacó fotos con los invitados y habló con el periodismo como una verdadera estrella de cine.
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Entre los asistentes estuvieron, entre otros, el dirigente radical Enrique “Coti” Nosiglia; el economista Martín Redrado; los empresarios Jorge Brito, José Urtubey, Alberto Pierri, Raúl Olmos y Martín Cabrales; el ministro de Vinculación y Gestión Institucional de Córdoba, Miguel Siciliano; los sindicalistas Daniel y Gustavo Vila (Carga y Descarga), Roberto Solari (guardavidas), Oscar Rojas (maestranza) y Roberto Coria (guincheros), el ex embajador Juan Archibaldo Lanús, el ex dirigente de la Ucedé Alberto Albamonte, los periodistas Marcelo Bonelli y Carlos Campolongo, y dirigentes de Gastronómicos como Sandra Barrionuevo (su hija), Argentino Geneiro, Laura Sasprizza y Pablo Santín (de la Seccional Mar del Plata).
Pese a la numerosa concurrencia, llamó la atención la ausencia de los principales líderes de la CGT y de los máximos dirigentes del PJ, con muchos de los cuales Barrionuevo tiene relación desde hace décadas.
Aun así, fue una verdadera fiesta barrionuevista, donde cada invitado se llevó como regalo una caja de bombones que tenía una tarjeta con esta leyenda: “En parte Jimmy Hoffa, en parte Frank Underwood, en parte Edward Bloom -el protagonista de Big Fish-. Peronista, fabulador, arquitecto de pactos y alianzas, activista y futurólogo. Luis Barrionuevo encarna muchas de las contradicciones argentinas: es un personaje colorido y gris, excéntrico y sencillo, egocéntrico y generoso, celebrado y cuestionado, verborrágico y, al mismo tiempo, de muy bajo perfil. Un mundo de dicotomías que sólo los grandes personajes públicos pueden encarnar. Barrionuevo no busca un lugar en la historia: es parte de ella”.
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El documental, que dura 90 minutos, fue dirigido por el cineasta y actor Brian Maya, de 49 años, quien produjo y escribió éxitos como “LA Originals” para Netflix y coprotagonizó el film “El mejor infarto de mi vida”. Actualmente, ejerce la producción ejecutiva de “The Jet” junto a Keanu Reeves. La productora TJM, que fundó en 2002, estuvo a cargo de “La mano que mueve los hilos”.
¿Qué puede verse en esta película? Con una excelente edición y muy buen ritmo, el film de Maya tiene como hilo conductor el relato del propio Barrionuevo, a quien el director y su equipo siguieron durante 3 años para retratar al polémico sindicalista a través de entrevistas realizadas en distintos lugares y momentos, pero también mediante filmaciones de conversaciones telefónicas y diálogos espontáneos con su hija (secretaria de Acción Social de la UTHGRA nacional) y otros colaboradores.
Así, el líder gremial aparece hablando en su oficina de la sede de UTHGRA, en su Catamarca natal, adentro de un automóvil, en una cancha de golf (una de sus pasiones) y en el Hotel Sasso de Mar del Plata, que es propiedad de Gastronómicos, entre otros sitios. Y sus testimonios se complementan con otros que se van intercalando: su hija Sandra, Palito Ortega, el radical Enrique “Coti” Nosiglia; el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y los periodistas Carlos Pagni, Juan Bautista Yofre y Alejandro Fantino, entre otros.
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Gracias al rescate de viejos videos de notas periodísticas y discursos que brindó a lo largo de su carrera, el documental no disimula los contrastes y la “honestidad brutal” de Barrionuevo, uno de sus sellos distintivos, aunque siempre con una mirada indulgente sobre el personaje principal y sin retratar algunos de los episodios más polémicos que protagonizó en su larga trayectoria.
El relato sobre sus comienzos en el sindicalismo es uno de los grandes atractivos de la película: Barrionuevo cuenta que comenzó a trabajar cargando bolsas en el Mercado del Abasto y luego, cuando “se despierta el bicho de estar en los reclamos”, como confiesa, le “tocó una huelga muy grande” en la cual empezó a militar en el Sindicato de Jaboneros, pero lo echaron por haber sido sindicalista y luego pasó por “varios lugares clave” de la Asociación Obrera Textil (AOT).
“Le cebaba mate a Casildo Herrera, a Rucci, a Lorenzo Miguel, a Adelino Romero -cuenta Barrionuevo-. La pava y el mate no me las sacaba nadie porque era la manera en que yo podía escuchar, atender, ver de qué manera ellos se manejaban”. Luego, según relata, trabajó en una gran fábrica textil, INTA, de donde lo echaron porque comandó una huelga importante. “Ahí empiezo a laburar en una confitería de San Martín, primero como lavacopas y luego mozo. De ahí fui al sindicato, que era una oficina que no tenía ni baño, era un local”, recuerda.
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Barrionuevo cuenta que por eso empezó a recorrer las fábricas metalúrgicas y textiles que tenían comedores para tomar contacto con los trabajadores gastronómicos: “Iba hablar con ellos y después los atendía en el gremio. Cuando esto creció, a mí no me dejaron entrar más al sindicato nacional porque veían que yo era un problema. Les movía el piso. Ahí me cerraron la puerta. Y como no me dejaban entrar, les tomo el sindicato”.
El documental luego se centra en qué pasó con el regreso de la democracia tras los años de la dictadura, el gobierno de Raúl Alfonsín y luego, en forma muy exhaustiva, cómo Barrionuevo fue uno de los primeros dirigentes en apoyar a Carlos Menem, primero en la interna del PJ contra Antonio Cafiero y luego en la elección presidencial.
En “La mano que mueve los hilos” tiene un lugar muy destacado su célebre frase de que “hay que dejar de robar por lo menos dos años”, que fue el principio del fin de su sólida relación política con el menemismo, aunque la revancha le llegó después cuando el ex gobernador de La Rioja consiguió la reelección presidencial gracias a que él, junto con Nosiglia, lograron reunir a Menem y Alfonsín para gestar el célebre Pacto de Olivos.
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Además, Barrionuevo rememora cómo fue su llegada y su gestión al frente del club Chacarita, contando con detalles la forma en que sus partidarios apelaron a la violencia para poder contener a los barrabrava.
Otro de los tramos más interesantes del documental rescata cuando Barrionuevo adhirió al proyecto de Javier Milei: “Nosotros pusimos 104 mil fiscales, que son 104 mil urnas”, confiesa el sindicalista acerca de su aporte al candidato libertario en las elecciones, hasta que terminó rompiendo con él cuando aceptó el respaldo electoral de Mauricio Macri y Patricia Bullrich: “Yo me abrí cuando vinieron estos dos -admite-. Por dignidad no me puedo quedar con la mina que me pegó dos meses”.
En el documental también figuran el accidente cerebrovascular que sufrió en octubre de 2024, su pasión por el golf, la visita a una iglesia para rendirle tributo a la Virgen del Valle y su desinterés frente a quienes lo critican: “Porque no me conocen -explica-. Me chupan un huevo. Los números uno de Mar del Plata me invitan a sus mansiones y ponen cocineros y mozos para agasajarme. A mí me quisieron destruir. Los 10 o 12 años del kirchnerismo yo no pisé Olivos ni la Casa de Gobierno y terminando yéndose ellos con cientos de causas”.
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Algo que Barrionuevo no olvida porque luego de tantas décadas de codearse con las máximas autoridades de la Argentina sabe algo que considera crucial: “Si hay algo que me di cuenta es qué es el poder: es levantar el teléfono y que te atienda el Presidente. Eso es poder”.
(Fotos: Gustavo Gavotti)
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