Una familia peruana decidió convertir su visita al local de votación en algo más que un trámite cívico de estas Elecciones Regionales y Municipales 2026.
José Farfán, Antonella Ligán y su pequeño hijo Salvador se presentaron ataviados de pies a cabeza con el inconfundible estilo de los años ochenta: paletas de colores estridentes, peinados de época y una energía que contagió al resto de los ciudadanos que aguardaban su turno.
PUBLICIDAD
Lo que podría haber sido una mañana rutinaria se transformó, gracias a ellos, en un instante de alegría colectiva que no pasó desapercibido.
El look que nadie esperaba en una urna
Mientras la mayoría de los votantes llegaba con ropa de diario, esta familia irrumpió en el recinto electoral como si hubiera salido directamente de una pantalla de videoclip de 1985.
Los colores vibrantes de sus outfits, los volúmenes en el cabello y la actitud desenfadada con la que caminaron entre las mesas de sufragio generaron una reacción inmediata entre los presentes. Cámaras de América TV registraron el momento y la periodista del canal no tardó en acercarse a ellos una vez que habían depositado su voto.
PUBLICIDAD
“El trend ochentero llega a la jornada electoral”, anunció la comunicadora ante sus compañeras, mientras enfocaba a los tres integrantes de la familia. La escena, inusual para un recinto de votación, resultó ser exactamente lo que muchos necesitaban para aligerar la espera.
Una fiesta electoral con mensaje
Detrás de los atuendos llamativos había una intención clara. Antonella Ligán explicó ante las cámaras que la elección del vestuario no fue caprichosa: “Quisimos venir hoy día un poco para animar esta... Bueno, es una fiesta electoral para todos nosotros y dar alegría, color y que vengan motivados a poder elegir a quienes cada uno considere, ¿no?”
Su marido, José Farfán, añadió el origen de la idea y amplió el propósito detrás de la iniciativa. Según relató, la inspiración surgió de una tendencia que circuló recientemente en redes sociales: “Fue un trend hace poco. Nos acordamos de esto y dijimos: ‘Nos gustaba a muchas personas y quisimos también un poco llamar la atención’”. Pero más allá del impacto visual, Farfán subrayó que el gesto tenía una dimensión más profunda: “Para nosotros es una fiesta, e incentivar a la gente que venga a votar con confianza, con ánimo y con entusiasmo de lo que vaya a pasar en el futuro. Por eso queremos también inculcarle eso a nuestro hijo”.
PUBLICIDAD
El pequeño Salvador, ajeno quizás al peso simbólico del momento, fue parte central de la estampa familiar. Vestido a juego con sus padres, se convirtió sin proponérselo en el integrante más celebrado por quienes los observaban desde las filas de espera.
Una década que no se va
La elección de los años ochenta como referencia estética no fue aleatoria. Tanto Farfán como Ligán pertenecen a esa generación y encontraron en la jornada electoral una excusa perfecta para revisitar una época que, según ellos, nunca terminó de irse del todo. “Mi esposo y yo somos de esa época también y compartimos”, señaló Antonella con una sonrisa, en una frase que la periodista del canal completó con una afirmación que resonó entre los presentes: “Los ochentas nunca pasan de moda”.
La iniciativa de esta familia ilustra cómo un acto cívico puede adquirir una dimensión diferente cuando quienes participan en él deciden hacerlo con creatividad. En un contexto en el que la participación electoral suele estar asociada a la obligación antes que al entusiasmo, el gesto de los Farfán-Ligán funcionó como un recordatorio de que votar también puede ser una celebración.
PUBLICIDAD
Los ciudadanos que compartieron recinto con ellos ese día no solo cumplieron con su deber: se llevaron también el recuerdo de una familia que llegó vestida como si el tiempo hubiera retrocedido cuatro décadas y que, sin discursos ni pancartas, logró transmitir algo que pocos consiguen en una jornada de sufragio: genuinas ganas de estar ahí.
PUBLICIDAD