
Las historias de amor abarcan todo tipo de emociones, romance, ilusión, alegría, intensidad, cólera, tristeza, desilusión y más. En Perú, una de las historias de amor que más consternaron a la población y que aún sigue generando es aquella que vivió Dora Mayer junto a su amor imposible, Pedro Zulen.
En la época de una Lima aristocrática y conservadora, dos intelectuales se habían convertido en los protagonistas de conversaciones moralistas en medio de almuerzos y/o actividades sociales. Mayer vivió gran parte de los señalamientos que terminaron por descalificar el trabajo que realizaba activamente. Con el pasar de los años y tras su muerte, se pudo valorar todo lo que había realizado la alemana y que además, la ha llevado a ser reconocida como una de las primera impulsoras de los derechos indígenas en el siglo XX.

El nacimiento de un amor no correspondido
Dora Mayer era una alemana, nacida en Hamburgo el 12 de marzo de 1868 y que había llegado a vivir al Perú en 1873, junto a su familia. Ella llegó con 5 años de edad, y al no poder estudiar, sus padres la educaron en casa. Se convirtió en una gran autodidacta. Dos palabras que la podrían describir muy bien es ingenio e inteligencia. Siendo adulta, escribió en la revista Amauta de José Carlos Mariátegui y también en el diario El Comercio.
Por otro lado, se encontraba Pedro Zulen Aymar un peruano de ascendencia china, nacido el 12 de octubre de 1889. Estudió filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y con el pasar de los años se convirtió e uno de los primeros intelectuales del siglo XX.
Dora Mayer, Pedro Zulen y a Joaquín Capelo, crearon la Asociación Pro Indígena en 1909. Sin embargo, más adelante, Mayer y Zulen, se convertirían en protagonistas de una de las historias de amor más intensas y cuestionadas en el Perú.

“El periodismo de aquella época era distinto [...] fundamentalmente los periodistas eran varones y no trabajaban mujeres. Habían pocas mujeres intelectuales”, revela el historiador Miguel Ángel del Castillo.
La alemana recopilaba y hacía denuncias públicas sobre los abusos cometidos por empresarios de aquel entonces y del abandono del Gobierno hacia los indígenas. Una de ellas fue la publicación titulada “La Conducta de la Compañía Minera del Cerro de Pasco”. Se sabe que sufrió persecución por parte del gobierno de Augusto B Leguía, pero su contacto con diversos intelectuales y artistas de renombre, hicieron posible la divulgación y producción de sus libros e informes.
Zulen se encargaba de realizar conversatorios en la UNMSM, a la cual Dora asistía. Juntos funcionaban como una sola mente en búsqueda de los derechos de aquel grupo de peruanos maltratados.
Las actividades en los que habían intercambios de ideas y reuniones, unían a Zulen y Mayer, lo cual finalmente, terminó en un amor no correspondido. Dora se había enamorada de aquella mente tan brillante como la suya y comenzó a insistirle en brindarle su apoyo y protección al filósofo, pero este solo respondía con rechazos ante aquellas muestras de afecto. Él la admiraba y la respetaba, pero no sentía amor por ella. Dora había iniciado el camino del amor no correspondido.
El querer protegerlo, era porque había una discriminación racial hacia personas de otras razas por parte de la conservada Lima mestiza, que había luchado tanto por su independencia, pero que seguía utilizando las costumbres del colonialismo. Zulen provenía de una familia de clase media baja y además, era muy joven. Dora le llevaba alrededor de 20 años de diferencia en edad.

La partida de Zulen
Tras las efusivas muestras de afecto por parte de la periodista e investigadora, Pedro Zulen decide alejarse por completo de Dora. Pero ella, no lo podía permitir. Su obsesión la llevó a hacer una publicación en el diario El Comercio sobre la relación que ambos, según ella, habían tenido. El 28 de febrero de 1916 el país conocería la versión de Mayer.
“Hace menos de casi un año, que una disputa entre tú y yo está perturbando el interior de la Asociación Pro Indígena [...] Tú mismo propalas el rumor de que quieres apartarte de la obra patriótica a la que le has dedicado tu juventud y expatriarte a los Estados Unidos y esto no lo puedo aceptar de ninguna manera, yo que reconozco ser la causa de tus desvíos”, serían algunas de las palabras que formaban parte de la carta.
Previo a dicho acontecimiento, el joven egresado de la UNMSM, había decidido aplicar a una beca en la Universidad de Harvard, actividad que por supuesto, la periodista ya tenía conocimiento. Pedro le envió una carta personal en la que le dejaba en claro su rechazo hacia aquel amor.

Finalmente, el viaje a Estados Unidos se concretó, Pedro había sido aceptado en la prestigiosa casa de estudios Harvard. Aparentemente, la tranquilidad habría llegado a su vida, pero no era del todo cierto, ya que al poco tiempo le detectaron tuberculosis. Se trataba de una enfermedad muy peligrosa para la época.
Regresó a Perú para recuperarse y decidió pasar sus días en Jauja, donde se mejoró y se lanzó como diputado suplente de dicho lugar, pero no fue bien recibido por los empresarios de ese entonces, quienes tenían apoyo por parte del gobierno. Fue apresado bajo los señalamientos de instigador y anarquista, promoviendo una revolución campesina.
Intenta de nuevo postular a Harvard, siendo halagado y recibido por su tesis en filosofía, pero antes de ir, tuvo la idea de buscar a Dora Mayer para pedirle un apoyo económico, pero no contaba que, a pesar de los años, ella seguiría ciegamente enamorada de él. La noche del 25 de junio de 1920, ambos estuvieron juntos en la casa de la alemana.
Luego de aquel encuentro, Dora aseguraba que habían unidos sus cuerpos y que ella desde aquel entonces se había convertido en Dora Mayer de Zulen.

El joven prodigio, no pudo continuar con sus estudios en Harvard, ya que el Gobierno no enviaba la financiación necesario que correspondía a la beca ganada. Regresó y recayó en la tuberculosis. Dora lo fue a buscar, creando escenarios de reclamos donde cuestionaba el por qué no la había buscado si era su esposa desde la última vez que se vieron.
Jauja fue el destino donde el filósofo pasó los últimos días de su vida. Pedro Zulen muere el 27 de enero de 1925 con 35 años de edad. En su velatorio fueron distintas personalidades, entre los que no podía faltar Dora Mayer.
Ella vivió 30 años más posterior a la muerte de su ser amado y además, comenzó a firmar sus libros posteriores bajo el nombre una mujer casada, Dora Mayer de Zulen. Previo a su muerte pidió que su lápida sea inscrita con el apellido del hombre al que tanto amó, a pesar de no ser correspondida. Las obras creadas por Mayer fueron bastantes significativas para el Perú y fueron pilares fundamentales para otros escritores e ilustres pensadores peruanos.




