Alrededor de unas 1,856 enfermeras hacen falta en el sistema de Salud panameño para cubrir las necesidades de la población, mientras que el déficit del número de técnicos de salud se estima en unos 1,090.
Las cifras las pone la magister Eusebia Calderón de Copete, directora nacional de Enfermería del Ministerio de Salud, en el marco de que el déficit de enfermeras y técnicos de salud se ha convertido en uno de los cuellos de botella más críticos para garantizar una atención oportuna, segura y equitativa en el país.
El entorno se da en momentos en que la región de las Américas enfrenta una escasez estructural de recursos humanos en salud y se proyecta un déficit de cientos de miles de profesionales hacia 2030.
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En la región de las Américas, pese a contar con uno de los mayores niveles de producción de graduados en enfermería del mundo, la distribución desigual, las condiciones laborales precarias y los procesos de planificación fragmentados contribuyen a mantener brechas significativas, especialmente en áreas rurales, comunidades vulnerables y servicios de primer nivel de atención.
En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) calcula que para 2030 se proyecta un déficit de alrededor de 600.000 profesionales de salud, considerando médicos, enfermeras y parteras, si se toma como meta alcanzar 44,5 profesionales por cada 10.000 habitantes.
En el caso panameño, para el 2022 ya los datos oficiales y gremiales mostraban una realidad compleja, donde el Ministerio de Salud (Minsa) y la Caja de Seguro Social (CSS) reportaban alrededor de 7.238 profesionales de enfermería.
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La Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá (ANEP) calcula que en el país hay apenas entre ocho y diez enfermeras por cada 10.000 habitantes, cifra muy por debajo de los estándares recomendados y del promedio regional.
A ello se suma una fuerte sobrecarga laboral, turnos repetidos y falta de plazas estables que obligan al personal a cubrir jornadas extendidas, especialmente en áreas rurales e interioranas donde el déficit de enfermeras se describe como particularmente agudo.
La situación no se limita a la enfermería: médicos recién graduados, técnicos y otros trabajadores de la salud han denunciado que, mientras se habla de traer médicos del extranjero, se reducen las plazas de residencia y se limitan las oportunidades de especialización.
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Esto, aseguran, evidencia problemas de planificación del recurso humano y de alineación entre la formación y las necesidades reales del sistema.
Recientemente, el Minsa anunció que para este año las inversiones en ejecución en instalaciones de salud superan los $400 millones, mientras que el monto global corresponde a proyectos que se desarrollarán y pagarán de manera progresiva.
“Cuando todas estas obras se concluyan, estamos hablando de casi $1,950 millones”, indicó el director nacional de Infraestructura de Salud del Minsa, Ing. Abdiel Escobar Tejedor.
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Con estas inversiones, se indicó que el Minsa busca recuperar infraestructuras que durante años permanecieron sin utilización, además de fortalecer la red pública de servicios y garantizar que más comunidades tengan acceso oportuno a instalaciones de salud modernas, funcionales y con capacidad resolutiva.
En Panamá el debate público sobre la escasez de personal de enfermería y otros profesionales de la salud ha ganado intensidad en los últimos años, alimentado por las experiencias de sobrecarga laboral durante la pandemia de COVID-19 y por las recurrentes denuncias de los gremios sobre la falta de plazas suficientes, la precariedad de los contratos y la mala distribución de los recursos humanos entre la capital y las provincias interioranas.
La relevancia del tema se amplifica si se considera que la enfermería y los técnicos de salud constituyen la columna vertebral de cualquier sistema sanitario, al ser quienes sostienen gran parte del cuidado directo, la vigilancia comunitaria, la ejecución de programas preventivos y el funcionamiento cotidiano de hospitales y centros de salud.
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En palabras de la Organización Panamericana de la Salud, el desarrollo de recursos humanos adecuados, disponibles y calificados es uno de los elementos centrales para lograr sistemas de salud resilientes y avanzar hacia la cobertura universal.
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