Los resultados de un reciente estudio arrojan que la mitad de las mujeres privadas de libertad en Panamá presenta capacidades emocionales que requieren refuerzo, mientras que la otra mitad cuenta con un nivel competente en este aspecto.
Esta diferencia en la inteligencia emocional y en la socialización tiene un impacto directo en la posibilidad de reinserción social de las internas.
Según los resultados, el 50% de las privadas evaluadas mostró un nivel adecuado de inteligencia emocional, mientras la otra mitad experimentó dificultades que requieren atención.
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Además, el 44% de las mujeres presentó dificultades promedio en socialización.
Estos factores son clave para entender la forma en que las mujeres privadas de libertad enfrentan la vida dentro de los centros penitenciarios y su adaptación futura fuera de ellos.
La investigación fue desarrollada por Amara Fairuz Sanad Henríquez y Raúl Quevedo-Blasco, de la Universidad de Granada, junto con Marita Mojica Delgado, de la Universidad de Panamá.
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El equipo se enfocó en analizar cómo influyen la inteligencia emocional y las dificultades de socialización en mujeres condenadas por delitos contra la seguridad colectiva.
Las conclusiones fueron publicadas en la revista REDEPSIC, una publicación académica semestral especializada en temas psicológicos y sociales, impulsada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Panamá.
En respuesta a la pregunta sobre el impacto de la inteligencia emocional en la reinserción social, el estudio señala que las capacidades emocionales y sociales son esenciales para enfrentar los desafíos de la convivencia en prisión y para la readaptación tras recuperar la libertad.
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La investigación destaca la necesidad de fortalecer las intervenciones psicológicas y los programas de educación emocional en el sistema penitenciario para facilitar la rehabilitación y reducir la reincidencia.
Los autores subrayan que el análisis se realizó en un contexto donde la delincuencia y los problemas de salud mental en las cárceles de Panamá se han vuelto cada vez más relevantes.
Factores como la impulsividad, ciertos rasgos de personalidad y la conducta antisocial pueden dificultar la adaptación de las personas privadas de libertad.
La publicación también señala que existe un creciente interés internacional en la relación entre inteligencia emocional, comportamiento antisocial y procesos de reinserción social.
Los investigadores afirman que los hallazgos de este estudio pueden servir como base para futuras investigaciones y para la creación de políticas públicas que busquen mejorar el bienestar psicológico y la integración social de las mujeres privadas de libertad en el país.
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Al referirse al término delincuencia, como sociedad, los investigadores señalan que nos posicionamos ante la concepción de que este acto pudo involucrar la participación de ambos sexos, tanto al hombre como a la mujer.
Sin embargo, es la delincuencia femenina una de las situaciones más criticadas y comentadas, pero a su vez muy poco estudiada en Panamá. Es posible que esto se deba en parte al bajo porcentaje de incidencia de la delincuencia femenina en comparación con la delincuencia masculina.
Esta discrepancia en cuanto al sexo en los índices delictivos ha sido objeto de estudio en diversas investigaciones, que han destacado la influencia de factores como el sexo en el comportamiento prosocial o en las tendencias prosociales.
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El 75% de las mujeres privadas de libertad condenadas, está involucrada con delitos de drogas, siendo estas de distintos estratos sociales, nacionalidad, con estudios escolares, de bachillerato o incluso universitarios
La población inicial participante del estudio estuvo conformada por 262 mujeres privadas de libertad condenadas por el delito relacionado con drogas. encontrándose la mayoría (el 84% de la muestra) en el rango de 21 a 42 años.
En cuanto a la ocupación previa de las participantes antes de ser privadas de libertad es muy variada (61%): ayudante en construcción, administradoras y trabajadoras en farmacia, negocios propios, modista, supervisoras de hotel y trabajadoras domésticas externas. El mayor porcentaje se encuentra en trabajadoras del hogar (22%).
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