La economía internacional transita el 2026 con una combinación de fuerzas opuestas. Por un lado, se observa, en particular en Estados Unidos, un crecimiento firme impulsado por las inversiones en IA. Por otro, la economía mundial convive con un escenario de volatilidad alimentado por tensiones geopolíticas, altos precios de la energía originados por el conflicto de Irán y elevados niveles de deuda pública en muchos países.
El desempeño económico a lo largo de 2026 puede resumirse en un crecimiento global moderado, pero no homogéneo. Según el FMI, este año la expansión global será de 3 por ciento.
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Sin duda, la economía estadounidense es más dinámica que la europea. El desarrollo de la IA contribuye claramente al aumento de la productividad en Estados Unidos. La inflación rondará el 3,5% en 2026 y la Reserva Federal decidió subir la tasa de referencia, que podría aumentar aún más en próximas reuniones. Las tasas largas, como la del bono a 10 años, se ubican en niveles similares a los de la crisis de 2008.
El desempeño económico a lo largo de 2026 puede resumirse en un crecimiento global moderado, pero no homogéneo
El déficit fiscal estadounidense sigue muy elevado en torno al 6% del PBI y explica en parte el nivel de estas tasas largas. La deuda pública, por su parte, alcanza el 120% del PBI, cuando era la mitad a inicios del primer gobierno de Donald Trump. En noviembre hay elecciones de medio término y seguramente Trump perderá la Cámara de Representantes, mientras que el Senado está por definirse. Sin embargo, difícilmente haya cambios de fondo en un país tan presidencialista. Continuará la visión de seguridad nacional que prioriza el control del continente.
Europa, por su parte, crece menos, apenas 1%, y el costo del suministro energético deteriora su competitividad mientras se reacomoda al programa de aranceles impuesto por Trump. El mercado de trabajo de la Eurozona se destaca por una tasa de desempleo de 6%, inferior a la media histórica reciente. La inflación promedia 3% y el BCE también subió la tasa de referencia.
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Europa busca fortalecer sus capacidades tecnológicas, pero le falta masa crítica para encarar proyectos de inversión de mayor envergadura, en parte por la fragmentación de su mercado de capitales. A esto se suma que la Eurozona está aumentando el gasto en defensa a partir del conflicto de Ucrania, que obligó a replantearse la OTAN. Se trata de un desafío fiscal que se agrega a otros objetivos, como la política industrial, la mayor inversión pública, la innovación y el fortalecimiento en IA.
Alemania, motor de Europa, apenas creció desde la pospandemia. Su industria tradicional de automóviles, bienes de capital y productos químicos está siendo desafiada por el comercio con China y el envejecimiento demográfico agrava la escasez de mano de obra y eleva los costos laborales. En Europa del Este se destaca el crecimiento de Polonia. En última instancia, sigue vigente la propuesta del informe Draghi sobre una competitividad basada en la economía verde, la digitalización y la defensa.
Alemania, motor de Europa, apenas creció desde la pospandemia
Este año China crecería un 4,7%, la cifra más baja desde 1990. Continúa la caída de la participación del consumo en el PBI y la crisis inmobiliaria se volvió estructural. Como resultado, hay tensiones deflacionarias por el bajo consumo y por las frecuentes guerras de precios en la industria, y la inflación sería este año de apenas 1,2%. Por otra parte, su industria manufacturera ya equivale al 30% del PBI, lo que contrasta notoriamente con otros países donde el peso relativo de la industria declina.
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El exceso de capacidad instalada genera excedentes industriales que, al no ser absorbidos por el mercado interno, se vuelcan a un intenso comercio exterior de manufacturas. Este dinamismo exportador es especialmente notable en semiconductores, productos informáticos, equipos eléctricos y automotores.
Buena parte de estas exportaciones está subsidiada y alrededor del 60% del despliegue chino en el comercio exterior de productos industriales se explica por esos subsidios. Esto ayuda a entender por qué, a pesar del programa arancelario de Trump, la balanza comercial con Estados Unidos sigue siendo superavitaria en USD 1,2 billones.
El gasto en I+D en relación con el PBI es equivalente al estadounidense y duplica al europeo.
Ante este panorama, América Latina mantiene el crecimiento lento que muestra desde 2010. Nuevos gobiernos han ganado las elecciones con candidatos de centroderecha. Dados los conflictos geopolíticos, la región está bien posicionada como zona de paz y productora de alimentos, y debe fortalecer su inserción internacional.
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El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de septiembre del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral
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