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Los conflictos globales siguen sin contención

Trump y Xi evitaron una ruptura, aunque persistieron desacuerdos tecnológicos, militares y diplomáticos que atraviesan varias regiones

El presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping

El encuentro entre Trump y Xi Jinping realizado en paralelo a la Asamblea General de la ONU no generó resultados muy concretos, pero sí mostró la voluntad de ambos líderes de evitar que los conflictos escalen. En cuanto a las empresas tecnológicas, las diferencias se mantuvieron entre la posición de Estados Unidos a favor de la libertad y la de China, más inclinada a la regulación. No hubo acuerdo pero tampoco se agravó el conflicto.

En Europa y el mundo en desarrollo se va imponiendo gradualmente la política a favor de la regulación, pero no parece claro cómo va a poder lograrse en términos concretos. Mientras tanto, entre las mismas empresas tecnológicas estadounidenses hay posiciones encontradas.

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El tema de Taiwán no fue relevante, pero ambas posiciones no se movieron. China sigue reivindicando su soberanía sobre la isla y reclama que Estados Unidos suspenda la venta de armamento a Taiwán, lo que no logró. La ratificación de estas posiciones no fue un punto central.

En cuanto a las guerras en desarrollo, como la de Estados Unidos e Irán, Arabia Saudita contra los hutíes, y la de Rusia con Ucrania, no parecen haberse generado principios de acuerdo ni decisiones conjuntas. Estados Unidos volvió a pedir que China se sume a las sanciones que ha impuesto a Rusia, pero Beijing no dio hasta ahora una respuesta positiva. Emergió en este encuentro una suerte de “bipolaridad atenuada”.

Respecto al conflicto de Medio Oriente, los discursos de los Jefes de Estado en la Asamblea General de la ONU fueron importantes. Irán ratificó su propuesta de cese del fuego y negociación de paz en el marco de los doce puntos que había propuesto inicialmente Estados Unidos, pero Trump rechazó su propia propuesta en forma tajante. El canciller iraní, Abbas Araghchi, especificó que el calendario de siete días de cese del fuego se iniciaría a partir de que Estados Unidos aceptara las condiciones que ya ha rechazado.

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La situación en Gaza desató fuertes acusaciones. El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, acusó al secretario general, Antonio Guterres, de “destrozar la credibilidad de la organización multilateral”, por hablar en su discurso de “limpieza étnica”. Por su parte, el presidente de Turquía, Recep Erdogan, calificó a la devastación de la Franja de Gaza como “el mayor cementerio infantil del mundo, la zona con más niños que han sufrido amputaciones y el campo de concentración más inhumano de nuestra época”. Mientras el representante israelí abandonaba el recinto, el presidente turco exhortaba a la comunidad internacional a “aumentar la presión” sobre el gobierno de Netanyahu. Qatar y Francia también acusaron a Israel de “genocidio”. Por su parte, el ministro de Seguridad Nacional de Netanyahu, Ben Gvir, retrucó con una propuesta al representante qatarí: “En lugar de financiar a Hamas, abre las puertas de tu país a los gazatíes que quieren emigrar, ¡y veamos entonces cuántos se quedan en la Franja!”. Macron, por su parte, expresó que lo que se vive en Gaza “nos hace avergonzar a todos” e insistió en el reconocimiento de la soberanía palestina. El presidente francés mencionó también la situación de la violencia ejercida en Cisjordania sobre los palestinos por parte de colonos judíos.

La retirada formal de las tropas estadounidenses de Irak dispuesta por Trump es en realidad una derrota y no una victoria, como planteó el presidente: en esta operación militar contra el Estado Islámico -que fue rechazado pero no exterminado- murieron 4.100 estadounidenses. Días después de esta retirada, las milicias pro-iraníes que actúan en el país irrumpieron con fuerza en las zonas controladas por el gobierno iraki.

La tensión entre Europa y Rusia ha aumentado en los últimos días y puede seguir escalando. Los jefes de inteligencia de la OTAN alertaron de que Moscú podría intensificar “en los próximos meses” su hostilidad hacia los países miembros de la alianza atlántica. El presidente ruso, Vladimir Putin, rechazó esta presunción. Un atentado poco claro contra una base de la OTAN en el Reino Unido incrementó los interrogantes y sospechas.

Pero el punto más relevante ha sido el despliegue de un escuadrón de la Fuerza Aérea rusa sobre aguas de Finlandia y Suecia. Ello se produjo horas después de que un helicóptero ruso ingresara en el espacio aéreo de Polonia. Finlandia comparte con Rusia una frontera de más de 1.300 kilómetros. Su incorporación a la OTAN en 2023 significó que toda esa extensión pasó a convertirse en frontera directa entre Rusia y la alianza occidental.

Es decir, lo que la OTAN no obtuvo con la incorporación de Ucrania, lo obtuvo en el norte de Europa con el ingreso de Finlandia. Hoy la Alianza tiene más de 1.300 kilómetros adicionales de frontera directa con Rusia y, además, una mayor profundidad estratégica, porque detrás de Finlandia está Suecia, que también se incorporó a la OTAN. Estos dos países, históricamente neutrales o no alineados militarmente, pasaron a integrar la alianza militar occidental como consecuencia de la guerra ruso-ucraniana. En el flanco nororiental de la OTAN, Noruega en el primer semestre de este año desplegó cazas en 62 oportunidades como respuesta a supuestas incursiones aéreas rusas. Suecia también ha informado que ha interrumpido decenas de vuelos no identificados mediante sus aviones Gripen. El mando aéreo de la OTAN (Aircom) sostuvo que también se han movilizado cazas turcos estacionados en Estonia y Eurofighters italianos desplegados en Lituania.

Ante la posibilidad de que fuerzas de la OTAN cierren el acceso ruso a su enclave de Kaliningrado, ubicado entre Polonia y Lituania, Putin ha sostenido que usará todo su poder militar como respuesta e incluso, como sostienen algunos expertos occidentales, el uso de armas nucleares tácticas.

Trump ha logrado este mes sus objetivos en Groenlandia. No ha obtenido ni reclamado la soberanía sobre la isla, como lo hizo en otro momento, ni tampoco la compra del territorio. Ha buscado y obtenido el control militar sobre Dinamarca y Groenlandia, país asociado a Copenhague, en quien delega su defensa y relaciones exteriores.

Ambos países firmaron con Washington un acuerdo por el cual Estados Unidos tiene la potestad de instalar bases militares en cualquier parte del territorio, sin plazo. En el caso de que en el futuro Groenlandia se independizara de Dinamarca, se mantendría el acuerdo firmado con Estados Unidos. Es decir que Washington ha logrado el control militar sin obtener la soberanía.

Simultáneamente, Trump ha ofrecido su mediación en el conflicto por la soberanía en las Islas Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Lo ha hecho en dos oportunidades en los últimos días, pero sin obtener una respuesta positiva de ninguno de los dos países en litigio. En estas islas el presidente estadounidense buscaría la misma solución que logró en Groenlandia: el control militar sin adquirir soberanía. En el marco de la prioridad estratégica que hoy Estados Unidos da al control del hemisferio del polo norte al sur, resulta prioritario el control de los tres pasajes interoceánicos: Groenlandia, el Canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes. Trump ha conseguido el control de los dos primeros en lo que va de su segundo mandato y espera obtener el tercero para así poder mostrar un éxito en el plano estratégico y las relaciones internacionales. Ahora Washington busca que el conflicto entre Argentina y el Reino Unido no escale: la visita del vicepresidente J.D. Vance a Buenos Aires en noviembre buscará tratar este tema.

Hacia adelante, la próxima Cumbre de la APEC, que tendrá lugar en China entre el 18 y 19 de noviembre, y la del G20, programada para el 14 y 15 de diciembre en Miami, no parecen estar en condiciones de reordenar los conflictos con alcance global.

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