Cuando una empresa se endeuda en pesos, el costo de esa deuda es directo: paga la tasa de interés en pesos, sin más variables de por medio.
Cuando se endeuda en dólares, en cambio, el costo real tiene dos componentes que hay que sumar:
PUBLICIDAD
- La tasa de interés en dólares, mucho más baja que la tasa en pesos porque corresponde a una moneda con inflación baja.
- La tasa de devaluación del peso durante la vida del préstamo: como la empresa recibió pesos, convirtió esos dólares a pesos al inicio y, al final, debe volver a comprar dólares para cancelar la deuda. Cualquier suba del tipo de cambio encarece la operación en pesos, más allá de lo que indique la tasa de interés en dólares.
La regla de decisión se reduce, entonces, a comparar dos números: la tasa de interés en pesos contra la suma de la tasa de interés en dólares más la devaluación del período. Si la tasa en pesos supera esa suma, conviene endeudarse en dólares; si es menor, conviene hacerlo en pesos.
La regla de decisión se reduce, entonces, a comparar dos números: la tasa de interés en pesos contra la suma de la tasa de interés en dólares más la devaluación del período
Una aclaración es necesaria: la inflación no entra de manera directa en esta comparación. Puede ser alta o baja, pero como ambas alternativas terminan pagándose en pesos, afecta por igual a las dos opciones y no altera cuál es la más conveniente. Lo que sí importa es la relación entre la tasa de interés en pesos y el ritmo de devaluación.
Qué pasó en la realidad, entre 2024 y 2026
Durante el mandato presidencial en curso, la tasa de interés nominal anual en pesos a 180 días para grandes empresas se ubicó, en promedio, entre el 35% y el 45% anual, tras arrancar en picos superiores al 120%. La tasa en dólares, en el mismo plazo, osciló entre el 6,5% y el 7,5% anual. El índice de riesgo país pasó de 1.896 puntos básicos a un rango de 530 puntos básicos, y el tipo de cambio subió de $788,59 a $1.530 por dólar entre enero de 2024 y agosto de 2026, tras el salto devaluatorio inicial del 118% y una devaluación administrada que se desaceleró con el correr de los meses.
PUBLICIDAD
Al capitalizar esas tasas durante los 32 meses del período por interés compuesto, la deuda en pesos implicó un costo total cercano al 161% sobre el capital original. La deuda en dólares, en cambio, implicó un costo de apenas el 20% en moneda extranjera, al que hay que sumarle la devaluación del 94% registrada en el mismo lapso: el costo total de la deuda en dólares, medido en pesos, ascendió a alrededor del 133%, lo cual para un ejemplo de préstamo de $100 millones se vería de la siguiente forma:
Quien se endeudó en dólares pagó menos pesos al cancelar su deuda que quien se endeudó en pesos. Ganó el deudor en dólares y, en espejo, perdió en términos relativos el deudor en pesos, que enfrentó una tasa de interés que superó ampliamente el ritmo de devaluación. Esto explica por qué el crédito en dólares al sector privado creció de forma marcada durante estos años: las empresas identificaron que la brecha entre la tasa en pesos y la suma de tasa en dólares más devaluación jugaba a favor de la moneda extranjera, y actuaron en consecuencia.
Cómo se toma la decisión
El problema es que, al momento de pedir el préstamo, nadie conoce todavía cuánto va a devaluar el peso. Por eso, la empresa necesita estimar ese dato con la mejor información disponible, como el mercado de futuros de dólar (Rofex), y no con lo que le gustaría que ocurra.
PUBLICIDAD
Al momento de pedir el préstamo, nadie conoce todavía cuánto va a devaluar el peso
Existe un atajo para esto: calcular la devaluación exacta que dejaría indiferentes ambas alternativas, es decir, el tipo de cambio final que hace que la deuda en dólares cueste exactamente lo mismo que la deuda en pesos. A ese valor se lo llama tipo de cambio de paridad. Si la devaluación que se espera que ocurra es menor a esa paridad, conviene endeudarse en dólares; si se espera una devaluación mayor, conviene quedarse en pesos.
En el ejemplo desarrollado, ese tipo de cambio de paridad se ubicaba en $1.719,2 por dólar (que surge, en resumidas cuentas, de dividir el 161% de la tasa en pesos para toda la operación por el 20% de la tasa en dólares y multiplicarlo por el tipo de cambio de inicio de la operación, es decir, 2,6127/1,1984*788,59). Como el tipo de cambio real terminó en $1.530, por debajo de esa paridad, se confirma la misma conclusión obtenida por la vía directa: convino tomar la deuda en dólares.
La clave, en cualquiera de los dos métodos, está en construir estimaciones serias sobre la evolución del tipo de cambio a partir de fuentes de información disponibles, y dejar de lado la opinión subjetiva sobre lo que se cree o desea que ocurra.
PUBLICIDAD
El autor es docente de Cálculo Financiero en la UBA, especialista en planeamiento estratégico, control de gestión, valuación de empresas, análisis de inversiones y procesos de M&A
PUBLICIDAD