Agregar Infobae enGoogle

¿Puede un “búnker-refugio” dinamizar la confianza de largo plazo en Argentina, en un contexto de continua inestabilidad sin plan a futuro?

La iniciativa concebida como refugio ante escenarios extremos plantea evolucionar hacia desarrollos de energía, alimentos, tecnología y servicios en Mendoza, en un contexto de trabas al crédito para emprendimientos tradicionales

Un rebaño de ganado bovino pastorea en los valles verdes de Wamani, una estancia en Mendoza. (Wamani)

Un proyecto empresarial como Wamani-Varsavsky, concebido inicialmente como un búnker-refugio frente a escenarios extremos, con posibilidades de evolucionar hacia desarrollos productivos de amplio espectro, podría alcanzar un atractivo inusual para el capital externo.

Ello adquiere especial relevancia si ocurre sin beneficios del RIGI, sin incentivos fiscales y sin financiamiento preferencial, mientras numerosos proyectos productivos convencionales encuentran dificultades para acceder al crédito.

PUBLICIDAD

De verificarse esta diferencia, no sería sólo una oportunidad empresarial, sino también un indicador de las profundas dificultades que aún enfrenta la Argentina para construir confianza económica de largo plazo.

La evolución de la realidad durante los años siguientes hasta el presente ha reducido significativamente aquellas expectativas, sin confianza suficiente para evitar la repetición del pasado reciente.

No sería sólo una oportunidad empresarial, sino también un indicador de las profundas dificultades que aún enfrenta la Argentina para construir confianza económica de largo plazo

El deterioro de las expectativas no se limita a la economía, sino que incluye algunos de los pilares indispensables para cualquier estrategia de desarrollo de largo plazo, educación, seguridad, salud y justicia, cuya relevancia se encuentra notablemente limitada a un estadío poco relevante en la gestión actual.

PUBLICIDAD

A ellos se suma la situación de numerosas empresas industriales que, fuera de los sectores beneficiados por el RIGI, atraviesan dificultades de actividad, rentabilidad o supervivencia.

En este contexto, proyectos multidisciplinarios de largo plazo como el liderado por Martín Varsavsky en Mendoza abren una discusión mucho más amplia que la que podría sugerir su eventual condición de “refugio” frente a un posible conflicto nuclear en el hemisferio norte.

Pensar escenarios, no solamente pronósticos

Existe una diferencia fundamental entre pronosticar el futuro y construir escenarios.

Scenariopp Building desarrollado desde comienzos de la década de 1980 por equipos vinculados a Shell Planning Group y al Cavendish Laboratory de la Universidad de Cambridge planteó precisamente la necesidad de imaginar futuros alternativos, identificar las variables determinantes y evaluar cómo diferentes combinaciones de esas variables podían conducir a escenarios muy distintos.

En la Argentina de comienzos de los años 80 también se trabajó con esta metodología mediante ejercicios de prospectiva de largo plazo, como Argentina 1980/2000, que procuraban analizar el país no desde una extrapolación mecánica del presente, sino desde distintos escenarios posibles.

La enseñanza continúa siendo válida y aplicable.

Pensar hoy la Argentina de 2040 o 2050 requiere identificar cuáles son los factores determinantes que pueden hacer que un escenario favorable sea posible o, por el contrario, impedirlo.

Ningún proyecto de inversión verdaderamente importante se construye pensando solamente en los próximos cuatro años

Y entre esos factores existe uno que resulta transversal a todos los demás, la confianza.

La variable que Argentina no consigue estabilizar

Ningún proyecto de inversión verdaderamente importante se construye pensando solamente en los próximos cuatro años.

Mucho menos los proyectos territoriales, energéticos, tecnológicos, productivos o de infraestructura requieren de décadas.

Por tal motivo, una condición que Argentina ha mostrado enormes dificultades para sostener durante las últimas ocho décadas, confianza de largo plazo.

No se trata solamente de confianza en la estabilidad monetaria y fiscal.

También de confianza en las instituciones, en las reglas de juego, en los poderes públicos y privados, en la justicia, continuidad de las decisiones, y la capacidad del Estado y del sector privado en sintonía para sostener compromisos durante períodos prolongados.

RIGI, una señal positiva pero insuficiente

Dentro del escenario actual, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones constituye una de las pocas sino la única política activa que intenta generar condiciones relativamente previsibles para proyectos de gran escala y largo plazo.

Pensar hoy la Argentina de 2040 o 2050 requiere identificar cuáles son los factores determinantes que pueden hacer que un escenario favorable sea posible

Pero también plantea interrogantes.

Su diseño concentra los incentivos en determinados sectores y grandes proyectos, mientras una parte significativa de la economía real —especialmente empresas industriales y productivas Pymes, que no acceden a esos beneficios— continúan enfrentando dificultades de actividad, financiamiento y competitividad.

Una estrategia de desarrollo debería poder combinar grandes inversiones con el fortalecimiento de las empresas existentes, el financiamiento productivo, la incorporación tecnológica, la generación de empleo y la expansión de las cadenas de proveedores nacionales.

De lo contrario, existe el riesgo de tener grandes proyectos exitosos en una economía que no consigue desarrollar de manera equilibrada el resto de su estructura productiva.

¿Cómo se relacionan proyectos como Wamani con este contexto?

Si la hipótesis de un escenario de conflicto nuclear grave en el hemisferio norte aumentara su probabilidad percibida, proyectos como Wamani podrían multiplicarse, no solamente en Mendoza, pero en otras regiones argentinas con condiciones de seguridad territorial, disponibilidad de agua, alimentos, energía, baja densidad poblacional y capacidad de autonomía.

El verdadero potencial económico de Wamani sería no depender de que ocurra una catástrofe, sino de que logre mostrar atractivos para generar valor con o sin catástrofe, tal como menciona el proyecto, en infraestructura, energía, producción alimentaria, tecnología, investigación, turismo de alta gama, servicios médicos, conectividad, conservación ambiental, nuevas formas de residencia.

Una estrategia de desarrollo debería poder combinar grandes inversiones con el fortalecimiento de las empresas existentes

Si esas actividades pueden desarrollarse normalmente, el territorio agrega valor incluso en un escenario mundial estable, y en caso de aumento de la incertidumbre global, podría adquirir una nueva dimensión como activo resiliente.

Esta característica convierte a Wamani en algo potencialmente abarcativo de un escenario diferente, aplicable más allá del concepto inicial del “Búnker”.

Dos escenarios para Argentina

Podemos imaginar, simplificando, dos escenarios extremos.

En el primero, Argentina consigue finalmente construir estabilidad institucional y económica, recuperar confianza, desarrollar infraestructura, ampliar el financiamiento productivo, mejorar educación, salud, seguridad y justicia, aumentar la productividad y sostener políticas fundamentales durante varias décadas.

En ese escenario, Wamani y otros proyectos semejantes podrían encontrar un ecosistema favorable y convertirse en parte de un proceso mucho más amplio de inversión y desarrollo territorial.

En ese caso, incluso los proyectos extraordinarios quedarían obligados a funcionar como islas de eficiencia dentro de un entorno estructuralmente inestable.

En el segundo escenario, Argentina continúa repitiendo su comportamiento histórico de gobiernos que generan expectativas de transformación, seguidos luego por cambios de rumbo, deterioro de la confianza, crisis, pérdida de inversión y nuevas promesas de reconstrucción.

Tales proyectos podrían sobrevivir, ser exitosos, pero careciendo de capacidad de transformar el país.

La paradoja

Y aquí aparece una paradoja que debería preocuparnos.

Es posible que Wamani y proyectos similares tengan una mayor probabilidad de éxito con o sin caos nuclear en el hemisferio norte que la propia Argentina, de construir y sostener las condiciones económicas y competitivas que viene postergando desde hace décadas.

La historia demuestra que disponer de ventajas naturales no alcanza

Si eso ocurriera, sería una señal extraordinariamente fuerte negativa pues significaría que determinados inversores pueden construir su propio escenario de estabilidad dentro de un país que no consigue ofrecerla de manera generalizada, pero esa no debería ser una razón para cuestionar esos proyectos.

Debería ser una razón para preguntarnos por qué no podemos reproducir las condiciones de previsibilidad que hacen posibles esos proyectos en una escala mucho mayor.

La pregunta pendiente

Argentina posee recursos extraordinarios.

Tiene territorio, agua, alimentos, energía, minerales, capacidad científica y tecnológica y una ubicación geográfica que puede adquirir un valor estratégico adicional en un mundo cada vez más fragmentado.

Pero la historia demuestra que disponer de ventajas naturales no alcanza, concepto que ha sido desarrollado y ejemplificado de manera numerosa, comenzando por Michael Porter en los años 80 (“La ventaja competitiva de las naciones”).

Después de la Segunda Guerra Mundial, Argentina partió de una posición internacional particularmente favorable, con importantes reservas y buen posicionamiento, pero después de las ocho décadas en términos netos, con deterioro regional e internacional difícil de justificar en términos relativos, en contexto presente donde se continúan repitiendo los errores de gestión que limitan el inicio de un escenario más allá del corto plazo.

Dicha oportunidad volvió a repetirse muchas veces, la dificultad estuvo en sostenerla y superarla, y por tal motivo, la discusión que abre Wamani es, en realidad, una discusión sobre el futuro de Argentina.

¿Podrá el país construir finalmente las condiciones de confianza, estabilidad, inversión y continuidad necesarias para que las oportunidades de largo plazo no vuelvan a convertirse en otra oportunidad perdida?

Sería necesario que con tal objetivo, la gestión pública y la política económica pueda apuntar a construir los escenarios del país, y el plan requerido para ir en tal sentido.

El autor es doctor en Economía de la UBA

PUBLICIDAD