El Gobierno tiene hoy una prioridad absoluta, la reelección de Javier Milei. Sin segundo mandato no hay paraíso. Para Milei es imperativo ganar en primera vuelta. El escenario de un balotaje espanta. Con números tan finitos, una segunda vuelta es enfrentar el precipicio.
Todo lo que haya que hacer para asegurar un segundo tiempo a Milei se hará. Esa parece ser la consigna de la hora. “Hay que blindar el cambio”. Es un mandato inapelable.
La idea de un partido puro, con candidatos propios, sin alianzas ni esfuerzos de convivencia sobre la que Karina Milei pretendió consolidar su poder, está en pausa.
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En lo inmediato, urge avanzar con la reforma electoral. Hay que bajar las PASO.
Con la oposición fragmentada y sin herramientas para ordenarse dentro del cronograma electoral, el libertario tiene chances. De complicarle la reorganización interna al kirchnerismo se trata.
“Se trabajará en todos los acuerdos que sean necesarios para garantizar la continuidad”, se escucha decir en los pasillos del oficialismo.
Los interlocutores aliados desconfían de los operadores mileístas, aseguran que no necesariamente honran lo acordado, pero la idea de volver al pasado kirchnerista horroriza a muchos y el presente económico apremia a otros tantos. Los gobernadores en primera fila.
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La semana estuvo marcada por dos cumbres políticas.
La juntada del pasado martes que convocó en torno de una mesa a dos enemigos íntimos: Axel Kicillof y Máximo Kirchner y a un grupo de gobernadores, bajo la omnipresente figura de Sergio Massa, encendió alarmas entre los armadores libertarios.
El forzado encuentro presencial de los dos vástagos de CFK en disputa por la herencia política de la ex Presidenta, da cuenta de las emergencias opositoras.
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El tema oficial de la convocatoria reviste para el kirchnerismo carácter de urgente. Se trata de evitar que las PASO sean eliminadas o suspendidas como pretende el oficialismo. Sin esa plataforma ordenadora, las disputas internas aparecen como muy difíciles de zanjar.
Las rispideces que padece la relación entre el kicillofismo y los camporistas alineados tras Cristina Kirchner y su hijo Máximo no ceden. Hay conciencia que sin unidad el camino de los libertarios quedará liberado.
No fue una contracumbre, pero se reconoce que el tema central del encuentro entre representantes de Mauricio Macri y los karinistas de este jueves funcionó en espejo.
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Cocinada en una inesperada conversación entre Mauricio Macri y la dama de hierro libertaria, Karina Milei, la mesa entre el PRO y LLA también tuvo que remontar asperezas.
La relación entre Macri y Milei que venía a los tumbos, quedó literalmente cortada el mismísimo momento en que Guillermo Francos fue desalojado de su poltrona. Esa noche, las milanesas se enfriaron. Fue la última cena.
“Se trató de una conversación más de tono nacional, política y conceptual, por supuesto que la agenda parlamentaria también estuvo presente”. Respondió Fernando D’Andreis, alter ego de Macri, consultado por el encuentro de este jueves con los karinistas.
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El tema de fondo, avanzar con la reforma electoral, haciendo eje en la eliminación de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias. Cambiar las reglas del juego electoral exige mayoría absoluta en ambas cámaras. Hasta la semana pasada los números para eliminar las primarias no estaban asegurados.
Milei ordenó a Diego Santilli conseguir el visto bueno de los gobernadores para lograrlo.
El jefe de Gabinete no la tiene fácil. El armado de la elección general demanda una estrategia distinta. La búsqueda de acuerdos y consensos se está complicando.
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Hacer que las cosas pasen hace a la esencia de la política. Que ocurran en tiempo y forma define el éxito o el fracaso de la misión.
La resistencia y demora de Milei para desprenderse de su fallido jefe de Gabinete mostró al Presidente en la debilidad de su impotencia y complicó la agenda de su gestión. Cuando sobre el fin del Mundial los acontecimientos se aceleraron y cayó Adorni, los ánimos ya estaban vencidos. La tregua mundialista cambió el curso de los vientos.
La mesa política en la que se define el rumbo está desordenada. Las rencillas internas dejan secuelas difíciles de restañar. Por momentos el jefe de Gabinete aparece desbordado.
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La falta de un vocero que concentre la comunicación oficial anima a ministros y funcionarios a meterse en el ruido de la conversación pública al estilo Milei. Lejos de colaborar la complican. Hace falta alguien que explique algo y que lo haga con precisión.
Ya no hay espacio para hablar de la casta. Tampoco parece fácil introducir en el discurso el concepto de “alta política”. Se perdió la épica de la libertad. La narrativa libertaria hace aguas. Milei ha tenido que entregarse a los juegos de la política. Tendrá que componer una nueva canción.
La hoja de ruta de las transformaciones pendientes se enfrentó a dificultades de imposible remontada. El impulso desregulador terminó empantanado en un Parlamento en estado de máxima sensibilidad. La ley de inviolabilidad de la propiedad privada quedó en el camino. El adelanto de la campaña obliga a sopesar el costo político de cada voto. Todos están recalculando.
El humor social se espesa. Economía pide calmar a la política. La economía se maneja por expectativas y las expectativas se sostienen desde la política.
El círculo rojo permanece atento. No son pocos los que consideran que más allá de los buenos indicadores de la macro, la situación económica se está deteriorando para las mayorías. En estos ámbitos se asegura que el gobierno dispone de herramientas para remontar el parate de la producción pero que tiene que activarlas cuanto antes.
Los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad -FGS- están en la mira. Pensado para garantizar la sostenibilidad del sistema previsional en el largo plazo, y para complementar el financiamiento de la seguridad social cuando los aportes y contribuciones no alcanzan, están bajo la administración de la ANSES.
Por el momento el ministro Caputo echó mano a otros recursos y no precisamente para mover la producción económica.
La Casa Rosada admitió haber desviado gran parte de lo recaudado por Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) cuyo destino está fijado por ley al mantenimiento de las rutas y obras hídricas, para su colocación en instrumentos financieros en orden a sostener el superávit fiscal.
El asunto también raspa la relación con los gobernadores que demandan que esos fondos se coparticipen.
Se reclaman políticas activas y se pide empatía. Algunos hablan incluso de “Estado presente” con perdón de la expresión.
Caputo, quien esta semana intentó aclarar sus dichos acerca de a quienes se refería cuando trató de “tarados” a los que critican sus políticas, una declaración que generó mucho disgusto entre parientes y amigos, anunció la decisión de flexibilizar el acceso al crédito en dólares para empresas. La medida fue bien recibida por los bancos locales pero con cautela por economistas y bancos internacionales.
En cuanto al tema de la empatía, el ministro de Economía no puede ser más claro.
“Separemos la empatía de la política pública”, le contestó a un periodista que lo consultó acerca de medidas de alivio para las familias endeudadas con las billeteras virtuales. Luis Caputo admitió que las tasas de 400% o 700% son abusivas pero dejó en claro que el Gobierno no piensa intervenir.
“Es un tema entre privados”, se plantó. Fue justamente el propio Gobierno el que desreguló lo que ahora el ministro dice no poder tocar. El tope legal para las tasas fue eliminado por el DNU 70/2023, el mega decreto desregulador con el que Javier Milei inauguró su gestión.
La firmeza de las políticas y la campaña no parecen ir precisamente de la mano.
El dato de la inflación de julio cortó la tendencia a la baja. El 2,1% de variación mensual lleva el registro interanual al 33,8% y el acumulado de los 7 meses del año a 19,3%. Luis Caputo señaló que el número no era sorpresivo porque julio es un mes estacionalmente alto, y atribuyó parte de la presión a que el precio del petróleo se duplicó en prácticamente los últimos 8 meses. Echale la culpa a Trump.
La “Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública” (ESPOP), publicada por la Universidad de San Andrés no trae buenas noticias. La imagen de Milei cayó al 38% de aprobación con la desaprobación superando el 60%.
El costo de vida, la pérdida del poder adquisitivo y la situación económica general encabezan los reclamos ciudadanos, desplazando a otros temas de la agenda pública.
Si bien la aprobación tocó un piso en junio, tuvo una leve recuperación en agosto (35%→38%), pero la desaprobación se mantiene por encima del 60%, muy lejos de los niveles de fines de 2025.
La oposición no logra, por ahora, capitalizar el derrape. Atrapados en el oscuro laberinto de la propia interna no alcanzan a articular un discurso que permita escapar de la polarización.
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