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España sufre una invasión sin armas

El ingreso masivo de marroquíes por Ceuta ocurre gracias a la inacción del gobierno de Pedro Sánchez

Inmigrantes marroquíes en Ceuta

Setenta mil marroquíes han ingresado a España en los últimos tres días. Lo han hecho por Ceuta, cuyo gobierno autónomo pide (hasta ahora sin éxito) que la administración central actúe. El presidente Pedro Sánchez (Partido Socialista) ni siquiera ha dispuesto el “estado de emergencia”.

Militares y guardias civiles tienen órdenes de “solo atender heridos”. Ceuta tiene una población de menos de 40.000 habitantes. Aterrados, se esconden en sus casas, esperando el peor fin de semana de su historia.

La brutal invasión marroquí a Ceuta, consentida (¿y alentada?) por el gobierno central español, no es una novedad para nuestra madre patria. ¿Llegará el día en que Magdalena Pérez-Castejón le dirá a su hijo la frase que se le adjudica a Aixa?: “No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”. O Pedro Sánchez, al ver una España islámica, sonreirá satisfecho, a diferencia del último rey moro. En definitiva, él es presidente del gobierno español gracias a quienes niegan a España.

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Pero atención: la islamización de Europa es un plan que excede la península ibérica. En mayo de 2025, el ministro del Interior de Francia denunció un plan “para llevar a toda la sociedad francesa hacia la sharia (ley islámica), que es incompatible con los principios del país”. “Un rasgo de su metodología —afirmó el ministro— es acusar de islamofobia e incluso de racismo a quienes tratan de investigar estos hechos”, tarea para la cual cuentan con un respaldo activo de la izquierda.

En Inglaterra, el 6,5% de la población es musulmana. En Londres, ese número se eleva al 15%. En Alemania, el 8% de la población (cerca de ocho millones) es musulmana.

Lo más grave es que esta invasión sin armas viene acompañada de una negativa a aceptar las costumbres de la sociedad que los acoge. Ellos pretenden imponer las suyas.

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Los fenómenos migratorios son parte de la humanidad. En el siglo pasado, mi país recibió a millones de europeos y de habitantes de Medio Oriente que huían de guerras y hambrunas. Pero todos se integraron a nuestras costumbres y, en consecuencia, a la Argentina. Nadie le impuso a nadie lo propio.

Eso no ocurre con la migración islámica en Europa en general y en España en particular. Es un tema clave para el futuro cercano.