Mientras observamos con preocupación el recrudecimiento de los conflictos armados en distintas regiones del planeta. Hay un tema que no puede analizarse por separado: la seguridad en los grandes eventos deportivos.
La historia demuestra que los espectáculos masivos nunca estuvieron ajenos a los riesgos globales, los estadios son mucho más que un lugar donde se juega un partido, son espacios donde se reúnen decenas de miles de personas de todo el mundo, con una enorme exposición mediática y un impacto que muchas veces trasciende las fronteras de un país.
Probablemente uno de los ejemplos más dramáticos sucedió el 23 de junio de 1968, tras un superclásico entre River Plate y Boca Juniors, disputado en el estadio Monumental por una serie de deficiencias en la organización, y en los mecanismos de evacuación en la salida de la puerta 12, se desencadenó una avalancha humana que terminó con la vida de 71 personas y dejó más de 200 heridos. Lo más inquietante es que, pese a la magnitud del desastre, las responsabilidades nunca fueron completamente determinadas. Más de medio siglo después, la Puerta 12 sigue recordando que detrás de cada omisión, de cada control insuficiente y de cada alerta ignorada, puede esconderse una tragedia de dimensiones impensadas.
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La tragedia de Heysel, en Bélgica, durante la final de la Copa de Europa de 1985 entre Liverpool y Juventus, dejó una de las lecciones más dolorosas de la historia del fútbol, porque la violencia entre simpatizantes, sumada a problemas estructurales y fallas en la organización, provocó el derrumbe de un muro y una avalancha que terminó con 39 personas fallecidas y cerca de 600 heridos.
También corresponde recordar el atentado contra el Stade de France, en París, en 2015, durante un partido amistoso entre Francia y Alemania, tres terroristas suicidas intentaron ingresar al estadio, pero al ser detectados por los controles de seguridad, detonaron sus explosivos en las inmediaciones del predio.
Dentro del estadio había más de 80.000 personas, tiempo después se comprobó que el estadio era uno de los principales objetivos de la organización terrorista que llevó adelante los ataques que dejaron más de 130 muertos en la capital francesa.
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Más cerca en el tiempo, los incidentes ocurridos durante la final de la Copa América 2024, en el Hard Rock Stadium de Miami, volvieron a dejar expuestas situaciones que parecían impensadas para un evento semejante, en el primer mundo. El colapso de los accesos, el ingreso de personas sin entradas, la pérdida del control operativo y la falta de una estrategia adecuada de seguridad demostraron que ninguna organización está exenta de errores cuando la planificación resulta insuficiente.
Ninguna organización está exenta de errores cuando la planificación resulta insuficiente.
Los estadios concentran a miles de personas que llegan desde todos los países, movilizan recursos económicos enormes, atraen la atención de medios de comunicación mundial y tienen una carga simbólica muy importante. Precisamente por eso son espacios especialmente sensibles frente a cualquier amenaza que busque generar conmoción pública.
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La seguridad en el fútbol ya no pasa solamente por evitar enfrentamientos entre hinchadas o controlar los ingresos. Hoy el desafío es mucho más amplio, hay que pensar en cuestiones estructurales, tecnológicas, sanitarias, en amenazas externas y en todo aquello que pueda poner en riesgo a miles de personas reunidas en un mismo lugar.
Argentina, principal referente del folklore del fútbol, no está exenta de estas discusiones, las clausuras preventivas, las restricciones de aforo y las advertencias técnicas sobre distintos estadios han demostrado que la seguridad no puede quedar subordinada a intereses económicos, deportivos o políticos.
La experiencia demuestra que las tragedias rara vez ocurren de un momento para otro. Generalmente están precedidas por señales que alguien vio, advirtió o informó, pero que por distintos motivos no fueron escuchadas.
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El derrumbe del encofrado de una tribuna del Club Ferrocarril Oeste en 2021, ocurrido cuando el sector se encontraba clausurado, es un ejemplo de la importancia de las medidas preventivas. Del mismo modo, las discusiones que generaron opiniones controvertidas respecto a la tercera bandeja de la Tribuna Sur de Boca Juniors muestran por qué las decisiones técnicas deben prevalecer por sobre cualquier otra consideración.
Por eso, cada inspección, cada clausura preventiva y cada limitación de aforo deben entenderse como herramientas destinadas a proteger vidas humanas. No son obstáculos para el espectáculo, sino las condiciones necesarias para que el espectáculo pueda desarrollarse de manera segura.
A las puertas de un nuevo Mundial, en una coyuntura internacional atravesado por un contexto hostil y desafíos cada vez más complejos para la seguridad pública, la prevención debe ocupar un lugar central. Porque cuando millones de personas se reúnen alrededor de una misma pasión, la responsabilidad de quienes tienen que tomar decisiones debe estar a la altura de esa convocatoria.
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Las tragedias no suelen anunciarse, se construyen lentamente a partir de señales ignoradas, controles relajados y decisiones postergadas, cuando eso ocurre, ya no hay tiempo suplementario para corregir lo que no se hizo.
La historia del fútbol está escrita con gestas inolvidables, campeones eternos y emociones que atraviesan generaciones y territorios. Pero también está marcada por tragedias que dejaron cicatrices imborrables. La responsabilidad de nuestra generación consiste en impedir que algunas de esas páginas vuelvan a escribirse con sangre.
Celsa Ramírez es fiscal Especializada en Delitos Complejos