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La escuela no es una empresa

Seguimos mirando a la educación con los ojos de la lógica mercantil

AP

Una vez más, los dichos del diputado Javier Milei volvieron a resonar en todos los medios. Esta vez por comentarios relacionados a la educación de nuestro país. El legislador planteó la posibilidad de instaurar el sistema de vouchers en Argentina.

Este método consiste en que el Estado financie al alumno en lugar de lo que sucede usualmente: sustentar al establecimiento para ofrecer educación a todos sus estudiantes.

Por otro lado, el régimen de vouchers plantea que las distintas escuelas ofrezcan alternativas a los alumnos para que éstos decidan dónde transcurrir su educación.

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A simple vista, no parecería una mala idea, otorgarle la “libertad” a los estudiantes de elegir, pero tiene un gran problema: no contempla ninguno de los demás aspectos que también son parte de la escuela: los salarios docentes, el cuidado y mantenimiento de infraestructura, acompañamiento socio-alimentario, entre otros.

Franco Fafasuli

Éste tipo de planteos en circunstancias como las actuales resultan banales porque seguimos mirando a la educación con los ojos de la lógica mercantil. La escuela no es una empresa.

El problema no es la obligatoriedad, sino su implementación. La educación es un derecho universal y es el deber del Estado promover un mejor desarrollo de sus individuos de la mejor manera.

Tenemos los peores índices educativos de la historia producto de malas decisiones, un gobierno nacional negligente y una pandemia arrasadora. ¿Cuándo vamos a trabajar de manera coordinada – oficialismo y oposición – en metas educativas concretas y reales?

Lo cierto es que, independientemente de quién y cómo se financie la escuela pública, los índices de deserción escolar o los de repitencia y sobreedad seguirán estando. Todo ello persistirá si continuamos mirando para el costado sin prestar atención a la práctica educativa, el currículum, la formación docente y el acompañamiento de los alumnos.

A mi modo de ver, vamos a continuar mal si seguimos teniendo discusiones inconducentes en lugar de construir acuerdos para lo que efectivamente necesitamos. Nuestro objetivo y el de todos tendría que ser unirnos en pos de un futuro educativo mejor, no todo es adoctrinamiento como asegura el candidato liberal, que ve fantasmas en todas partes.

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Antes que diputado, soy docente y puedo dar fe de la frustración que genera en maestros y profesores observar que la política en general o grandes académicos, continúan abstraídos de la realidad escolar y de lo que pasa dentro de un aula.

El sistema docente se siente solo en un escenario hostil, que recibe alumnos que no recuperan sus aprendizajes o que no alcanzan los contenidos mínimos esperables. Familias que intentan acompañar a sus hijos, en el marco de sus posibilidades a pesar de sus extensas y complicadas horas de trabajo. ¿Plantear una educación para pocos es realmente la solución? No lo creo.

Realizar diagnósticos de lo mal que estamos está bien, pero quedarse únicamente llorando sobre la leche derramada, no. Hay que actuar. Estas prácticas impulsadas por Milei no son nuevas, el sistema postulado fue puesto en marcha en Chile durante la dictadura de Pinochet. Los resultados del experimento permiten cuestionar las supuestas ventajas de ese paradigma educativo. La reforma pinochetista intensificó una separación cultural en perjuicio de los sectores más empobrecidos. La ampliación de la brecha de calidad entre las escuelas privadas y las municipales fue una de las tantas consecuencias tangibles. Nosotros no podemos repetir el camino.

Es hora de que nos corramos de la educación vertical y sarmientista, donde se ve al niño como un recipiente que solo acumula información; la solución tampoco se encuentra en los libros de Adam Smith ni Friedrich Hayek; hay que fundar una Nueva Escuela, donde el docente vuelva a tener el rol central que merece, donde los estudiantes reciban los conocimientos que necesitan para desarrollarse, donde la forma de enseñar esté a la vanguardia, donde el sistema de evaluación sea una herramienta para mejorar, donde a pesar de todos los obstáculos que plantea la vida haya una esperanza de un mejor futuro.

Lograr esta Nueva Escuela que deseamos, y necesitamos, no será fácil pero el horizonte de una patria inclusiva, democrática, que permita a nuestros niños desarrollarse plenamente, debe motivarnos para continuar.

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