Más días de clases y nuevo estatuto docente, dos elementos clave para la educación de nuestros hijos

Para revertir los daños que dejó la pandemia necesitamos que los chicos y chicas estén más tiempo en la escuela

La Ciudad de Buenos Aires tendrá 192 días de clase el año que viene (NA)

La Ciudad de Buenos Aires tendrá 192 días de clase el año que viene. El gobierno porteño sumo 12 días más a los 180 obligatorios y es el único distrito que al día de hoy ya definió su ciclo escolar, que comenzará el 27 de febrero y finalizará el 22 de diciembre de 2023.

Pasar las jornadas docentes EMI a los sábados para que los alumnos no pierdan un día más de clases y recuperar así los aprendizajes perdidos durante la pandemia es más que atinado, ya que la solución siempre es con más y mejor educación.

Esta medida viene en sintonía con el trabajo que está haciendo y proponiendo el ministerio de educación porteño hace un tiempo. Hace cuatro meses atrás la Legislatura porteña aprobó la reforma del estatuto docente, el cual permite generar una nueva carrera docente tras 60 años de permanencia del mismo estatuto de maestros, logrando incentivos vinculados a la formación para obtener ascensos. La iniciativa crea nuevos cargos para una carrera “horizontal” en el aula y que los docentes no deban “salir del aula” para percibir un mejor salario; que se valore el mérito y la formación, y no únicamente la antigüedad a la hora de concursar cargos. Los maestros ya empezaron los cursos que les permitirán acceder a los ascensos, y desde el año que viene se crearán los primeros puestos.

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El nuevo estatuto del docente busca hacer un cambio histórico para ampliar las oportunidades de desarrollo profesional de los maestros, para premiar el ascenso por capacitación a través de nuevas opciones de carrera horizontal, mejorando la carrera docente y, de esta manera, la calidad de los aprendizajes. Así, los docentes de la Ciudad tendrán la posibilidad de ascender en su carrera sin tener que asumir cargos de conducción, y su decisión de seguir formándose y capacitándose para mejorar su trabajo en el aula tendrá un gran peso y, gracias a esta reforma, será reconocida salarialmente.

La pandemia lamentablemente aceleró la decadencia de nuestro querido país: desempleo, inflación desmesurada, falta de crecimiento y pobreza, solo por mencionar algunos. Esta decadencia social y económica está estrechamente relacionada con la caída y el gran déficit en la educación que vive nuestra sociedad. Desde hace más de 50 años que arrastramos problemas en materia educativa: los chicos abandonan la escuela tempranamente porque tienen que salir a trabajar. Aprenden poco y aprenden mal. Todas las pruebas de evaluación muestran que el 20% de los alumnos que terminan la primaria no tienen conocimientos básicos de matemática. En el nivel secundario el panorama es todavía peor.

En las sociedades más desarrolladas se busca el talento, incentivando y premiando el esfuerzo. Hoy parece ser que comienza a asomar un plan de recuperación de aprendizajes para mejorar el rendimiento de los alumnos y llegar a los valores pre pandemia. Para revertir los daños que dejó la pandemia necesitamos que los chicos y chicas estén más tiempo en la escuela.

La educación inclusiva y de calidad no solo ayuda a crear riqueza y combatir la pobreza, sino también a potenciar el crecimiento del país en un marco de igualdad. Nuestro objetivo debe ser generar una profunda reforma educativa que sea capaz de dar el primer paso hacia la búsqueda de la revolución del conocimiento. Para ello, debemos conseguir una educación pública de excelencia para todos ya que sólo solucionaremos el problema del subdesarrollo si centramos todos nuestros esfuerzos en la educación y desarrollando todos los aspectos de la ciencia y tecnología.

Como es sabido, la suerte de una nación depende de la educación de su gente, clave para generar riqueza y crear igualdad de oportunidades. Una mala educación solo garantiza pobreza y desigualdad. Un país rico, desarrollado y justo socialmente es aquel en el cual la educación pública es de excelencia y accesible a todos los ciudadanos. Es decir que la gente de un país, su capital humano, es el recurso que verdaderamente hace la diferencia, con lo cual es un recurso clave y primordial. La educación es el elemento esencial para producir ese capital humano que tanto necesitamos, y es, además, un gran igualador: la educación es la justicia social por excelencia.

Defender la educación es la prioridad, sumar días de clases y profesionalizar la carrera docente es un gran paso para mejorar la calidad educativa, a fin de garantizar nuevas oportunidades y un futuro mejor para nuestra sociedad.

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