El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 24 de febrero de 2026 en un promedio de $4.360,06, lo que representó una caída de 0,98 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,02%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.376,89 y un mínimo de $4.342,76, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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En cuanto a la rentabilidad de los últimos siete días, el euro marca un incremento 1,85%; pero en términos interanuales acumula aún un descenso del 8,04%.
Con respecto a días previos, invirtió el resultado de la jornada previa, cuando cerró con una bajada del 2,13%, mostrando que es incapaz de establecer una clara tendencia. La volatilidad referente a estos siete días fue superior a la acumulada en el último año, por lo que está presentando un comportamiento más inestable.
Análisis de mercado
El euro y el peso colombiano enfrentan un entorno internacional redefinido por un giro proteccionista en Estados Unidos que altera las cadenas de valor y reconfigura expectativas de crecimiento. La activación de un arancel global del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 con posibilidad de ampliación al 15% y evaluaciones adicionales bajo criterios de seguridad nacional introduce una distorsión relevante en el comercio transatlántico. Para el euro, el impacto no es solo comercial sino también cambiario, mayores barreras implican menor dinamismo exportador y presión sobre la balanza externa, en un momento donde la región ya mostraba señales de desaceleración sectorial.
En la Erozona, la respuesta institucional ha sido prudente. La pausa en la ratificación de acuerdos bilaterales por parte del Parlamento Europeo refleja una estrategia de evaluación frente a un entorno menos predecible. El sector automotor registró su primera contracción en ventas desde mediados de 2025, mientras el mercado inmobiliario evidencia menor demanda externa.
Estos factores limitan el impulso cíclico europeo y reducen el margen para que el Banco Central Europeo adopte un sesgo más restrictivo, especialmente si el shock comercial erosiona confianza empresarial. En consecuencia, el euro podría enfrentar episodios de volatilidad frente al dólar si el diferencial de crecimiento se amplía.
En paralelo, el Reino Unido atraviesa una fase de planificación compleja ante el nuevo esquema arancelario global. Sin embargo, la inflación moderada y un mercado laboral menos tensionado respaldan la postura acomodaticia del banco central británico, lo que indirectamente sostiene al euro en términos relativos dentro de Europa. La estabilidad nominal británica contrasta con la incertidumbre comercial, generando un equilibrio frágil pero contenido.
En Asia, China optó por preservar estabilidad financiera manteniendo sus tasas de referencia sin cambios, tras un crecimiento del 5% en 2025. El monitoreo del incremento arancelario estadounidense al 15% y la preparación de eventuales represalias añaden un componente geopolítico que puede influir en flujos hacia activos europeos. Japón, por su parte, enfrenta el desafío de un yen debilitado que encarece importaciones, mientras coordina con autoridades estadounidenses para evitar desalineamientos cambiarios abruptos. Este mosaico global sugiere que el euro dependerá no solo de fundamentos internos, sino de su capacidad para atraer capital como alternativa en un mundo más fragmentado comercialmente.
Bajo este contexto externo, el Peso colombiano enfrenta presiones adicionales derivadas de choques climáticos e inflación alimentaria. El encarecimiento significativo de productos básicos como la yuca y el café tensiona la canasta doméstica, aunque el fenómeno de La Niña no se formalice en el corto plazo. Paradójicamente, el sector cafetero sufre por la caída del precio interno ante una cosecha récord en Brasil, lo que reduce ingresos externos pese a volúmenes elevados. Este doble impacto, inflación interna y menores términos de intercambio, incrementa la vulnerabilidad cambiaria.
En el frente comercial, cerca del 68% de las exportaciones colombianas hacia Estados Unidos podrían mantener exenciones bajo la clasificación arancelaria vigente, lo que amortigua parcialmente el choque proteccionista. Además, el reemplazo de la propuesta de inversiones forzosas por un paquete de alivios financieros negociado con el sector bancario busca sostener liquidez y actividad productiva. No obstante, la capacidad del peso para apreciarse de forma sostenida dependerá de la credibilidad de estas medidas y de la estabilidad inflacionaria.