El euro retrocedió en Colombia y confirmó un escenario de inestabilidad global en la jornada del 6 de febrero

El movimiento del euro estuvo influido por factores externos y locales que mantienen al mercado cambiario sin una dirección clara

La sostenibilidad fiscal y la crisis arancelaria con Ecuador impactan la percepción internacional del peso colombiano y la estabilidad de los flujos comerciales regionales - crédito Dado Ruvic/REUTERS

El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 6 de febrero de 2026 en un promedio de $4.337,99, lo que representó una caída de 15,51 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,36%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.369,37 y un mínimo de $4.338,13 reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.

Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.

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El peso colombiano afronta un entorno desafiante por alta incertidumbre política y persistente inflación, con tasas de interés en 10,25% y un aumento del costo de endeudamiento - crédito Freepik

Teniendo en cuenta los últimos siete días, el euro marca un incremento 0,21%; por contra en el último año todavía mantiene una bajada del 10,11%.

Comparando este dato con el de días pasados, encadenó dos sesiones consecutivas en cifras positivas. En cuanto a la volatilidad de estos siete días fue superior a la acumulada en el último año, por lo tanto está presentando un comportamiento más inestable.

Análisis de mercado

El euro se mantiene como uno de los principales termómetros del actual reordenamiento económico global, en un contexto donde Europa enfrenta ajustes estructurales sin perder del todo su capacidad de resiliencia. La transición del sector automotor hacia la movilidad eléctrica, con costos estimados de hasta 26.000 millones de euros, introdujo presiones relevantes sobre uno de los motores históricos del crecimiento regional. Sin embargo, este impacto no ha sido homogéneo: sectores regulados, infraestructura y servicios básicos han mostrado un desempeño más estable, amortiguando el efecto sobre el PIB de la Eurozona. Para la moneda común, este equilibrio entre transformación productiva y estabilidad macro evita movimientos abruptos, aunque mantiene al euro sensible a cualquier señal de desaceleración más profunda.

Este escenario europeo contrasta con la narrativa dominante en Estados Unidos, donde el foco está puesto en la inversión tecnológica. Las proyecciones de gasto en inteligencia artificial, que alcanzarían los USD660.000 millones en 2026 tras crecer 60% anual, reflejan una apuesta agresiva por productividad y liderazgo tecnológico. No obstante, el mercado empieza a cuestionar la velocidad con la que estos desembolsos se traducirán en retornos sostenibles. A ello se suma la postergación de datos laborales clave debido a episodios de cierre gubernamental, un factor que añade ruido y limita la visibilidad de corto plazo, con implicaciones indirectas para los flujos hacia Europa y mercados emergentes.

La volatilidad semanal del euro superó la media anual, lo que indica un comportamiento más inestable y mayor sensibilidad a factores externos e internos - crédito Dado Ruvic/REUTERS

En Asia, la lectura es más ambigua. China muestra señales de distensión en su relación con EE. UU., lo que reduce riesgos geopolíticos inmediatos, pero su demanda interna sigue dando señales de fatiga. La desaceleración de las ventas de vehículos y el encarecimiento de materias primas han llevado al banco central a manejar con cautela la paridad cambiaria para contener la volatilidad externa. Japón, por su parte, ha optado por una expansión fiscal significativa para aliviar el costo de vida, aunque el retroceso del consumo de los hogares confirma que la recuperación sigue siendo frágil pese a indicadores líderes más optimistas.

En América Latina, el peso colombiano se mueve en un entorno particularmente desafiante, donde los factores locales pesan tanto como el contexto internacional. El aumento histórico del índice de incertidumbre política y económica (Ipec) refleja un deterioro en la confianza que condiciona las decisiones de inversión y financiamiento.

A esto se suma un panorama inflacionario aún complejo, el dato de precios de enero, con una variación interanual estimada en 5,45%, refuerza la idea de que las presiones no han cedido lo suficiente. El Banco de la República ya ha advertido que el incremento acumulado de tasas hasta 10,25% podría resultar insuficiente si las expectativas no se ajustan, elevando además el costo del endeudamiento público en cerca de 200 puntos básicos.

Pese a que el euro registró un incremento del 0,21% en la última semana, acumula una baja anual del 10,11% frente al peso colombiano - crédito Antonio Bronic/REUTERS

Desde el frente fiscal, la presentación preliminar del plan de Fuentes y Usos para 2026 introduce un nuevo foco de atención. La necesidad de aprobación por parte del Confis y el margen limitado para maniobrar en un entorno de tasas altas añaden cautela sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas, un elemento clave para la percepción del peso frente a otras monedas de la región. En paralelo, la búsqueda de soluciones a la crisis arancelaria con Ecuador revela la importancia de preservar flujos comerciales en un momento de alta sensibilidad cambiaria.

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